
Es una buena noticia que la candidata socialista a las elecciones autonómicas de Andalucía centre su discurso en la defensa de los servicios públicos y no en el primer anuncio de una “ley de la lengua andaluza”. Para quienes nacimos y vivimos en este país, resulta difícil concluir que el dialecto andaluz está por algún motivo amenazado y necesita mayor protección que la que persistentemente le brindan las instituciones autonómicas, provinciales y municipales y que cuenta con el apoyo incansable de Canal Sur. Desde la restauración de la democracia, han sido numerosas las personalidades, con Felipe González a la cabeza, que cultivaron dignamente su acento hasta convertirlo en normal; Y lo hicieron sin falsedades, combatiendo los clichés y los complejos de forma natural, sin el branding forzado que tanto se hace notar en la radio y la televisión autonómicas. Atrás quedó la identificación caricaturizada de las características andaluzas con la incultura y la exclusión, como se ve en las antiguas traducciones de las novelas de Carson McCullers o los cuentos de Flannery O’Connor, en los que los negros del sur de Estados Unidos hablaban como si vinieran de la costa de Huelva o de la Sevilla rural.
Apenas queda rastro de partidos nacionalistas en Andalucía, ya que todas las fuerzas políticas, independientemente de su ideología, han adoptado el andalusismo de una forma u otra. Sin embargo, este orgullo por lo local no siempre ha sido capaz de distinguir entre cultura popular y folklore populista. Porque si el primero es valioso, el otro obedece al oportunismo. En una región donde la separación entre Iglesia y Estado está más que diluida, como lo confirma el hecho de que sigue siendo el segundo municipio con más estudiantes de religión en un declive nacional, no hay Semana Santa, peregrinación de borrachos o fiesta religiosa en la que los alcaldes o funcionarios no aparezcan con la medalla de la Virgen al cuello, presidan una procesión con un bastón en la mano o realicen ceremonias junto al clero y, a menudo, representantes de la policía. y militar. Esta imagen generalizada es particularmente impactante cuando estos políticos pertenecen a partidos de izquierda que supuestamente representan o deberían defender un enfoque secular de la actividad pública.
Y ese es quizás el tema que podría luchar la candidata socialista, en lugar de centrar el debate en la lengua andaluza y criticarse por lo mucho que ha aportado y sigue aportando su partido, ya sea en la junta, en las diputaciones o en los ayuntamientos, a consolidar el estereotipo de una España que, aquí más que en ningún otro lugar, sigue tan interesada en Frascuelo y María. Mientras el presidente Moreno Bonilla, inmediatamente después de su activa participación en la Semana Santa malagueña, asistía a la inauguración de la temporada taurina en la plaza de la Maestranza de Sevilla (donde, por cierto, también se celebraba al Rey Emérito), unos metros más arriba, en el mismo Paseo de Colón de Sevilla, la orquesta sinfónica de la ciudad seguía luchando por mantener su programación, a pesar de una financiación insuficiente y de un público al que casi nadie prestaba demasiada atención.
Pero hay una segunda razón por la que María Jesús Montero tiene razón al defender los asuntos públicos más importantes, y es que detrás de la gentil amabilidad y las buenas maneras que caracterizan a Juanma Moreno, como prefiere que lo llamen, y que son de agradecer dadas las circunstancias, se esconde una gestión que responde estrictamente al criterio de la eficiencia privada. El escándalo del cribado del cáncer de mama alcanza tales proporciones no sólo por el daño irreparable que causa a los afectados, sino también porque expone perfectamente el impacto de entender la salud pública en términos económicos: las consecuencias de los recortes y su cada vez menos oculta “externalización”. Es urgente revertir este proceso aparentemente imparable, pero para denunciarlo de manera creíble también es necesario criticar los primeros pasos dados en esta dirección por el último gobierno de Susana Díaz y recordar cuál fue el precio.
Asimismo, la crítica de María Jesús Montero a la apuesta de Moreno Bonilla por la enseñanza privada, como pone de manifiesto la creación de una Dirección General de Educación Concertada, el cierre de colegios públicos por la caída de la natalidad o el aumento de las universidades y de los ciclos privados de formación profesional, es acertada porque deja patente la actitud que siempre ha tenido el PP en esta materia: detrás de la cordialidad más o menos auténtica hay medidas políticas que, por mucho que intenten camuflarse, en el plano político se basan en principios ideológicos. locales. Andalucía es una región a la que le gusta hacer alarde de su tradición. Sin embargo, hay muchas tradiciones. Y uno quisiera que su país recordara más a menudo lo mejor de su pasado: su humildad trabajadora, sus Cortes de Cádiz y Antonio Machado; y que buscó una ilustración moderna que se basa más en el silencio de los carriles bici que en el ruido de la charanga y la pandereta.
