Mariano Rajoy y María Dolores de Cospedal, expresidente y exsecretaria general del PP, respectivamente, concedieron este jueves amparo a Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior de 2011 a 2016 y principal imputado en el juicio contra el PP maleta de cocina. Durante sus interrogatorios como testigos, los ex números uno y dos del partido defendieron a sus compañeros identificados por el juez de instrucción Manuel García-Castellón la x los planes de espionaje planificados en 2013 contra el extesorero del Pueblo Luis Bárcenas sin control judicial. «Da la impresión de que no queremos ser conscientes de la función de un ministro, que es no tener confidentes ni saber de operaciones. Eso no tiene sentido. Es absurdo», espetó Rajoy. “[A Jorge] Siempre lo he considerado una persona íntegra y sincera”, añadió Cospedal.
Corresponderá al tribunal evaluar el impacto de sus declaraciones en el caso, pero el significado político de sus palabras es innegable. Mariano Rajoy ya metió la mano en el fuego por Fernández Díaz en 2021 cuando defendió su inocencia ante una comisión investigadora del Congreso. Pero este jueves dio un paso más. Negó que hubiera «una operación política» en su interior y, en línea con la defensa, aseguró que sólo se llevó a cabo una «operación policial» y que fue «totalmente legal» ya que su objetivo era «quitarle el dinero a Bárcenas y saber quiénes eran sus testaferros». «Pero esto es una operación policial, y ni el ministro, ni el ministro de Asuntos Exteriores ni el presidente del distrito participan en las operaciones policiales», añadió el expresidente del PP.
Sin embargo, la tesis de las acusaciones es diametralmente opuesta. La Fiscalía, que pide 15 años de prisión para el exministro, alega que «una operación ilegal de inteligencia policial fue planificada por la dirección del Ministerio del Interior -encabezada por los imputados Jorge Fernández Díaz en su calidad de ministro, Francisco Martínez, secretario de Estado de Seguridad, y Eugenio Pino, subdirector Operativo (DAO) de la Policía Nacional- (sin excluir la intervención de otras personas) con el objetivo de conseguir lo siguiente». tanto información como pruebas materiales que podrían incriminar al PP y a sus máximos dirigentes Estuche para cinturón; y que se encuentren en poder de Bárcenas”.

Para esta acción, de la que nunca fueron informados la unidad policial y el juez de la Audiencia Nacional que investiga el patrimonio de Bárcenas, la trama reclutó como hombre de confianza al ex chofer del tesorero, Sergio Ríos, pagado con fondos de los fondos reservados. Pero Rajoy, que fue ministro del Interior durante casi dos años, calificó de “tontería” que Fernández Díaz o Martínez supieran algo al respecto. Según repitió, un ministro y un ministro de Asuntos Exteriores no sabían ni del “fichaje de un confidente” ni de un operativo policial: “Es absurdo”.
La declaración de la exsecretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, incluía también la idea de que una operación contra Bárcenas sería legal si existiera. No se ha expresado tan claramente como el expresidente en su “convicción” de que cuando la policía detuvo a un asociado y espió al entorno del extesorero, lo hizo para aclarar el paradero de su dinero. Pero su misión es expresar sus dudas sobre la ilegalidad de las sentencias del tribunal.
No faltó el capote de Cospedal a la exministra en el plano personal. Explicó que su relación con Fernández Díaz era “naturalmente amistosa”; y fluidez “dentro de un orden” porque ambos eran “personas muy ocupadas”. El exministro de Defensa definió al principal imputado como una persona “íntegra e íntegra”: “Y sufrió mucho, me permito añadir”. Con Francisco Martínez quiso marcar un poco más de distancia. Tuvieron «muy poca» comunicación: «Una vez en mi despacho. Me pidió una reunión y la tuvimos. Y nunca más», afirmó sobre el excanciller, que también se enfrenta a una petición de la fiscalía de 15 años de prisión.

Ella y Rajoy parecían estar de acuerdo en muchos puntos. En este sentido, no podía haber documentos que les preocuparan (“Estaba absolutamente seguro de que no tenían documentación comprometedora, ni para el PP ni para mí”, dijo Cospedal) y por tanto no tenía sentido lanzar una operación contra Bárcenas, porque no tenían nada de qué preocuparse. Si alguna vez hablaron de cinturones fue porque no era un tema fácil para el partido, pero sólo para hacer un comentario. Y también que la relación con el ex tesorero se rompió en el momento en que se descubrió que tenía una cuenta millonaria en Suiza.
– ¿Recuerda que el presidente le informó que le quitaron todo a Bárcenas? – le preguntó el abogado del PSOE.
“No, para nada”, declinó María Dolores de Cospedal.
– En concreto: “Habían limpiado”, enfatizó el abogado.
– No, eso nunca había sucedido antes.
En un audio publicado por la emisora RAC1, que contiene una supuesta conversación entre el exsecretario general del PP y el comisario José Manuel Villarejo, Cospedal le dice al policía: «Sé que se habían conocido antes y más o menos absolvieron a este hombre». [Bárcenas] todo lo que tenía. “El presidente me lo dijo”.
El tercer testigo que acudió este jueves al tribunal, esta vez vía videollamada, fue el ministro que reemplazó a Fernández Díaz como ministro del Interior: Juan Ignacio Zoido. Zoido tampoco quiso echar más leña al fuego ni señalar a la anterior dirección policial. Cuando se le preguntó por qué despidió a todo el equipo, respondió: «Después de muchos años en política, he comprendido que es práctico tener un equipo que se mantenga unido». Cuando eliminó a todo el equipo anterior y despidió a Martínez no fue por desconfianza, sino porque quería poner ahí a los suyos. Pedro Agudo, que fue jefe de gabinete de Ignacio Cosidó durante su etapa como director general de la policía, ya había tenido este miércoles buenas palabras para el excanciller: «Creo que es una buena persona».

Zoido agregó que había aclarado algunas cosas con Fernández Díaz como parte de un “efectivo y normal traspaso de poder”. Nadie le habló de nada relacionado con la cocina. Como ministro del Interior y a partir de 2016, sólo sabía que Villarejo estaba siendo investigado, pero no dio más detalles al respecto: «Como juez tengo que dar el ejemplo y no podía exigir. Soy juez y no me hubiera gustado que a alguien le pidieran que rompiera la obligación de confidencialidad con la autoridad judicial».
