Los periodistas sorianos comunican a la redacción que se marchan hacia esta zona de Soria sin informar, para que si no regresan se sepa dónde se encuentran. Los carteros o repartidores paran sus furgonetas a un lado de la carretera cuando ven un oasis con una serpiente. Los residentes mayores suponen que en caso de una caída no podrán pedir ayuda verbalmente ni por teléfono: debido a la falta de oídos y de contactos, nadie los escuchará. La provincia sufre una falta generalizada de conectividad que está obstaculizando los negocios rurales, frustrando el teletrabajo como medio de repoblación y poniendo en peligro la seguridad. Esta competencia estatal en coordinación con los municipios choca con los operadores que se niegan a tender cables a pesar de las subvenciones públicas: no ganan dinero con ello. En las ciudades, ira y aburrimiento: “No hay pago inicial, pero reciben su dinero todos los meses”.
Matanza de Soria, 60 vecinos y un cansado cartero. El amarillo del coche contrasta con la decadente construcción de barro de las casas. “No hay conexión a Internet”, advierte tu teléfono; Qué novedad, critica Inés Yagüe, de 34 años, quien se encuentra con las barras que indican cobertura en carreteras y caminos al subir o bajar la furgoneta un metro. “Me molesta contactar con personas o con superiores y tengo que parar en mitad de la carretera”, explica. Incluso la tableta PDA con conexión vía satélite no dispara bien. En el pueblo vecino, Villálvaro (100), una mujer que se niega a identificarse señala que «allí arriba», donde están los objetivos, es el lugar para comprometerse con el siglo XXI: «No puedes pedir ayuda cuando te pasa algo y no pasa nadie… Los políticos se llenan la boca con la España vacía y luego nada».
Leocadia Lucas, 82 años, protesta: “No hay denuncia, hijo”. “No tengo WhatsApp, pero mis nietas dicen que la cosa va mal”, afirma feliz de poder conservar el teléfono fijo. La doctora Andrea López, de 32 años, ingresa al consultorio, donde su computadora portátil se carga gracias a un cable de fibra óptica. En lugares sin fibra ni wifi habrá que tener paciencia y hacer los trámites en otro lugar. «No estaba enterada del día del apagón», explica López, que está cansada de llamar a teléfonos fijos para localizar a sus pacientes y de las interrupciones cuando habla con su madre en Orihuela (Alicante): «¡Tenía cobertura en las Tierras Altas de Escocia y aquí no! En Alicante no pasa». Rafael Ortega, 66 años, se queja: «¡No hay pago inicial, pero les pagan todos los meses! ¿Qué hago si tengo un susto en el campo?». Montse Romero espera en la sala de espera: “Se lo dijimos a Mañueco el otro día. [Alfonso Fernández, presidente de la Junta (PP)]pero dijo que no dependía de él”. Más o menos: Es una competencia estatal en coordinación con las comunidades.
Portavoces del Ministerio de Transformación Digital destacan el incremento de la cobertura de los programas 5G y fibra con 23,4 millones de euros para la provincia entre 2018 y 2024, pero lamentan que algunos operadores se echen atrás y rompan sus planes. «El gobierno los está subsidiando para que puedan ir a donde no irían porque no les interesa debido a la pequeña población o a las dificultades físicas», dicen, pero «han alcanzado su límite porque los costos se han duplicado o triplicado en áreas remotas o escasamente pobladas». Por ello, estudian “soluciones concretas para los ciudadanos que demandan conectividad y cubren aquellas pocas zonas donde aún existen problemas porque los operadores no lo hacen” y recuerdan el satélite como alternativa. Portavoces de la Consejería de Transformación Digital de Castilla y León detallan que en los distritos pequeños se da una “situación diferente: la mitad tiene cobertura 4G, mientras que el resto no tiene cobertura o la señal es débil, y el 5G es nulo o débil”. “El gobierno ha centralizado los programas de despliegue de banda ancha, lo que limita a las comunidades”, se quejan, mientras que la Transformación Digital está presionando a las regiones para que “planifiquen el despliegue y el desarrollo de sus programas” a medida que se crea un nuevo mapeo.
El expresidente de Castilla y León Juan Vicente Herrera (PP) prometió en 2011 conectar “todos los rincones” mediante un plan de banda ancha, y los manifiestos electorales insistieron en este mantra en una zona donde muchas zonas siguen aisladas. La España de las dos velocidades se resiente en Arcos de Jalón, casi en Guadalajara, donde no hay señal ni siquiera cerca del mayor viaducto Madrid-Barcelona, como recuerda Luis Miguel Martínez, de 60 años, con el popular Teleclub como vía de comunicación: «El progreso pasa a 10 kilómetros y no tenemos cobertura. Si viniera fibra, más de un joven pensaría en teletrabajar; los políticos dicen que no hay población, pero no hacen nada para solucionar el problema».
Bares Ucero (14 habitantes). Los únicos bares son los de la furgoneta de José Luis Vicente, 65 años, que dona pan y compañía a vecinos como Carmen Encabo, 62, siempre con monedas porque “la maquinita” no funciona. “¡Pagamos impuestos!” grita. El camino angosto continúa y se encuentra con el pastor Bernabé Gonzalo, de 63 años, con sus ovejas en el campo. El hombre, estoico como su trabajo, asume que no hay cobertura de seguro y que por ahora tiene suerte, a su manera: «Tuve cuatro mareos por la presión arterial baja, vendrán a buscarme si no vuelvo».
