Casi 15 años después del fin del terrorismo, todavía hay seis personas desaparecidas por este motivo en España, dos más que en Irlanda del Norte, aunque la violencia política por parte del IRA y los sindicalistas fue mucho mayor. Mientras que en Irlanda del Norte desaparecieron 16 personas cuando se firmó el Acuerdo del Viernes Santo en 1998, cifra que se redujo a cuatro, en España la cifra se mantiene en seis. Una exposición en el Memorial a las Víctimas del Terrorismo de Vitoria recuerda a las seis personas desaparecidas a causa del terrorismo: José Humberto Fouz, Jorge Juan García y Fernando Quiroga, jóvenes gallegos que vivieron en Irún (Gipuzkoa) y desaparecieron en San Juan de Luz (Francia) en 1973; Eduardo Moreno Bergaretxe, Perturdesaparecido en el País Vasco francés en 1976; Francisco Javier Etxeberría, Naparratambién en el País Vasco francés, en 1980 y Publio Cordón, en Zaragoza en 1995.
La exposición se titula Las ausencias existen. Desaparecido por terrorismo en España. Su comisaria, Marta Rodríguez Fouz, profesora de la Universidad Pública de Navarra y sobrina de José Humberto Fouz, destaca que todos los casos comparten «el dolor constante que supone para sus familiares incluir su desaparición en la operación terrorista; la denuncia de la indiferencia de la policía y la justicia al limitar las posibilidades de localizar sus restos y, a pesar del paso del tiempo, la voluntad de sus familiares de encontrarlos y conocer la verdad».

El caso más lejano y desconocido es el de los jóvenes Fouz, García y Quiroga, desaparecidos el 24 de marzo de 1973 en San Juan de Luz (País Vasco francés). «Trabajaban y vivían en Irún, iban al cine en San Juan de Luz y no se sabía nada más. Sus familias pensaron que había sido un accidente. El juzgado de Irún abrió una causa. Unos panfletos dieron el primer indicio de que miembros de ETA los confundieron con policías. Sus familias lo confirmaron en diciembre.» 1973 en un informe de abecedario Detallaba su secuestro, tortura y asesinato, así como los perpetradores. Su fuente fue la Comisaría General de Información. Lo publicó tras el atentado de ETA contra el presidente del gobierno de Franco, Carrero Blanco”, recuerda Coral Rodríguez, sobrina de Fouz y exsenadora socialista.
En enero de 1974, sus familiares presentaron una denuncia penal ante los juzgados de San Sebastián. El 18 de octubre de 1975 rechazó la solicitud. «No hubo investigación policial ni judicial. Francia no cooperó. España tampoco. Se concluyó que no había pistas ni competencia. Pero en 1976 el gobierno los reconoció como víctimas del terrorismo de ETA», explica Rodríguez.
En enero de 1998, Coral Rodríguez, ya como senadora, llevó el caso al debate político en la Cámara Alta y posteriormente en el Parlamento Vasco. “Las familias se enteraron entonces de la existencia del sumario concluido en 1975”, subraya. En 2005, con el apoyo del Comisario para las Víctimas del Terrorismo, Gregorio Peces-Barba, el juez Andreu reabrió el caso y lo cerró en 2006 sin más investigaciones. “Nos enteramos en 2018 porque pregunté a la Audiencia Nacional”, recuerda el exsenador.

Recientemente pidió a Sortu -sucesor de Batasuna tras rechazar el terrorismo- que si alguien lo supiera le darían pistas para localizarlos. «ETA, cuando se disolvió en 2018, reconoció casos no reivindicados como la masacre de la calle Correo en 1974, pero esto permaneció oculto para ella. Sus autores eran miembros de ETA. Su desaparición al final de la dictadura fue un obstáculo para la búsqueda de sus restos y el conocimiento de la verdad. Las familias seguirán luchando por ello», asegura.
Raúl López Romo, del Memorial de las Víctimas, señala que un rasgo clave de este caso es el relevo generacional en la recuperación de sus restos, como ocurre con las víctimas de la guerra civil. Y con Publio Cordón, un empresario zaragozano que fue secuestrado por los Grapo el 27 de junio de 1995 y desaparecido. Su hija Carmen tomó el relevo de su madre Pilar Muro en la búsqueda de sus restos.
Según López Romo, el pasado verano miembros de la Guardia Civil y de la policía francesa, junto con el exjefe del comando que secuestró a Cordón, Antonio Ramón Tejeiro, registraron el monte Ventoux en la Provenza francesa para recuperar sus restos. La búsqueda no tuvo éxito. Según sus captores, fue enterrado allí después de morir intentando escapar y caer por la ventana de la casa donde lo retenían en Lyon, también en Francia.
Hace dos meses, agentes de Protección Civil y policías franceses también regresaron a la casa para registrar el jardín y el sótano en busca de nuevas pistas, añade López Romo. Habían confirmado años antes que Cordón vivió sólo 15 días, pues unas marcas en el sótano del armario demostraban que ya había fallecido cuando su familia pagó el rescate a los Grapo el 17 de agosto de 1996. Su familia tuvo que esperar hasta 2012 para que fuera reconocido legalmente como fallecido.
La desaparición de Francisco Javier Etxeberria se remonta al 11 de junio de 1980. NaparraCombatientes de los Comandos Autónomos Anticapitalistas (CCA). A diferencia de casos anteriores, la organización que provocó su desaparición sigue sin estar clara. Según excombatientes del CCA, se reunió con miembros de la ETA militar en San Juan de Luz para discutir la compra de armas a un narco, y atribuyeron su desaparición a desacuerdos entre ambas organizaciones. A cambio, el grupo parapolicial Batallón Vasco Español (BVE) se hizo cargo de él y aportó pistas para encontrar sus restos. No tuvieron éxito.
El tribunal de Bayona abrió el caso seis días después de su desaparición y lo cerró en 1982 por considerarlo un “acuerdo”. «Como en los otros casos, hubo apatía en las investigaciones policiales y judiciales en Francia y España, que se vio exacerbada por la militancia de Etxeberria. Su familia también fue el motor en la búsqueda de sus restos y el descubrimiento de la verdad. Él cree que fue un crimen de Estado», afirma el comisario de la exposición.
Una vez archivado el caso, la familia presentó una denuncia ante la Audiencia Nacional en 1999, que fue archivada en 2004. En 2016, el caso se reabrió después de que un exagente del Cesid informara que fue enterrado cerca de Mont de Marsan, Francia. La Audiencia Nacional amplió una comisión de asistencia jurídica a Francia, lo que dio lugar a una búsqueda inconclusa. El caso Naparra ha llegado a un grupo de trabajo de la ONU.
La desaparición de Eduardo Moreno Bergaretxe, PerturEs más conocido por su proyección política –fue líder de ETA-pm y defendió la vía política contra el militarismo– y la actual polémica en torno a su autoría. Desapareció el 23 de julio de 1976. Dentro de tres meses estará en el foco mediático con motivo de su 50 cumpleaños.
Su desaparición fue atribuida inicialmente al Batallón Vasco Español (BVE) parapolicial, que reivindicó su responsabilidad. Pero en 1978 su familia presentó cargos contra él. bereziak (ETA-pm Militaristas) y afirmaba que había sido secuestrado durante unas horas unos días antes de su desaparición, así como cartas de Pertur denunciando el clima policial creado por los militaristas. En su declaración en la exposición, su pareja Lourdes Auzmendi y sus hermanas Alicia e Inés les atribuyeron la desaparición.
El único informe de la policía francesa sobre Pertur es de agosto de 1977, procede de la comisaría de Burdeos y es poco conocido. Tras interrogar a familiares y compañeros de Pertur, llega a la conclusión de que su secuestro sólo pudo haber ocurrido con la complicidad de uno de sus familiares. Posteriormente, en 2008, el juez Andreu de la Audiencia Nacional reabrió el caso cuando había indicios de que neofascistas italianos podrían haberlo secuestrado. Andreu cuestionó a siete expolimilistres neofascistas, tres policías y un periodista. Concluyó que no había pruebas suficientes para acusar a nadie. Presentó el caso en 2012, sin perjuicio de un nuevo juicio si surgen nuevas pruebas. La familia y los amigos de Pertur siguen luchando por encontrar sus restos.
