
Este viernes, sus socios de honor, los representantes de todos los grupos parlamentarios excepto Junts y PNV, están sentados a ambos lados del salón de plenos. Rostros serios y miradas absortas en las pantallas de sus dispositivos móviles. En el medio una imagen completamente diferente. Alrededor de 350 niños y jóvenes ocupan los bancos. Se saludan, ríen y conversan mientras esperan que comience la octava jornada parlamentaria sobre la infancia en la Cámara de Representantes. Es la primera vez que estas sesiones permiten a los niños presentar sus necesidades a los parlamentarios. “Bienvenidos, esta es su casa”, dice la presidenta del Congreso, Francina Armengol, quien abre la sesión. Su voz resuena y los rostros de los más jóvenes se vuelven serios. Vienen a defender lo que más les preocupa.
Ocho ponentes, no mayores de 17 años, se sientan junto al atril y debaten temas como el derecho a la participación, los derechos digitales, la protección en entornos digitales, la prevención de la violencia, la salud mental, la identidad cultural, la pobreza infantil y la protección del clima. Empiezan así: “Hola, mi nombre es Sofía y soy de Castro Urdiales”. La joven pide garantizar los espacios necesarios para el encuentro en los distritos y comunidades. “En los grupos aprendemos a respetar que cada persona es diferente”, afirma Sofía.
La cámara permanece en silencio mientras toma la palabra, una situación única en el Congreso. La siguiente es Uxía, una estudiante de un centro de educación especial. El gallego de 16 años dice que nació con una discapacidad y una enfermedad rara. Destaca la realidad de las personas con discapacidad y se centra en el hecho de que no todos los niños tienen el mismo acceso al mundo digital. “Las aplicaciones no están adaptadas para personas con discapacidad, la tecnología no tiene en cuenta nuestras necesidades”, afirma. Esta falta de accesibilidad conduce a aún más desigualdades. Antes de concluir, Uxía hace hincapié en algo que sus mayores llevan años rogando: «Es importante proteger, pero no sobreproteger. Los niños con discapacidad no sólo necesitan protección, sino que también necesitan ser reconocidos».
A su lado se sienta Leonor, que viene de Cádiz y quiere crecer en un entorno digital seguro. Quiere aprender algo a través de Internet, pero el programa educativo no lo prevé. “A veces compartimos nuestra privacidad en las redes sin saberlo, usamos inteligencia artificial sin que nadie nos diga cómo usarla, no sabemos qué pasa con nuestros datos”, afirma. Cuando termina, se sienta, se pone la mano en el pecho y respira profundamente. Pronunció un discurso perfectamente argumentado y lo presentó ante un público acostumbrado a pronunciarlo. Sus compañeros sonríen y lo felicitan.
Sofía, de 15 años, llega con una verdad demoledora. «En el colegio dan charlas contra el bullying, pero no nos dicen qué otros tipos de violencia hay. Pasamos mucho tiempo en estos centros, pero también mucho tiempo fuera. No todo pasa en el colegio», afirma la joven madrileña. Y de repente, con sus palabras, consigue que la cámara se ponga de pie y todos los diputados aplaudan. «Para reducir un poco la violencia, podemos intentar que tus discursos sean menos violentos. Estás constantemente en las noticias y eres un modelo a seguir», dice Sofía. Los aplausos la interrumpen y ella sonríe.
Noelia es la voz de quienes tienen miedo de expresarse. La joven, procedente de Jaén, tiene 13 años y representa a quienes viven con una enfermedad mental. “Viven con una lucha interna de la que el resto de nosotros no tenemos idea”, describe. Y lo peor, añade, no es sólo el problema, sino también el estigma que conlleva. Noelia pide que se aborde esta asignatura pendiente en los centros de secundaria porque “cada suicidio es un fracaso de la sociedad”. «Necesitamos más profesionales que puedan poner nombre a nuestras sensaciones y aconsejarnos. Que nos digan que tienen una solución», afirma.
El discurso de Khouloud, un madrileño de 17 años, hizo llorar a algunos diputados. «Desde pequeña veía a mis padres hacer cálculos imposibles, eligiendo entre el plato de comida o la cuenta que podían pagar. Crecemos demasiado pronto porque la pobreza nos niega el derecho a ser simplemente niños», señala. La diputada de Podemos, Martina Velarde, dijo estar “muy emocionada” y agradeció su discurso durante su discurso.
Sus invitados de honor tuvieron tres minutos para responder a las sugerencias y preguntas de los jóvenes que tenían delante. «Es imposible responder a todo en tan poco tiempo», afirmó la diputada de Esquerra Republicana Pilar Vallugera, quien formuló una pregunta a la cámara: «¿Por qué no plantear, como la perspectiva de género, la perspectiva de los niños para las leyes?». Pero, como recordó la diputada de EH Bildu Isabel Pozueta, para llegar a acuerdos hay que «superar la situación de estancamiento que lleva a que leyes necesarias para mejorar la vida de los menores queden en el cajón sin llegar al final del trámite parlamentario».
