El juez Juan Carlos Peinado ya ha disparado tres tiros contra altos cargos de La Moncloa por contratar al asesor de Begoña Gómez. Y tres veces no tuvo éxito. El último revés para su polémica investigación judicial se produjo este jueves cuando la Audiencia Provincial de Madrid anunció que ordenaba el despido de Francisco Martín Aguirre, actual delegado del Gobierno de la Comunidad de Madrid, a quien mantiene bajo sospecha desde hace más de medio año, tras admitir una denuncia de Vox contra él por un presunto delito de malversación. «NO [existe] “No hay el más mínimo indicio”, concluye la audiencia sobre Martín Aguirre. Lo mismo le dijo la Corte Suprema cuando rechazó su pedido de procesar al ministro Félix Bolaños.
Desde que Peinado propuso en marzo de este año trasladar su caso a La Moncloa (al abrir una línea de investigación independiente por un delito de malversación, que el tribunal le obligó después a unificar el resto del juicio), el juez ha apuntado a los tres secretarios generales de la presidencia que tuvo el Gobierno de Pedro Sánchez: Félix Bolaños (2018-2021), Francisco Martín Aguirre (2021-2023) y Judit Alexandra González (en el cargo desde 2023). Peinado ha imputado a los dos últimos y está intentando que el Tribunal Supremo haga lo mismo con Bolaños, contra quien no pudo actuar por su capacidad para ejercer como ministro.
El Secretario General de la Presidencia no es un cargo cualquiera. En La Moncloa tiene un peso enorme. No sólo forma parte del equipo más cercano al jefe de Gobierno, sino también en la sala de máquinas del Gobierno y coordina los contenidos del Consejo de Ministros.
El juez empezó a dudar de esta postura el 10 de marzo, cuando accedió a abrir la investigación por malversación y, ese mismo día, ordenó citar como testigo al actual ministro Bolaños, que era secretario general de la presidencia cuando Cristina Álvarez fue nombrada asesora de Begoña Gómez en 2018. El juez afirma que el asistente ayudó a la esposa de Pedro Sánchez en sus actividades privadas y, según el sumario, cree que La Moncloa hizo las gestiones para que ello fuera posible.
Sin embargo, hasta el momento Peinado ha fracasado en todos sus intentos de atribuir esta supuesta malversación de fondos a un alto funcionario del gobierno. En abril entrevistó como testigo a Bolaños, quien le dijo que no había estado involucrado en la contratación de Cristina Álvarez. Luego, sin poder acusar de incompetencia al ministro, el juez decidió dirigir el procedimiento contra su sucesor, Francisco Martín Aguirre, que ya había dejado el cargo de secretario general en 2023 para convertirse en delegado del ejecutivo en Madrid, donde se ha labrado un nombre como voz crítica junto a Isabel Díaz Ayuso, la presidenta regional.
Citándolo como imputado tras admitir a trámite una denuncia contra él por parte de Vox, el juez argumentó que imputaba a Martín Aguirre como «responsable y superior jerárquico de Álvarez» y por «su aparente implicación en el nombramiento» de ella «para el ejercicio de funciones privadas de Begoña Gómez en perjuicio de los presupuestos generales del Estado». En medio de una enorme expectación mediática, el delegado del Gobierno se sentó en mayo con Peinado y le explicó que él no había participado en esa designación; que asumió el cargo de secretario general de la Presidencia tres años después de que ella fuera elegida asistente de la esposa de Sánchez; y que, además, nunca recibió ninguna notificación de que hubiera problemas en sus funciones.

Peinado no hizo caso a sus explicaciones y lo mantuvo como imputado hasta el día de hoy. De hecho, a principios de noviembre volvió a descartar presentar una demanda en su contra. Según el instructor, existían indicios de que Martín Aguirre cometió un delito de malversación de fondos por su “comportamiento pasivo” al “no impedir que una persona a su cargo desempeñara funciones distintas a aquellas para las que fue designado”. “No cumplió las tareas de supervisión y control sobre Cristina Álvarez”, enfatizó el juez. Pero precisamente al rechazar la acusación de Martín de Aguirre, el tribunal de Madrid destaca que no se ha presentado ninguna prueba de que al entonces secretario general de la Presidencia se le hubiera confiado la «función de control» de las actividades de Cristina Álvarez; ni que estuviera involucrado en irregularidades; Tampoco sabía que la asesora de Gómez podría excederse en sus funciones. El tribunal dijo que las acusaciones eran «meras especulaciones».
Martín Aguirre era el funcionario de Moncloa contra el que Peinado llevaba más tiempo bajo sospecha. Pero no fue su único objetivo. En junio, el juez instructor pidió al Tribunal Supremo que procesara a Bolaños: “Él pudo participar directamente en el nombramiento de Cristina Álvarez como agente interino y no conocía ni controlaba las tareas que realizaba”, escribió el juez en un comunicado al Tribunal Supremo, que, sin embargo, lo desestimó a los pocos días. Finalmente, la máxima autoridad judicial señaló que no existe “ningún indicio siquiera mínimamente fundamentado o creíble de la implicación” del ministro en la presunta malversación: “El mero ejercicio de un cargo público y el desempeño de sus funciones no pueden constituir ni una atribución automática y objetiva de una conducta encaminada a apropiarse de bienes públicos, ni una omisión que permita a otra persona apropiarse de ellos”.

Peinado completó la terna en noviembre pasado cuando acusó a la actual secretaria general de la Presidencia, Judit Alexandra González. Cuando el juez indicó que estaba bajo investigación no proporcionó ninguna información sobre los cambios que le llevaron a considerar necesaria su inclusión en la lista de sospechosos. Así que el domingo 16 de noviembre el alto funcionario acudió a declarar ante el tribunal. De nuevo en medio de un enorme ruido mediático. Y luego de escucharla, el juez anunció ese mismo día que presentaría una demanda en su contra. Confirmó este anuncio al día siguiente con una breve resolución. Dedicó apenas un párrafo a justificar su rápido ataque a González: “Está plenamente probado que el investigado no estuvo involucrado en el delito de malversación de caudales públicos”.
