
Hay fuertes movimientos contra Pedro Sánchez en el PSOE, pero sin una organización cohesionada ni criterios comunes. Desde hace meses, ex ministros, ex altos funcionarios, ex diputados, ex senadores y ex alcaldes, algunos de los cuales participan activamente en el partido; otros a medio gas; y lejos del funcionamiento interno de la formación, algunos coinciden en sus críticas a Sánchez como gobernante y como líder. De esta tribu, sin embargo, surgen líneas opuestas y diferentes, tanto en la forma como en el contenido y en los cursos de acción. Un grupo destacado de veteranos busca un cambio inmediato. Su presión a través de una asociación tiene como objetivo obligar al presidente del Gobierno a cambiar su política, renegar de sus socios parlamentarios y dejar de controlar la vida interna del partido, así como obligarle a llegar a un acuerdo con el PP. Todo ello conlleva una enorme complejidad punto por punto, salvo que Sánchez convoque elecciones y el proceso de catarsis sea automático.
Otro grupo de críticos más jóvenes se aleja de este planteamiento, aunque dejan claro que no se trata sólo de una cuestión de edad. Sus desavenencias con el líder del PSOE, tanto por política gubernamental -aunque sin una inhabilitación total como por parte del Bloque de Veteranos- como por exclusión de personas ajenas a él, no les llevan a promover o autorizar movimientos de agitación y ruptura interna. Basándose en su conocimiento de la “cultura del partido” y del funcionamiento interno de las asociaciones socialistas, confirman que los cambios sólo podrán comenzar cuando el PSOE ya no esté al frente del gobierno español. “Muchos tenemos eso que se llama patriotismo partidista y no participaremos en movimientos extraños”, afirma uno de los representantes de este sector crítico, del que pueden formar parte los exparlamentarios Eduardo Madina e Ignacio Urquizu, las alcaldesas de A Coruña, Inés Rey, y de Palencia, Miriam de Andrés; y, entre otros, el exsecretario general de Madrid, Juan Lobato. Estos “movimientos extraños” aluden a la intención de algunos críticos de realizar actos abiertos a la sociedad y no al partido, para hablar del Gobierno y del PSOE, como lo dirige Sánchez.
Según varias fuentes entre los críticos, un tercer bloque está formado por alcaldes que tienen su propia singularidad y están centrados en cómo podrían desempeñarse en las elecciones de mayo de 2027. Los concejales socialistas viven con miedo a un fenómeno como el ocurrido en mayo de 2023, cuando el PSOE quedó arrasado en las elecciones locales y autonómicas. Menos de dos meses después, Pedro Sánchez recuperó el millón de votos en las parlamentarias respecto a las municipales. Su objetivo es que el presidente sea interrogado primero.
El grupo de jóvenes y de mediana edad que quieran implicarse en las decisiones futuras del partido estarán atentos al manifiesto que el exconseller Jordi Sevilla anunciará en los próximos días. Seguramente habrá muchos elementos que compartirán, dicen, pero no tiene por qué ser al 100%. A preguntas de este periódico, el ejecutivo rechaza que el Gobierno esté siguiendo una política «podemita», como ha subrayado Sevilla. Según fuentes del actual gabinete, representantes de Podemos abandonaron el gobierno hace dos años y medio, pero cuando formaron parte del gobierno no impusieron medidas económicas alejadas de los márgenes de la socialdemocracia. Y señalan que este gobierno se enfrentó a una situación extraordinaria como la de aliviar y reparar la devastación social y económica de la pandemia de Covid.
El ala socialista del gobierno no está ahí para debates internos sobre si sus políticas se desvían de la ortodoxia del socialismo democrático, sino más bien para tratar de justificar los méritos de conservar la legislatura. Ése es el compromiso de Sumar, la dirección, aunque también están trabajando en la estructura en la que disputarán las próximas elecciones generales. “Estamos trabajando en las causas, los motivos que justifican afrontar juntos el próximo ciclo electoral”, afirma el coordinador general de Izquierda Unida, Antonio Maíllo. En el último año y medio, sus esfuerzos se han centrado en revitalizar Sumar, acudan o no a las urnas con ese nombre. Es de esperar que el proceso en las elecciones autonómicas tenga una dinámica propia, como ya es evidente: en Extremadura, Podemos e IU trabajaron juntos, y eso no ocurrirá en las elecciones del 8 de febrero en Aragón.
La interna del PSOE, la más beligerante con Sánchez, no cita ninguna medida socioeconómica concreta adoptada por el Gobierno, a excepción de los acuerdos con los independientes que desembocaron en la ley de amnistía. Se hace referencia a la identidad de los socios, con especial mención a EH Bildu, con un lenguaje en algunos casos idéntico al de los líderes del PP y Vox. En la primera reunión de críticos tras el verano, el 25 de septiembre -un almuerzo para cincuenta personas en un restaurante cercano al Congreso, al que asistieron la mayoría de veteranos-, no todos quedaron satisfechos con las declaraciones contra Sánchez y las medidas a tomar. Algunos se marcharon antes de que terminara el evento. Este malestar les hace avanzar por un camino resbaladizo. No comparten los criterios de los veteranos, que consideran ajenos a la realidad de lo que es hoy el PSOE, ni los de la dirección actual. Cuando llegue el momento, plantearán dudas sobre el contenido. Aún no es ese momento. El PSOE manda, dicen.
