
Haitam Mejri murió el pasado 7 de diciembre en un salón de Torremolinos (Málaga) cuando cinco policías intentaron dominarlo y esposarlo con pistolas eléctricas. Un mes antes, en El Casar de Escalona (Toledo), un presunto narcotraficante murió en un tiroteo con agentes del Grupo de Operaciones Especiales (GEO) que intentaban detenerle. El 19 de julio, Michele Noschese, un productor musical italiano más conocido como DJ GodziMurió en Ibiza tras ser reprimido por la Guardia Civil tras atacar la casa de un vecino y amenazarle con un cuchillo. Ese mismo mes, la policía mató a tiros a un hombre que disparaba indiscriminadamente a los peatones por los que pasaba en un barrio de Linares, Jaén.
Se trata de cuatro de los 22 fallecidos el año pasado como consecuencia de “acciones o intervenciones policiales”, como detalló el Ministerio del Interior en una respuesta parlamentaria al diputado de EH-Bildu Jon Iñarritu, a la que tuvo acceso EL PAÍS. Esta cifra de muertos es, con diferencia, la más alta registrada en operaciones de las fuerzas de seguridad en los últimos seis años. En 2024 había sólo la mitad de esa cifra, es decir, 11; en 2023 y 2022 fueron 15 cada uno (este segundo año no tiene en cuenta los 23 inmigrantes que murieron intentando cruzar la valla fronteriza hacia Melilla); mientras que fueron seis en 2021 y siete en 2020, año de las restricciones de movilidad por la pandemia.
En total, el Ministerio del Interior reconoce 77 muertes en estos seis años. De ellos, 43 ocurrieron durante operativos de la Policía Nacional y los 34 restantes durante operativos del instituto armado. Las estadísticas no tienen en cuenta las muertes producidas durante las operaciones de la Ertzaintza, los Mossos d’Esquadra y las policías locales. En todos los casos en que se produjeron muertes durante operaciones policiales, las fuerzas de seguridad prepararon un informe policial que presentaron a los tribunales. La respuesta del Parlamento no detalla el estado actual de esta investigación judicial, aunque el parlamentario solicitó esta información.
Las estadísticas reflejan que una de estas muertes fue catalogada como suicidio -ocurrió el 11 de febrero en una casa de Alcorcón (Madrid)- y nueve como «muertes naturales», incluida la de Mejri, después de que un juez acordara archivar temporalmente el caso una vez finalizada la autopsia. Las muertes del narco de El Casar de Escalona, del francotirador de Linares y del productor musical de Ibiza se han agrupado en un concepto amplio, el de “muertes accidentales”, que abarca desde tiroteos como el primero hasta persecuciones policiales. A este concepto se han atribuido una docena de muertes, incluida la ocurrida el 25 de septiembre en Alfacar (Granada), cuando la Guardia Civil persiguió por la noche a una persona que presuntamente acababa de asaltar una gasolinera y cayó por un terraplén de ocho metros de altura mientras escapaba a pie por el campo.
El lugar más común donde ocurrieron estos hechos el año pasado fue la vía pública con diez muertes, seguido de las residencias con cuatro muertes. Uno también se produjo en un control policial (la muerte de Alfacar), dos en instalaciones públicas (entre ellas Mejri), otras dos en hospitales y tres en “aguas territoriales”. Todos estos últimos se produjeron en las costas de la provincia de Cádiz cuando patrulleras de la Guardia Civil intentaron interceptar pateras narco. De hecho, las persecuciones marítimas por parte de agentes de narcotraficantes, consideradas extremadamente peligrosas, han provocado numerosas muertes en los últimos años, como reflejan las propias estadísticas del Ministerio del Interior. Según la respuesta del Parlamento, desde 2020 se han producido una docena de estos incidentes, que han provocado un total de 11 muertes. En un incidente similar, en febrero de 2024, dos guardias civiles murieron tras ser impactado en el puerto de Barbate (Cádiz) la patera en la que viajaban en un narco-barco.
Ana María Alarcón, portavoz del Sindicato Unificado de Policía (SUP), explica que el aumento del número de muertes “no se puede analizar de forma aislada ni de forma simplista, ya que detrás de estas cifras se esconden intervenciones muy complejas, muchas de ellas con un alto nivel de violencia, personas armadas o personas en estados extremadamente alterados, a veces bajo los efectos de sustancias”. En este sentido, Alarcón destaca que en los últimos años “ha aumentado la peligrosidad de determinados actos y violencia hacia los agentes, obligándoles a tomar decisiones en cuestión de segundos para proteger su vida o la de otros”.
En la misma línea se pronuncia Olaya Salardón, portavoz de la Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC, mayoritaria en el instituto armado), rechazando una lectura de este aumento del número de fallecidos «que sitúa la responsabilidad en el criterio del actor. Los Guardias Civiles actúan en una fracción de segundo con los medios que el Estado pone a su alcance, ante una delincuencia cuya violencia no deja de crecer». En este sentido, Salardón critica la falta de un mayor número de armas eléctricas en el Instituto Armado -según otra respuesta parlamentaria reciente, el Instituto Armado dispone de 390 frente a las 3.000 de la Policía Nacional-, lo que, a su juicio, es una herramienta a medio camino entre el uso de la fuerza física y el arma reglamentaria, que, a su juicio, podría evitar algunas de estas muertes.
Y 101 murieron bajo custodia policial.
La respuesta parlamentaria del Ministerio del Interior también incluye una segunda estadística relativa al número de muertes «en comisarías o bajo custodia policial» entre 2020 y 2025. En ella, el departamento de Fernando Grande-Marlaska afirma que en estos seis años se han producido 101 muertes en estas circunstancias, de las cuales cuatro se han catalogado como «muertes accidentales», diez como suicidios y las 87 restantes como «muertes naturales». Durante años, el peor fue 2020 con 25 casos, seguido de 2021 con 21 y el año pasado con 19. En 2024 fueron 15 y en 2023 el menor número se registró con 11. Del total, 87 se produjeron mientras los fallecidos estaban al cuidado de la Policía Nacional y 14 al cuidado de la Guardia Civil.
