
Todos los que nacimos en costas hermosas pero agrestes y escarpadas seguramente tenemos algún muerto entre las rocas. En estos acantilados de Santander, donde estos días han muerto seis personas, falleció un buen amigo de la infancia, Javi Lastra, cuya pura sonrisa se perdió entre las olas. No fue el único. El paseo junto al faro de Cabo Mayor deja más monolitos de recuerdos siniestros de un lugar peligroso, especial, añorado por muchas personas que se han arriesgado y han perdido.
Voy allí a menudo. Todos nosotros, amantes de las playas escondidas entre rocas y no en el entorno turístico, hacemos esto y por eso conservan el encanto de lo escondido, lo salvaje, la pradera mezclada con rocas y mar. Mis hijos también recorrieron conmigo este camino mortal.
Por eso duelen demasiado las muertes de estos seis veinteañeros que celebraban el fin del año escolar. Podría haberse evitado. No practicaban deportes de riesgo, sino que simplemente seguían un camino oficial y conocido.
No sabemos cuántos valencianos de la Dana podrían haberse salvado si las autoridades no hubieran estado ocupadas en El Ventorro, sino que hubieran ordenado las alarmas que hubieran contenido el desastre. Pero sabemos cuántas personas en la mortal acera de Santander podrían haberse salvado si el público hubiera cooperado: 100%. Los seis.
Y en este particular Ventorro de Santander fracasó todo, salvo un vecino ejemplar que hoy lamenta haber avisado en vano al número de emergencias 112. Según la investigación y tras recibir esta llamada, el Servicio de Emergencias de Cantabria envió un mensaje muy claro a la policía local: “El puente de madera está roto y cualquiera que lo cruce podría caer sobre las rocas”. No se hizo nada. Como llamamos a los bomberos para un incendio y decidieron no venir.
Incluso la única herramienta posible que siempre tenemos a mano no funcionó: la prevención, el mantenimiento. La pasarela ha quedado descuidada y por supuesto la competición ya ha comenzado. El camino litoral en cuestión se creó tras un acuerdo entre el Ministerio de Medio Ambiente y el Ayuntamiento de Santander, pero quedó paralizado por protestas vecinales y hoy son tres administraciones que comparten responsabilidad, según el secretario de Estado, Hugo Morán: Ministerio, Gobierno de Cantabria y Ayuntamiento. Sin embargo, el ayuntamiento sólo culpa al gobierno central.
¿Sólo las personas deberían salvar a las personas? El lema es repugnante y deberíamos aprender mejor: un vecino por sí solo no puede escapar del drama. Espero que la última etapa que nos queda, la de la justicia, funcione como en Valencia.
