
Ningún gobierno se embarca voluntariamente en una reformulación de la financiación regional. El último en atreverse fue José Luis Rodríguez Zapatero, presionado por los nacionalistas catalanes -de los que dependía en gran medida- y por dos barones tan poderosos en aquel momento, el catalán José Montilla y el andaluz Manuel Chaves. Eso fue hace 17 años y nadie más se ha atrevido a meterse en el mismo lío, a pesar de que el actual sistema expiró en 2014. Si Pedro Sánchez ha decidido ahora abrir el melón no es por voluntad propia, sino para dar salida al que es su principal apoyo dentro de la familia socialista, el presidente catalán Salvador Illa, cuya toma de posesión fue posible gracias al acuerdo con Esquerra Republicana, nada más y nada menos que un sistema de financiación “único” para Cataluña.
Si Illa no consigue que se apruebe el nuevo sistema -y eso no será fácil en pleno ciclo electoral-, Esquerra Republicana retirará su apoyo al gobierno en Cataluña, la comunidad que es ahora el principal bastión del socialismo. Poco se ha revelado sobre los detalles de lo acordado este jueves en Moncloa entre Sánchez y el presidente de ERC, salvo generalidades que permiten disipar los temores de algunos de que Cataluña saliera del sistema común para acoger un concierto al estilo vasco. Esto cumpliría uno de los grandes requisitos de ERC que han adoptado los socialistas catalanes: si Cataluña es la tercera comunidad que más aporta al Fondo Comunitario, también debería ser la tercera que lo recibe, que es la forma comprensible de definir el “principio de ordinalidad”. Por otro lado, los republicanos aún no han llegado a un calendario ni a un acuerdo claro para que Cataluña recaude todo el impuesto sobre la renta. A las principales preocupaciones del PSOE en este caso se suma la incapacidad técnica de la autoridad tributaria catalana para administrar actualmente un impuesto de esta magnitud.
Aunque los detalles no se anunciarán hasta este viernes, nada hace pensar que el acuerdo vaya a provocar una ruptura inminente de la unidad de España, como ya vaticina la derecha, también sin datos. Tampoco parece que el nuevo sistema sea tan perjudicial para Cataluña como se quejan los defensores de la independencia de Junts. Lo sorprendente es que quienes ahora critican tan duramente un acuerdo del que no saben nada no hicieron nada para reformular la financiación cuando tuvieron la oportunidad de hacerlo.
El sistema actual ganó con Mariano Rajoy en el gobierno y Artur Mas en la Generalitat. En el caso de Cataluña, los sucesores de Mas -Carles Puigdemont y Quim Torra- no han presentado ninguna sugerencia realista de mejora. Lo que están haciendo ahora en Junts, y ahí se parecen a PP y Vox, no es hablar de cómo se mejoran y financian los servicios públicos de la Generalitat, sino que se limitan a quejarse de su saturación. Y cuando buscan a los responsables, por supuesto no se sienten abordados. Prefieren buscar otras personas a quienes culpar. Y cuando eso sucede, los inmigrantes siempre están ahí como excusa de emergencia.
