La alianza incondicional con el presidente estadounidense Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu está provocando crecientes tensiones en Vox. El lunes pasado, cuando el secretario general de la formación, Ignacio Garriga, evitó defender al Papa León, calificó de “incomprensibles” las palabras del presidente estadounidense que descalificó al primer ministro italiano por no darle suficiente apoyo en su guerra contra Irán. “Pensé que tenía coraje, pero me equivoqué”, dijo el martes el inquilino de la Casa Blanca sobre alguien que fue uno de sus principales aliados en Europa. “Meloni, nuestra aliada y amiga, es una de las políticas más valientes del mundo y lo ha demostrado”, respondió Millán. «Las naciones», añadió, «tienen derecho a defender su soberanía; es el deber de todos los presidentes de cualquier gobierno occidental que se precie». Si bien no defendió al Papa con tanta fuerza, añadió que su misión y la de la Iglesia «no es someterse a ningún político, ni los políticos tienen que controlarlos».
El líder de Vox, Santiago Abascal, guarda silencio por ahora, pero fuentes de Vox no ocultan su malestar, porque aunque abandonó en 2024 el grupo de Conservadores y Reformistas Europeos (ECR) liderado por Meloni, intentó mantener su amistad con el primer ministro italiano, de la que presume. El pasado 3 de enero, el jefe de Vox recibió en casa de su familia a Meloni, que vino a Madrid en visita privada.
El enfrentamiento entre Trump y Meloni llega también en el peor momento para Vox, que acaba de ver perder el poder a su principal aliado internacional, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, en las elecciones del pasado domingo tras 16 años en el cargo. Con Orbán, Abascal también ha perdido a un importante mentor que le apoyó económicamente para afrontar los recientes acontecimientos electorales.
La negativa de Meloni a apoyar la campaña de Estados Unidos e Israel contra Irán, al igual que lo hizo el gobierno de Pedro Sánchez al negarle el uso de las bases de Rota y Morón, también ha revelado el alineamiento de Vox con el eje Washington-Tel Aviv en una guerra a la que la opinión pública española se opone abrumadoramente. El apoyo incondicional a Netanyahu genera malestar entre las bases de Vox y ha sido denunciado por algunos de sus exlíderes, como la exdiputada y concejal de Madrid Carla Toscano o el exvicepresidente de Castilla y León Juan García-Gallardo, que han sugerido que detrás de esta postura podría haber intereses económicos. El silencio ante las amenazas de Netanyahu a España o los ataques del ejército israelí a los casos Azules Españoles en el sur del Líbano, incluida la detención ilegal de uno de los militares, han llevado al extremo las contradicciones de un partido que se define como patriótico, ha glorificado a las fuerzas armadas y ha llenado sus listas de generales retirados.
Para Vox es importante mantener una buena relación con Meloni, y no sólo porque sea la política de extrema derecha más poderosa de Europa. También por la necesidad de neutralizar cualquier intento de crear un nuevo partido en España que ocupara el espacio que representan los Hermanos de Italia en su país: entre Forza Italia (socio del PP) y la Lega (socio de Vox).
El grupo ECR liderado por Meloni ha acogido en su círculo a los dos eurodiputados de Se Acabó la Fiesta (SALF), que rompieron con Alvise Pérez pero no tienen socio en España antes de las elecciones europeas de 2029. La purga interna en Vox ha dejado políticamente huérfanos a un puñado de ex dirigentes del partido -desde Iván Espinosa de los Monteros a Javier Ortega Smith y muchos otros- que podrían refugiarse bajo el paraguas de Meloni y representar una oferta política en España ultraconservadora en términos morales y ultraliberal en términos económicos, pero atlántica y europea, dos principios que creen que Vox ha ignorado.

Este jueves se ha conocido precisamente que el Comité Ejecutivo Nacional de Vox (CEN) ha rechazado los recursos del propio Ortega Smith y de sus compañeros en el Ayuntamiento de Madrid, Carla Toscano e Ignacio Ansaldo -que tiene el carné número 1 de la formación Ultra, que inscribió en el registro del Ministerio del Interior en 2013- contra su expulsión del partido.
Una vez concluido el proceso disciplinario, la única opción para los rebeldes es acudir a los tribunales, como ya anunció Ortega Smith. Según las fuentes consultadas, los tres concejales pasarán a ser no adscritos y Vox sólo contará con dos concejales en el ayuntamiento de la capital. Ortga, que también tiene un escaño en el Congreso, podría pasar a la bancada mixta, aunque aún no ha aclarado su futuro.
