Aunque ya han pasado diez años y este día ya es cosa del pasado, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis todavía lo recuerda “con cierta tristeza”. Era la Feria de Sevilla 2016 y a ella acudió Pedro Sánchez. «Era el secretario general. Merecía el apoyo de toda la organización». [el PSOE]pero nos advirtieron que encontraría circunstancias que serían, digamos, no deseadas. Así que algunos nos apresuramos a recogerlo delante del recinto ferial», dice Celis, ahora vicepresidente del Congreso, entonces miembro de la minoría sanchista en Andalucía, frente a la poderosa Susana Díaz, que pretendía controlar el partido. Aunque en el stand de la SER Sánchez recibió después el cariño de sus compañeros y la no demasiado calurosa acogida del propio Díaz, Celis todavía recuerda las molestias del viaje desde el frente hasta allí. Las cámaras captaron el escaso noviazgo de un líder socialista. una de las imágenes que ilustraba el poder de la presidenta andaluza, que se encontraba en su elemento bajo las lámparas, a diferencia de Sánchez, que jugaba fuera.
Este día, materia de innumerables crónicas, sirve como ejemplo de una dimensión secundaria pero también histórica de la Feria de Abril que convive con la festividad: la condición de un marco óptimo para la representación política. Hay muchas maneras de poner en práctica esta representación. Con su actitud un tanto respetuosa hacia Sánchez, Díaz expresó -en un contexto que llamó la atención al máximo- su escepticismo hacia el líder del PSOE, que regresaría a la feria dos años después, ya fortalecido por su victoria en las primarias.

Seis años después, en 2022, Yolanda Díaz, que lideraba el turbulento espacio de la izquierda alternativa, solo tuvo un paseo de la mano con Inmaculada Nieto de IU para expresarle su apoyo -en detrimento del candidato de Podemos- como candidata de Por Andalucía en las elecciones regionales de junio. Una vez más, el atractivo del escenario contribuyó a darle impulso político al gesto simbólico en una escena que combinaba la demostración de fuerza con la exteriorización de tensiones.
La feria de abril, escenario de la enésima batalla del PSOE en Andalucía. Quedan pocas horas para evitar a tres candidatos de izquierda en las elecciones de junio.
Yolanda Díaz acompañó a Inma Nieto, la candidata de la unidad, y le brindó su apoyo. pic.twitter.com/eEBlitIBbg
— Celia López (@celialopezp) 6 de mayo de 2022
“La feria es un lugar especialmente adecuado para transmitir celebridad, sobre todo en términos económicos, pero también políticos”, explica Isidoro Moreno, destacado investigador de las fiestas populares andaluzas, por qué el Albero se adapta tan bien a la variedad política. Además, añade el antropólogo, los partidos “tienen sus propias posturas para aparecer y socializar” y que “los políticos profesionales siempre intentan ser visibles”. [es decir, deseándolo] en fenómenos de masas» y que una foto en la feria es «garantía de presencia mediática». De pronto Moreno se da cuenta de que esta edición de la feria se encuentra en plena precampaña andaluza.
– ¡Uh, el que nos caerá! – dice perezosamente.

En la feria, incluso cuando no hay campaña, es habitual que los partidos muestren sus caras más destacadas para la foto, ya sea bailando sevillanas o bebiendo rebujito, una arriesgada combinación de manzanilla o vino y refresco. “En realidad la imagen popular de la Misa siempre ha sido la de los cantores, de Juanita [Reina]por Rocío [Jurado]Yo qué sé… Eso es lo que querían las cámaras. Y ese es el papel que también buscaban Jackie Kennedy y Grace Kelly. [ambas pasaron por la feria en los 60]. La cuestión es que los políticos siempre han aspirado en cierto modo a ser celebridadesy más recientemente, los que son llamados dircom [directores de comunicación] Reconocieron el potencial de la feria. En eso se han convertido los políticos Gracekellies«, reflexiona con humor la periodista Mercedes de Pablos, habitual de la feria desde 1978, cuando se le pregunta por el álbum gráfico que produce la política en semanas como estas. Y que se espera que esta edición sea enciclopédica en la precampaña.
Además de posar para fotografías, en la feria también se realiza un discreto trabajo político. Así lo recuerda Celis, que debe recordar aún más su etapa como concejal de 2003 a 2010, cuando la libertad de ir y venir donde quisiera se le fue al carajo porque tenía una agenda apretada, una recepción tras otra, “con los medios, con la UGT, con las comisiones, con la Cámara de Comercio…”. “Si te tomas en serio la feria y haces deporte, no paras”, afirma Celis, quien repartió folletos sobre el candidato Luis Yáñez en el recinto ferial antes de las elecciones locales de 1991. Este año no serán folletos, sino tweets y vídeos de TikTok.
Companys, Franco, los príncipes…
La feria ha estado ligada a la política desde sus inicios en 1847, tras recibir la autorización de Isabel II por iniciativa de dos concejales, José María Ybarra y Narciso Bonaplata, sevillanos de adopción pero no de origen, lo que siempre ha resultado irónico: resulta que la semana de fiestas sureñas por excelencia comienza con un vasco (Ybarra) y un catalán (Bonaplata).
Originalmente un mercado de ganado que poco a poco se fue transformando en un macroevento recreativo, experimentó un giro impactante en 1931 cuando, tras la proclamación de la República, el entonces alcalde Antonio Halcón dimitió con todo su equipo a las puertas de inauguración. No solo se llevó a cabo la feria, sino que también hubo tiempo para decorar el lugar adecuadamente después de que la ciudad invirtiera rápidamente P13,250 en banderas tricolores. De nuevo la masa y el significado de la imagen.

El sevillano Diego Martínez Barrio aprovechó la feria para un movimiento político memorable cuando, como presidente interino de la República en 1936, invitó a Lluís Companys, primero encarcelado y luego amnistiado por proclamar el “Estado catalán de la República Federativa Española” en 1934. ¿El objetivo? Reducir tensiones, restaurar puentes. Como dijo el historiador Leandro Álvarez Rey: Quienes esperaban la hostilidad popular se llevaron una sorpresa. Companys tuvo una más que agradable visita y tocó sardanas en el stand de Unión Republicana. Uno de los anfitriones fue Horacio Hermoso, entonces alcalde. Fue su última misa. Le dispararon en septiembre.
Francisco Franco, que estuvo suspendido durante tres años entre 1937 y 1939, lo utilizó después -como todo lo popular- y se dio su primer baño de masas en 1943. Viajó en un carruaje tirado por caballos sin presentar su informe militar. «Emocionado por la tremenda manifestación, levantó el brazo. El coche estaba flanqueado, precedido y perseguido por multitud de jinetes, formando el guión más típico y la escolta más andaluza», dice una crónica guardada por el periodista Javier Rubio para un artículo en abecedario Hace dos años. La visita no fue casualidad. El dictador quería borrar de la memoria local al recientemente relegado general Queipo de Llano, quien acumuló tal poder que llegó a ser conocido como el “Virrey de Andalucía”. El dictador volvió a misa varias veces.

PCera
Un cuarto de siglo después, en 1968, fueron los entonces príncipes Juan Carlos y Sofía quienes debutaron en la feria, ella con un vestido rojo de lunares, y con esta fiesta inauguró una larga relación entre ambos, ideal para cualquier figura que busque una foto simpática y popular.

La transición fue un período de auge político para la feria, convirtiéndose en “otro espacio de libertad”, como lo expresó la periodista Mercedes de Pablos. Aunque, como recuerda el memorable escritor Antonio Zoido, había comunistas reunidos en una “choza vecinal” del barrio de Bellavista incluso antes de la legalización del PCE, la apertura de La PCera, el partido oficial del partido, a finales de los años 1970 fue un hito. Hoy es una de las principales fuentes de conexión pública de IU… con razón la envidia del PSOE, que perdió pie en 2024 por no pagar las cuotas a tiempo. Todavía arde en el puño y en la fiesta de la rosa.
Sin embargo, a juicio de Zoido, el principal motor democrático de la feria no fue que partidos y sindicatos pudieran tener stands, sino la posibilidad de que cualquiera, cualquiera que estuviera dispuesto a pagar una cuota y ponerse en lista de espera, pudiera buscarlo, lo que contribuyó a que la feria fuera «el evento más transversal de Sevilla». Sin embargo, no es tan completo como creen los críticos, ya que el cambio fue aprobado en 2024 en una consulta popular patrocinada por el gobierno local del PP.
Tras el acortamiento -ahora va de martes a domingo- los críticos del nuevo formato afirman que no sólo quienes vienen de las ciudades tienen menos oportunidades de disfrutarlo, sino también quienes tienen trabajos más precarios, tienen horarios y calendarios más estrictos y tienen menos espacio para planificar un buen día; Además, según los críticos, el acortamiento conduce a una mayor concentración de visitantes, lo que abarrota las cabinas de entrada gratuita y da una ventaja adicional a quienes gustan de la privacidad.
¿Unir?
Así, la política se cuela en la duración de la feria. Y en ropa. De Pablos recuerda que a finales de los años 70 vestir «de gitano» era «un detalle identitario» más propio de los «Progres» que de las «Pijas», que acudían a la feria de noche «en traje de etiqueta» y de día «como si fuera el domingo de Corpus Christi». «Ha cambiado mucho, y hoy la vestimenta flamenca es lo más transclasista que hay. Vestida así somos todas la misma mujer, desde la duquesa de Alba hasta la que les limpia el baño», afirma.

El antropólogo Moreno, un agudo observador del desarrollo -e invención- de las tradiciones, se ríe de la idea popular de que los hombres deben usar traje y corbata en la feria. «Cuando era joven», dice, ya en sus 80 años, «llevar corbata era casi un sacrilegio. Y eso tiene sentido». Para aquellos que alquilan un carruaje tirado por caballos, quien lo ve no sabe si tiene una granja o si en realidad es un oficinista que llega a las 8 de la mañana.
Y Moreno concluye con una afirmación que provocaría una buena polémica entre sevillanos y gaditanos: “En realidad, la feria también es una especie de carnaval”.

