Para Vox, las elecciones de marzo en Castilla y León crearon una paradoja. Por un lado, el partido logró su mejor resultado histórico de cualquier elección. Al mismo tiempo, decepcionó las expectativas que habían levantado sus éxitos en Extremadura en diciembre y Aragón en febrero. ¿Qué había pasado? ¿Fue un buen resultado, empañado sólo por no superar el umbral del 20 por ciento o por perder terreno frente al PP? ¿O fue síntoma de un problema en Vox o incluso de una interrupción en su ascenso?
Aunque Vox se ha consolidado en la negación de cualquier preocupación, combinando un optimismo absoluto con la acusación de estar borracho para perjudicar al partido, lo cierto es que la demografía empieza a indicar claramente que Vox se está desacelerando. Y que esa desaceleración es especialmente aguda en Andalucía, donde el candidato del PP Juan Manuel Moreno, que fue el primero en pactar con la ultraderecha para llegar al poder, se encuentra siete años después -según datos de la macroencuesta con más de 6.000 entrevistas publicadas recientemente por el CIS- en el único barón popular que Vox ha incluido desde el inicio del actual ciclo electoral.
No se vislumbra un colapso de Vox. Cualquier comparación con UPyD, Ciudadanos o Podemos es infundada. Pero no hay duda de que la flecha de Vox ya no apunta hacia arriba. Las encuestas postelectorales en Castilla y León -con entrevistas después de que EE.UU. e Israel iniciaran los bombardeos en Irán, apoyados por Vox- dejaron señales de desaceleración. El último barómetro del CIS muestra el descenso de Vox tanto en la intención de voto (del 13,7% al 12,1%) como en la estimación del voto (del 18,9% al 16,6%). Este es el cálculo de la proporción de votos que crean los institutos electorales basándose en diversos datos de opinión pública y no solo en la intención de voto. Si el descenso de las estimaciones de voto en el CEI aumenta más de dos puntos, supondrá que Vox alcance los 40 dB, su peor registro desde junio de 2025, aunque sólo una décima (del 18,8% al 18,7%) completa una racha de cinco meses consecutivos de subidas.

Aunque pide «esperar unos meses más para saber si hay una reversión» o simplemente una ruptura temporal, el politólogo Víctor Pérez Guzmán, director del centro de investigaciones Ateneo del Dato, afirma que las cifras nacionales indican una «desaceleración» en el impulso alcista de Vox. “No es que esté bajando, sino que está dejando de subir”, resume.
Así que los síntomas ya estaban presentes cuando llegó este martes el barómetro andaluz, donde Vox, con un 8,8% de la intención de voto, se mantiene por debajo de sus cifras en los sondeos del CIS antes de las elecciones en Extremadura (14,2%), Aragón (12%) y Castilla y León (13%). Además, dos institutos de investigación han elaborado estimaciones de voto basadas en datos del CIS, que muestran consistentemente un estancamiento en Andalucía para Vox, que alcanzó el 13,46% y 14 parlamentarios en 2022. Opina 360 le da ahora el 13,3% y entre 14 y 15 escaños y el Ateneo del Dato otro 13,3% y entre 13 y 15 escaños. Vox sigue como en 2022.

Fidelización y transferencias
Si los datos del CIS se confirman en las urnas supondrá decir adiós a la curva ascendente de Vox en el ciclo regional iniciado en diciembre. Y las malas noticias para Manuel Gavira, el candidato de extrema derecha a director general, no terminarían ahí.
La fidelidad de los votantes a Vox, es decir, el porcentaje de los que apoyaron al partido en 2022 y dicen que lo volverán a hacer, es del 58,4% en Andalucía, no sólo inferior a las encuestas preelectorales de Extremadura (80,6%), Aragón (70,3%) y Castilla y León (69,6%), sino también peor que antes de las elecciones andaluzas de 2022 (60,2%).
En cuanto a los movimientos electorales de derecha, las cosas pintan peor para la extrema derecha en Andalucía que en elecciones anteriores. El trasvase del PP a Vox es del 4,9%, inferior al esperado antes de las tres elecciones desde diciembre. Y el de Vox al PP, un 27,8%, superior. En realidad, muy superior a Extremadura (14,7%), Aragón (12,9%) y Castilla y León (17,3%) y sólo ligeramente superior a Andalucía en 2022 (27%). Vox vuelve a gustar del 2022 en la fortaleza de Moreno.


En Andalucía, Vox no ocupa ni el primer ni el segundo puesto en intención de voto en ningún grupo de edad, ni siquiera entre los de 18 a 24 años, que es su punto fuerte. A partir de los 45 años ni siquiera es tercero, sino cuarto hasta los 64 y quinto a partir de los 65, por detrás de Adelante Andalucía y Por Andalucía. Por otro lado, no ocupó el cuarto puesto en ninguna franja de edad en las encuestas de Extremadura, Aragón y Castilla y León. Y como la mayoría de las veces terminaba tercero, en algunas grabaciones fue segundo en grupos jóvenes y en ocasiones primero, como en Castilla y León, hasta los 34 años.
El CIS andaluz también muestra a Vox como cuarta fuerza en términos de intención de voto en cuatro de las ocho provincias: Sevilla, Cádiz, Córdoba y Granada, por detrás del PP, el PSOE y una de las dos fuerzas alternativas de izquierda. De producirse tal resultado, supondría un deterioro de la posición relativa alcanzada por Vox en 2022 en Andalucía, donde ocupaba el tercer puesto en todas las provincias. En las tres elecciones celebradas desde diciembre, el partido sólo quedó cuarto en dos provincias, Soria y León, donde le superaban partidos provinciales además del PP y el PSOE.
El llamamiento de Moreno
Aunque observa signos de descenso de Vox en las encuestas nacionales, para Juan Francisco Caro, director del instituto de investigación social Opina 360, el barómetro andaluz ofrece razones más tangibles para la preocupación de Santiago Abascal que el resto de estudios. Con una muestra del 12 al 26 de marzo, que incluye ya el debate sobre el tapón de Vox que se abrió tras las elecciones en Castilla y León, Caro cree que los resultados de la encuesta andaluza, trasladados a las mesas electorales, irían «mucho más allá» del «respiro» que supusieron para el PP las elecciones del 15 del mes pasado. “No sólo daría un respiro al PP, también sería un duro golpe para Vox, sobre todo si Moreno Bonilla obtuviera la mayoría absoluta, lo que daría a su partido viento a favor en este año de silencio electoral que se espera antes de las elecciones generales”, apunta.

Si bien Caro no se inclina a sacar conclusiones exhaustivas, cree que hay suficiente material para sugerir que Castilla y León era un “indicador” de “cierta preocupación” entre los potenciales votantes de Vox. Según Caro, “el bloqueo y las interminables negociaciones [en las tres comunidades que han celebrado elecciones] «podría generar dudas» entre sectores del electorado potencial de Vox, que aún no ha permitido la instalación de ninguno de los tres candidatos del PP que ganaron las recientes elecciones autonómicas, ni siquiera María Guardiola en Extremadura, que logró más del 43% en diciembre. Caro cree que este factor es el que más influye en la demografía de cara a una reunión autonómica como la de Andalucía, aunque en su opinión se tienen en cuenta los problemas internos del partido -incluidas denuncias de irregularidades- y, en menor medida, su apoyo a Donald Trump, incluido su apoyo a la guerra de Irán.
El analista de Opina 360 subraya que sería imprudente creer que el resultado del CIS andaluz implique un descenso similar en España. Lo reitera tras realizar una hipotética estimación general del voto en Andalucía a partir de los datos del mismo barómetro. Según esta estimación, Vox alcanzaría el 18,7%, más de cinco puntos por encima de lo estimado para las elecciones autonómicas y más de tres puntos por encima de lo conseguido en el municipio en las generales de 2023. “Moreno Bonilla es mucho más competitivo que el PP nacional, a diferencia de lo que está pasando en el PSOE, donde Pedro Sánchez recogería muchos votos que María Jesús Montero no podría ganar”, apunta.

Los datos del Barómetro del CIS andaluz son «significativamente diferentes» a los de las encuestas preelectorales de Extremadura, Aragón y Castilla y León, subraya Pérez Guzmán del Ateneo del Dato. «Vox se estancará en Andalucía, si no pierde votos. Si hay alguna mejora, será limitada», apunta el analista, para quien «la explicación fundamental hay que buscarla no tanto en Vox como en Juanma Moreno», quien, a su juicio, ha «logrado una especie de centralidad en la junta de la que muy poco se habla». El analista cree que aunque las filas de Abascal desciendan algo en la comunidad sureña, hay motivos para ver el vaso medio lleno: «Incluso frente a un liderazgo alternativo sólido de la derecha [en referencia a Moreno]“Vox demuestra que tiene un votante leal que no se marcha”.
EL PAÍS preguntó a Vox si el barómetro andaluz trae desviaciones en el análisis de sus perspectivas, según el cual no hay motivos para pensar en una ruptura del impulso alcista, pero no hubo respuesta.
