
La nueva generación de acuerdos de la derecha se puso en marcha en Extremadura con un pacto en el que el PP decide gestionar el poder a cambio de ceder el marco ideológico a Vox. El partido de Santiago Abascal ha ganado influencia y ha impuesto al PP un acuerdo muy diferente al último pactado por ambos partidos en 2023 para la anterior investidura de María Guardiola. Por ejemplo, hace tres años no había inmigración; Ahora es la columna vertebral del acuerdo. La ultraderecha ha presionado al PP para que acepte en el nuevo pacto la «prioridad nacional» de los españoles hacia los inmigrantes en el acceso a las ayudas y prestaciones sociales y a la vivienda social, lo que contradice el documento marco que ha elaborado Génova para las negociaciones. Este texto ordenaba “no aceptar propuestas que impliquen desigualdad entre ciudadanos por razón de territorio, ideología, lengua, género, origen u otras condiciones”.
La principal novedad que introduce el acuerdo extremeño entre PP y Vox, que no figuraba en ninguno de los pactos anteriores de la derecha, es la llamada “prioridad nacional”. Los partidarios de Abascal hacen omnipresente este principio en el texto del nuevo pacto, cuya filosofía es que los españoles tienen prioridad sobre los inmigrantes en el acceso a las ayudas públicas, con independencia de su necesidad o situación familiar.
«El acceso a todas las ayudas, subvenciones y prestaciones públicas se caracterizará por el principio de prioridad nacional», dice el acuerdo entre PP y Vox sobre el gobierno de Extremadura, cuyo objetivo es «permitir la asignación prioritaria de recursos públicos a quienes mantengan una conexión real, permanente y verificable con el territorio». La filosofía es, por tanto, como se dice literalmente, dar prioridad a los españoles sobre los inmigrantes en el acceso al Estado de bienestar.
El criterio para determinar la discriminación de los inmigrantes hacia los españoles es el “arraigo”, que se valora en función de un periodo mínimo de empadronamiento (en el caso del acceso a la vivienda social es de hasta diez años, un periodo muy largo que muchos inmigrantes no pueden cumplir, ahora es de tres o diez años consecutivos), pero no sólo, sino también del “desarrollo de las cotizaciones y de la aportación al sistema”, es decir, de tener un trabajo y cotizar. Esto se aplica a los inmigrantes con documentos en regla, ya que el pacto estipula que “las personas en situación irregular quedarán excluidas del acceso a las prestaciones y servicios sociales estructurales y su acceso se limitará exclusivamente a casos urgentes”. Los irregulares quedan excluidos de cualquier ayuda, como ya les ha sucedido en el caso de la renta mínima de integración en Extremadura.
El aterrizaje de la controvertida “prioridad nacional” viene acompañado de dos advertencias en el acuerdo. La primera, que el sistema se “adaptará a la legislación vigente”, matiza el texto. Sin embargo, con el compromiso de impulsar la reforma de la ley de extranjería, que es precisamente la que evita la discriminación de los inmigrantes y que PP y Vox, si llegan a La Moncloa, podrían cambiar.
La otra precaución es enmarcar el sistema de “prioridad nacional” en términos de arraigo, registro ampliado, aportes y aportes previos al sistema. Entonces, al menos a primera vista, no se trata de una discriminación explícita basada en la nacionalidad (ya que la ley actualmente lo prohíbe), sino más bien de una discriminación basada en vínculos reales en el territorio. En realidad, sin embargo, la diferencia entre “criterios de desarraigo” y “discriminación basada en el origen” dependerá de la aplicación práctica de estas medidas.
El Pacto de Extremadura choca así con la filosofía del Documento Marco de Génova para las negociaciones, que establece “no aceptar propuestas que impliquen desigualdad entre los ciudadanos por razón de su origen”. Si no le duele frontalmente, al menos le estira al máximo, prácticamente desnaturalizándole en ese punto. Sin embargo, el PP afirma que hay pocos cambios, ya que en la práctica las personas irregulares ya no reciben asistencia y que los términos “soberanía nacional” aparecen como títulos de apartados en los que realmente no se tienen en cuenta de forma explícita en el desarrollo de las medidas en cuestión. Entonces, ¿por qué incluir algo en un texto que ya estaba en el pedido? Incluyeron estos puntos porque Vox insistió en mantener su semántica y cedieron.
Legalidad actual
Génova también definió como límite de los acuerdos el respeto a la “legalidad vigente”. “Es obvio que ninguna propuesta puede realizarse fuera de la legalidad establecida, base de una convivencia sana y segura”, dice el documento. Por tanto, el Pacto de Extremadura contiene muchas referencias a la ley, pero también choca con la política del ejecutivo popular por su negativa a aceptar la acogida de menores inmigrantes.
«No más menores extranjeros no acompañados (MENAS)», dice el pacto de Extremadura, que estipula que el Consejo «rechazará, por todos los medios legales, judiciales y políticos, cualquier mecanismo de reparto de inmigrantes ilegales, tanto adultos como menores». Sin embargo, los municipios no pueden negar la tutela a menores extranjeros una vez que el Estado los pone a disposición del sistema de protección. El rechazo a los mecanismos de reparto “en ningún caso” es contrario a la ley de extranjería. Un elemento que se verá agravado porque el Ministerio de Asuntos Sociales caerá en manos de Vox, por lo que será Óscar Fernández Calle quien asistirá a las conferencias sectoriales donde se decidirá este reparto y tendrá la voz protagonista.
El Documento Marco de Génova recoge también el cumplimiento del reparto de competencias que existe actualmente en España. Sin embargo, la “repatriación de menores” prevista en el Convenio de Extremadura contradice esta disposición, ya que las Comunidades Autónomas no tienen competencias en las relaciones internacionales ni en los retornos. El PP limita el alcance de este apartado precisamente por la falta de competencias y se refiere más bien a la posibilidad de informar a la delegación del Gobierno para que pueda implementar la restitución de los menores. Está por ver si realmente lo harían si llegaran a La Moncloa y tuvieran poder para promocionarla. Aunque Génova apoya plenamente el retorno de menores, habiéndolo incluido ya en su plan de inmigración aprobado el pasado otoño.
