El último pleno del Congreso de esta legislatura dio la máxima expresión posible a las virtudes políticas de la geometría variable en este período legislativo. Así, en uno de los peores momentos políticos de su mandato, el Gobierno logró el apoyo a cinco importantes proyectos, dos leyes muy sociales -una de las cuales ya está en vigor, la otra empieza a tramitarse- y tres decretos con medidas económicas que beneficiarán a millones de funcionarios, a los afectados por el volcán de La Palma y a miles de ayuntamientos de todo el país. No hubo un apoyo unificado del bloque de investidura. La junta de coalición salió de la última sesión parlamentaria de 2025 alardeando de una ley de atención al cliente acordada con Junts y otros socios que ya estaba lista para su publicación en el BOE; con luz verde de la Cámara para hacer una reforma integral de la dependencia, sin el partido de Carles Puigdemont, pero con los aliados habituales y la abstención de PP y Vox; y con una nueva derrota de los objetivos de déficit, un paso previo al proyecto de presupuestos para 2026, sin Junts y sin Podemos.
En el último momento, el partido de Puigdemont sorprendió desagradablemente al Ministerio de Derechos Sociales, que preside Pablo Bustinduy, con uno de los dos proyectos sometidos a votación. Aunque Junts se unió a la base parlamentaria del Gobierno para rechazar la mayoría de las enmiendas a la nueva ley de atención al cliente introducidas en el Senado controlado por el PP, sus siete diputados se unieron a los partidos populares y a Vox para salvar a uno de ellos. Con ello consiguieron derogar una disposición que pretendía introducir criterios más estrictos para la publicidad de los juegos de azar en línea y, por tanto, desaparece de la ley.
“No está tan mal”, afirmó aliviada la dirección del grupo socialista resumiendo los resultados de la jornada, que se presentaron como una especie de radiografía de la situación política del país, en el que el PSOE se ve gravemente afectado por diversos escándalos judiciales. “Obtuvimos el 91% de los votos”, alardeó en redes sociales el ministro de Presidencia y Justicia, Félix Bolaños. El curso finalizará así con medio centenar de proyectos aprobados en lo que va de mandato, en un esquema cada vez más difícil a la hora de formar mayorías después de que Junts le quitara el control recientemente. La principal victoria del PP fue una propuesta no jurídica -sin impacto práctico- que también fue apoyada por la formación de Puigdemont y la coalición Canaria, que favorece una reducción del IVA sobre la carne, el pescado y las conservas del 10% al 4%.
A Junts le molesta que ahora se interprete que cada votación en el Congreso da su apoyo al Gobierno. Los independientes dijeron que habían avisado de que sólo apoyarían los cuatro proyectos que ya habían finalizado y encauzados antes de su ruptura con Pedro Sánchez. Una de esas leyes, que Junts descartó por estar ya firmada antes de llegar a votación, es la Ley de Atención al Cliente, que refuerza los derechos de los consumidores y establece la obligación de las grandes empresas de atender a los clientes en todas las lenguas oficiales.
El diputado de Junts Josep Maria Cruset lo explicó en su intervención, advirtiendo de lo que pasaría después con el debate para justificar su oposición a la gran reforma de la Ley de Dependencia que se avecina y de lo que vendrá en la próxima sesión después de Navidad: «Esto demuestra cómo debería haber sido la legislatura. Si, a pesar de las dificultades, se negocia con Junts, se avanza y se alcanzan acuerdos relevantes, el trabajo continúa. Pero no sólo se aplica a los titulares del acuerdo, hay que animarlos». y materializado”.

Portavoces de PSOE, Sumar y ERC defendieron ante el PP que la nueva ley pretende ofrecer a los consumidores y clientes más protección frente a las grandes empresas. El ministro Bustinduy explicó que la norma que entró en vigor supone la culminación de «décadas de presión por parte de las asociaciones de consumidores» y supondrá «una ampliación de la democracia en España». No funcionó, pero durante unos minutos pareció que se reconstruía el bloque de investidura que llevó a Sánchez a La Moncloa. Un bloque que también revivió al inicio de la sesión con la validación parlamentaria de tres decretos adoptados por el Consejo de Ministros con un objetivo común: hacer la vida de millones de personas más fácil.
El primero incluye una serie de medidas y ayudas para las víctimas de la erupción volcánica de la isla de La Palma hace cuatro años, que van desde reducciones del impuesto sobre la renta hasta subvenciones medioambientales. Hubo críticas, pero por el retraso. El segundo decreto ratifica el próximo aumento salarial para los tres millones de funcionarios con carácter retroactivo y para 2026. Con este decreto, el Ministro de Transformación Digital y Funciones Públicas, Óscar López, pudo resaltar que sus beneficios para los servidores públicos van más allá de la cuestión salarial, elogiando a los miembros de la UME que luchan en todo tipo de desastres, a los veterinarios que luchan contra la peste porcina, a los funcionarios forestales, a los profesores universitarios y a las fuerzas de seguridad. El tercer decreto permite a los municipios poner sus excedentes financieros a disposición de inversiones sostenibles.
El PP apoyó los dos primeros decretos y se opuso al tercero. Lo que no impidió que tanto Popular como Vox se dedicaran durante los debates a atacar a un Gobierno que retratan como lleno de corruptos, cediendo a todos los chantajes de los nacionalistas y no digno de confianza en nada. Y de nuevo, para exigir elecciones.
Bustinduy también presentó la mayor reforma de la ley de cuidados de larga duración en dos décadas, con el objetivo de acabar con su «infrafinanciación crónica» y pasar de un modelo de atención que pone el énfasis en la gestión institucional a otro modelo centrado en la ayuda doméstica. El PNV y Junts habían presentado cambios en todo el proyecto por invadir competencias autonómicas. Los nacionalistas vascos lo retiraron en el último momento porque, como explicó su portavoz Maribel Vaquero, habían llegado a un acuerdo con el Gobierno para abordar estos problemas. Junts, en cambio, aguantó hasta el final y se quedó solo ya que PP, Vox y UPN se abstuvieron y el resto votó en contra.
La vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, presentó por segunda vez en dos semanas su propuesta de objetivos de déficit. Y como era de esperar, nada cambió respecto al primer intento: fue rechazado -esta vez definitivamente- cuando Junts se unió a la derecha nacional y la diputada de Podemos y Compromí Àgueda Micó se abstuvo. Una vez más, Cruset fue breve y contundente al anunciar el rechazo actual y futuro a Junts: “Sin metas hoy, sin presupuestos mañana”.
