El desastre electoral de la Guardia Civil de Justicia (Jucil) en las elecciones al Consejo del Instituto Armado celebradas el pasado 29 de octubre -en las que esta asociación, que hasta entonces representaba la mayoría, perdió la mitad de los seis miembros que había recibido hace cuatro años- ha provocado un terremoto interno. El Comité Ejecutivo Nacional, formado por 10 personas, ha estado dividido durante semanas por acusaciones contradictorias que han llevado a ambos sectores a convocar por separado a los casi 15.000 miembros a reuniones extraordinarias.
Uno de los grupos, liderado por el actual secretario general Ernesto Vilariño, tiene previsto celebrarlo el próximo viernes 12 de diciembre, con el objetivo de destituir a dos de sus miembros opositores y renovar la dirección de la organización con «un equipo fuerte, unido y plenamente alineado», según anunció este martes en un comunicado. La otra dirección, por el contrario, quiere que el máximo órgano de la asociación se reúna cuatro días después para analizar «la situación actual», considerar qué «soluciones adoptar» y «modificar los estatutos», sin más detalles, según la circular enviada a los socios a la que ha tenido acceso EL PAÍS.

Jucil, que se ha opuesto firmemente al Ministerio del Interior desde que nació al amparo de la plataforma Jusapol, que en 2017 movilizó a miles de agentes tanto de la Guardia Civil como de la Policía Nacional para exigir la igualdad salarial con los Mossos d’Esquadra, vive desde hace un año una guerra interna que, lejos de amainar, va a peor. En primer lugar, se produjo un solapamiento de reclamaciones y denuncias ante los tribunales entre la actual dirección de la asociación y cinco ex directivos críticos que supuestamente denunciaron gastos irregulares y que aún están siendo resueltos ante los tribunales. El revés electoral del pasado mes de octubre -Jucil, que había obtenido 14.251 votos hace cuatro años, tuvo que conformarse ahora con 6.838 votos, menos de la mitad- no sólo no cerró esta herida, sino que provocó una nueva que, por otra parte, dividió al propio Comité Ejecutivo en dos facciones aparentemente irreconciliables.
Según fuentes conocedoras de lo que ocurre en este organismo desde que se conocieron los resultados electorales, el papel de Vilariño ha sido cuestionado por el sector liderado por los hermanos Óscar y David González Sequera, secretario general adjunto y secretario nacional de formación respectivamente, quienes habrían rechazado en reuniones internas todas las propuestas realizadas por el máximo dirigente de la asociación para reorientar la situación de Jucil. «A todo dicen que no. Esto es insostenible», afirma una fuente cercana a Vilariño. El enfrentamiento, cada vez más encarnizado, desembocó incluso en un intercambio de mensajes en el chat interno de la junta con acusaciones mutuas y acusaciones graves, afirman fuentes conocedoras del contenido.
Esta guerra inicialmente oculta salió a la luz a finales de noviembre, cuando los hermanos González Sequera y otros cuatro miembros del Comité Ejecutivo convocaron a todos los miembros a celebrar una “reunión extraordinaria” en Madrid el 16 de diciembre. El orden del día señala que, además del «análisis de la situación actual de la asociación», los expedientes también fueron presentados a los cinco ex directivos críticos que denunciaron supuestas irregularidades económicas, un «cambio» en los estatutos y cualquier otra «propuesta de cuestión» que se resolverá mediante «órdenes de socios» comunicadas al menos 72 horas antes del inicio de la reunión.

La respuesta del Secretario General llegó dos días después, el 1 de diciembre, con una comunicación a los socios en la que no sólo denunciaba irregularidades formales en la convocatoria de sus críticos, sino que anunciaba una reunión para el 12 de diciembre, cuatro días antes. En la carta, a la que también tuvo acceso este periódico, Vilariño acusaba a los seis miembros del Comité Ejecutivo de haber rechazado «sorprendentemente» las elecciones internas que había propuesto en las reuniones posteriores al revés. Vilariño incluyó en la agenda el despido de dos críticos por pérdida de confianza: Óscar González Sequera y Sonia Valverde Diego, secretaria nacional de transparencia e igualdad, ambos firmantes de la convocatoria.
González Sequera, que además de su función de secretario general adjunto de la asociación también es responsable de sus finanzas, explica a este periódico la iniciativa de los seis socios de convocar una reunión sin el consentimiento del secretario general en la «situación interna» que vive Jucil «tras los malos resultados de las últimas elecciones». «Tenemos que tomar decisiones importantes», afirma. González Sequera insiste en la legitimidad de la reunión convocada por los miembros críticos del Comité Ejecutivo, pero asegura que, a petición de Vilariño, también asistirá a la reunión que tuvo lugar cuatro días antes: «Tengo que asistir porque me piden la dimisión».
