
Aunque esta Comisión de Cortes Valencianas no se reúne desde hace más de cinco años, sobre el papel sigue activa. Su trabajo no es hacer nuevas leyes. Digamos que se trata de un asunto interno: la revisión del reglamento que regula el funcionamiento del parlamento regional. Y como el reglamento actual pretende ser útil, la Comisión no tiene ninguna función y, por tanto, podría parecer completamente innecesaria, pero sigue formalmente constituida allí porque cumple una función alternativa. Los partidos designan a su portavoz para participar y esta elección, que no aumenta la carga de trabajo del diputado en cuestión, se recompensa con un complemento salarial mensual. Cuesta 634 euros, tal y como nos contó Ferran Bono. ¿Qué deberían pensar los diputados que reciben a tiempo este sueldo extra porque merece la pena? Ahora el grupo del Partido Popular ha elegido a su nuevo portavoz en esta Comisión, que se corresponde perfectamente con esa idea cliché del chiringuito que tanto socava el respeto a la mecánica de las instituciones. Sí, sin pudor, el elegido es Carlos Mazón. ¿Qué deberías pensar?
La cronología de los acontecimientos lo atormenta más que a ningún otro, como una pesadilla de la que no se puede escapar. “Las cosas en Utiel se están complicando cada vez más”, escribió su ministro de Justicia e Interior por WhatsApp en el fatídico almuerzo para Mazón. Ya has dejado de responder a este mensaje. No era la primera persona preocupada que le enviaba Salomé Pradas. Tampoco es la primera llamada que lo rechaza. Por las capturas sabemos también que a la una de la tarde, Mazón tenía información en su móvil sobre los rescates con helicópteros ya realizados o el riesgo de desbordamiento del Desfiladero del Poyo y otras infraestructuras críticas. “Cojonudo”, había dicho al recibir el reporte vía mensaje. Al cabo de unos minutos, el asesor transmitió este mensaje sobre la situación de Utiel a José Manuel Cuenca, jefe de gabinete de Mazón. La conversación con él comenzó a la una y media. presidente Debía ir vía Cuenca porque, según ella, le había pedido que no se comunicara directamente con Mazón unos minutos antes y en una llamada anterior. Aunque las imágenes de las inundaciones descontroladas ya circulaban en las redes, no debería molestarle.
Cuanto más sabemos de lo que pasó en las horas críticas del 29 de octubre del año pasado, y ya sabemos mucho, más despreciable se vuelve el comportamiento de Carlos Mazón ese día. Pero no sólo entonces. Y no es sólo una discapacidad. Es peor. Porque ha sido así desde aquel día hasta hoy. Y esta segunda parte de la historia, cuando ya era un presidente cadáver o un representante zombi, puede haber sido aún más desastrosa para la confianza de los ciudadanos en la política democrática. Durante todo el año que siguió a la devastación, como si creyera que la verdad de lo que hizo y lo que no hizo nunca saldría a la luz, Mazón ganó tiempo para asegurarse privilegios materiales al tiempo que transfirió responsabilidades para no reconocer su abandono de deberes, y mintió y mintió y mintió. Y cuando esta estrategia no funcionó y dimitió, decidió -tolerado por su partido- mantener su condición de diputado para poder ser elegido y asegurarse un buen salario: el sueldo fijo más esta comisión, más lo que le viene de la dedicación completa, los gastos de representación y las dietas de residencia a más de 100 kilómetros de Valencia. ¿De verdad cree usted que podrá seguir realizando sus actividades políticas con normalidad mientras conocemos pruebas de su irresponsabilidad? Es insoportable.
