
En el actual escenario político, que se está acelerando, es difícil encontrar una posición clara. Está claro que la política nacional está cada vez más influenciada por acontecimientos que se extienden más allá de nuestras fronteras. Esto ha estado sucediendo durante mucho tiempo, pero el tormentoso ascenso de Trump nos tiene, ¡por fin! – nos obligó a tomar conciencia de algo que ya era obvio: la delicada pero inevitable red de interdependencias externas que impregnan nuestra política y que ahora debemos enfrentar inevitablemente. Llamémoslo «política mundial», en contraposición al localismo habitual de la política, siempre más atenta a lo que está cerca.
En nuestro país, la aparición de este nuevo eje ha supuesto un extraño cambio de discursos y focos de confrontación, aunque de momento parece tener un solo beneficiario claro: Pedro Sánchez. Ante una situación política nacional sumida en los habituales conflictos y dinámicas opuestas a su partido, el presidente ha encontrado una oportunidad para revertir esta tendencia recurriendo a un nuevo activismo internacional. Ha construido un perfil político con visión global y se ha consolidado como el archienemigo de Trump y un referente de un nuevo «progresismo global». Es otro ejemplo de algo que no se puede negar: su instinto de reinventarse según las circunstancias y de reconocer las debilidades de sus oponentes. Mientras ajusta su traje cosmopolita, sus aliados de izquierdas siguen prisioneros del progresismo provinciano de las “ciudades de España” y el PP no sabe cómo liberarse del rancio olor a nacionalismo neofranquista que desprende su potencial e inevitable socio.
También es evidente que este giro hacia la “política épica” no está exento de riesgos. La estrategia parece clara: se distancia temporalmente de los asuntos internos para abordarlos con un nuevo aura, y su arrogante figura afronta la batalla final: las elecciones nacionales. No es un movimiento pequeño, el eje alrededor del cual gira todo en el circo político de nuestro país es el Sanchismo/Antisanchismo. Por tanto, fortalecer la marca personal es clave para movilizar y unir al electorado de izquierdas. La pregunta es si esta apuesta llegará a tiempo. Las elecciones en Andalucía serán la primera prueba de fuego, aunque si las encuestas aciertan casi debería darse por hecho un mal resultado del PSOE en ellas. A esto se suma un factor externo difícil de controlar, una reacción virulenta del siempre impredecible Trump, que podría leerse como una reacción al activismo de Sánchez y podría tener un impacto negativo en nuestro país. Sin embargo, en este escenario, es probable que Vox soporte los mayores costos políticos.
Lo que es definitivamente interesante es el tipo de nueva dinámica en la que hemos entrado. Una política que se centra más en sus formas convencionales de acción, el activismo sobre el terreno y la explotación de problemas comunes, y otra que aspira a alturas más altas. Si algo así se pudiera aplicar a la política en circunstancias normales, uno esperaría que una mayoría se inclinara hacia lo primero. Ahora tengo mis dudas. El cambio en el entorno político internacional es tan grande que apegarse a las rutinas políticas tradicionales equivale a ignorar por completo el nuevo contexto en el que nos encontramos. Hay tanto en juego, la destrucción causada por los Putin y los Trump es tan grande, que es imperativo exigir declaraciones claras sobre cómo revertir esto. Sánchez muestra una cintura más grande que Feijóo, quien apuesta por un paso firme y no tiene ideas para contrarrestarlo. Pero al final lo que cuenta es la actitud del propio ciudadano, si quiere seguir viviendo en provincias o abrirse al resto del mundo.
