
La cruzada de Vox contra el centro de menores tutelados del distrito murciano de Santa Cruz ha funcionado. El cierre de este espacio ha sido una condición imprescindible para que los vecinos de Santiago Abascal puedan sostener los presupuestos de la Comunidad Autónoma y es una realidad desde el 15 de octubre del año pasado. Los 70 menores que allí residen, españoles y extranjeros no acompañados, fueron trasladados a otras instalaciones de la Comunidad Autónoma, una medida muy criticada por los centros que trabajan con estos jóvenes y que no deja del todo satisfecho al partido Ultra, que ahora pide el fin de todas las instalaciones de este tipo.
«Quien diga que hay que cerrar los centros de menores no sabe lo que dice. (15 años) a finales de 2021, ya mayor de edad. Cuenta a EL PAÍS que se fue de Argelia porque no veía la manera de ayudar a su madre enferma y con un solo pensamiento en la cabeza: «Estudiar, estudiar y estudiar».
Y eso es exactamente lo que hizo en Santa Cruz: aprendió español, un idioma que no conocía ni una palabra y que ahora domina a la perfección, y se formó en cocina y hostelería. No duda en dar las gracias a los empleados de las instalaciones gestionadas por la Fundación Antonio Moreno. “Para mí no era un centro juvenil, era mi casa donde comenzó mi nueva vida”, dice.
Durante su estancia allí, asegura, no encontró ningún problema entre menores y vecinos de la pedanía, que cuenta con unos 2.600 habitantes y está a unos ocho kilómetros de la capital murciana. Dice que nunca se sintió rechazado por ellos cuando dejó el centro, por lo que le sorprendió la campaña de Vox en los últimos años.
La falta de conflictividad la confirma el alcalde de Santa Cruz, Patricio Ortiz del PP, quien asegura que en los dos años y medio que lleva al frente del distrito, “ni un solo vecino ha venido a expresar un problema con un menor en el centro”. Señala que las instalaciones fueron cerradas «por motivos políticos» porque a los vecinos «no les importa que los menores se queden, lo ven como algo que no afecta a su día a día».
La información del Ministerio de Política Social sobre la situación de los menores es prácticamente inexistente, por lo que ni siquiera se ha confirmado oficialmente su traslado. Por escrito, se limitó a informar a EL PAÍS de que el Gobierno de Murcia sigue «siguiendo la hoja de ruta para la implantación del nuevo modelo de familia de acogida, el más parecido a un hogar, con el fin de mejorar la atención a estos menores».
Roberto Barceló, presidente de la Plataforma de Voluntariado de la Región de Murcia, que agrupa a una treintena de ONG e instituciones sociales, advierte de que no está más cerca de este objetivo. Más bien, el cierre del centro supuso un revés para el modelo de hogar, ya que la mayoría de los menores que allí vivían, unos 50, estaban alojados juntos en un albergue juvenil en la zona de la Sierra de Carrascoy-El Valle. También fueron separados por nacionalidad: todos los menores de origen extranjero acogidos están alojados en este albergue, mientras que la veintena de españoles fueron distribuidos en otros centros. Barceló se muestra muy crítico con ambas decisiones al considerarlas una mera “medida estética”. «Lo que se ha hecho es trasladar a los menores de un lugar a otro, con el consiguiente daño que se les provoca: se les expulsa de sus relaciones, de su colegio, de su entorno de ocio, cultural o laboral. De la proximidad a cualquier lugar», se quejó, ya que el alojamiento está situado a unos dos kilómetros del núcleo de población más cercano.
Adriana Trafonsky, presidenta de la asociación PAREM, también denuncia este aislamiento: «Trasladar a los niños a la montaña complica las cosas y les dificulta emocionalmente. Ahora tienen que empezar de cero», apunta, denunciando el mensaje a la sociedad de que «está bien esconder a estas personas» en lugar de confiar en instalaciones que se han puesto como ejemplo de buenas prácticas desde su inauguración en 2019. Y eso, aunque era el centro de menores tutelados con más plazas en la Autonomía Comunidad, de 70 años, estos fueron divididos en tres “hogares” de ocho habitaciones cada uno, en las que los menores fueron agrupados por edades y alojados en habitaciones de tres.
Mansour (nombre figurativo), que vivió en el centro hasta el pasado agosto, cuando ya se aprobó el cierre, y que prefiere no dar su nombre real para no perjudicar su búsqueda de empleo, también lo define con este concepto de “hogar”. Dejó su país Burkina Faso a los 15 años, pero llegó a las costas de Canarias a los 16 después de un viaje de un mes por Níger, Mali y Argelia. El centro de Murcia, explica, es «como una casa, pero con normas y horarios»: dos horas y media de clases de español por la mañana, deporte por la tarde y acceso a un móvil para contactar con su familia. Se queda desconcertado cuando se entera de que los dirigentes de Vox están pidiendo el regreso de los menores extranjeros no acompañados a sus países. En su país, la guerra civil entre el gobierno y los grupos rebeldes islamistas iniciada en 2015 se intensificó en 2022 tras un golpe de estado. «No hay ninguna posibilidad. En cualquier momento pueden venir y llevarte a la guerra. Le pregunté a mi hermano, mi madre huyó a Ghana, mi padre es agricultor y apenas tiene suficiente para comer. Cada día muere mucha gente. ¿Cómo se supone que voy a regresar?» se pregunta.
Sin embargo, Vox continúa su persecución a estos menores: desde el pasado mes de septiembre viene insistiendo en que no basta con el cierre del centro de Santa Cruz, sino que todos los establecimientos de este tipo deben seguir cerrados en la Comunidad Autónoma, donde no hay centros específicos para menores extranjeros, pero todos los menores (ciudadanos o no) viven en ellos bajo la tutela de las administraciones, que actualmente suman casi 1.300.
El grupo Vox en el Ayuntamiento de Murcia defendió este jueves en el pleno municipal una moción para rechazar el nuevo alojamiento en la sierra de Carrascoy-El Valle para menores expulsados de Santa Cruz. Incluso en esta remota zona calculan que están acosando a unos 60.000 vecinos que viven en las ocho pedanías de Murcia que lindan con este parque natural, que abarca casi 16.700 hectáreas. “¿Sabes dónde está el refugio de animales?” Han sido reprochados por el PP, que ha sustituido la moción por otra pidiendo que ese ajuste sea temporal precisamente por su aislamiento.
