
Advertisement
El Tribunal Constitucional, a la vanguardia de la justicia y la democracia, decide sobre cuestiones que inevitablemente se fusionan con el entorno político. A principios de este año lo hizo con dos figuras que suelen marcar la pauta del muy polarizado debate público: el expresidente de la Generalitat catalana, Carles Puigdemont, y la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso. Sin embargo, lejos de reflejar la supuesta ruptura política que haría previsible cada una de sus decisiones, las decisiones del Tribunal de Garantía se tomaron con un notable consenso. El de mantener la orden de detención contra Puigdemont Se logró con un solo voto disidente; Y la sentencia que así lo declaró en la Asamblea de MadridEn el partido controlado por el Partido Popular de Ayuso se vulneraron los derechos de la oposición socialista y gobernó por una mayoría de 10 a 2.
El amplio consenso no es una excepción a la pendiente de enero, sino la norma durante casi todo el año. El 80% de las sentencias del Tribunal Constitucional del año pasado se adoptaron por unanimidad. De los 192 fallos de 2025, 153 fueron apoyados unánimemente por los doce magistrados, y muchos de los votos disidentes emitidos en otros 24 fallos importantes no reflejan la supuesta ruptura política que tantas veces se le atribuye, excepto en tres cuestiones cruciales: amnistía, vivienda e impuestos.
Según el análisis de EL PAÍS de datos judiciales, entre la mayoría de sentencias unánimes se encuentran cuestiones como la denominada Tour de la manadala de un propietario de suelo en un expediente de desalojo o tres decisiones en materia urbanística en Extremadura. Las deliberaciones culminaron con la aprobación de todos los jueces en el pleno o en una de sus dos cámaras. Sin embargo, en otros casos con especial densidad ideológica, como la ley de amnistía al proceso independentista catalán (solo en 2025 hubo doce sentencias), la construcción de viviendas o los pagos parciales al fisco de grandes empresas, el tribunal se dividió entre progresistas y conservadores.
Advertisement
Más allá de los datos, la percepción de la fractura del tribunal, debida tanto a la cobertura mediática de su funcionamiento, como también al método mismo mediante el cual se nombra a los jueces, que en última instancia depende del consentimiento de los principales partidos, impregna el interior del tribunal. Y se expresa en la propia percepción: en asuntos importantes, “en materia de alimentación”, dice uno de sus jueces, la división es innegable; Otros subrayan que hay consenso en la gran mayoría de las cuestiones, y un tercero atribuye la ruptura a la sensibilidad ideológica o jurídica de los jueces -«En la cuestión del aborto, no puedo estar de acuerdo con quienes lo ven como un atentado a la vida», subraya uno de ellos- y no al partido o sector político que los nombró. Varios jueces conservadores lamentan que haya poco tiempo para deliberar y señalan el ejemplo del Tribunal Constitucional alemán, donde las presentaciones se distribuyen a tiempo entre los jueces para que pueda tener lugar un verdadero debate antes de que el proyecto se presente al pleno.
Sin embargo, los datos de 2025 no contradicen años anteriores donde prevaleció la unanimidad, pero también hubo temas controvertidos: el más importante fue el caso de los ERES de Andalucía, en el que varios altos cargos del gobierno socialista solicitaron y recibieron protección. El tribunal de garantía levantó las penas de prisión de los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñánambos socialistas. El año pasado, la decisión de amnistía, en la que el Partido Popular presentó la denuncia principal, dividió al tribunal, y la división se repitió posteriormente en otras once sentencias que resolvieron recursos y cuestiones de inconstitucionalidad de administraciones autonómicas lideradas por el Partido Popular y los tribunales ordinarios, desde el TSJ de Cataluña hasta la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo.
En los próximos meses se producirá el perdón de los crímenes Actas Una vez más será un factor de división importante en el tribunal de libertad bajo fianza. A la espera de que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea se pronuncie sobre dos cuestiones prejudiciales de dos autoridades españolas, todo apunta a que el Tribunal Constitucional volverá a estar dividido a la hora de decidir sobre las solicitudes de amparo del expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y otros seis independentistas, a los que el Tribunal Supremo ha negado la amnistía por el delito de malversación. Los progresistas votarán a favor de la protección, los conservadores votarán en contra.
La amnistía es quizás el paradigma de cómo el Tribunal Constitucional, dada su propia posición a la vanguardia del Estado democrático de derecho -donde el poder legislativo pasa por el tamiz de los derechos fundamentales y al que los ciudadanos pueden recurrir cuando el poder judicial viola esos mismos derechos- continúa haciendo que las diferencias políticas parezcan irreconciliables al deliberar sobre algunas cuestiones cruciales. Los pagos parciales de las grandes empresas al tesoro estatal reflejan el incumplimiento del tribunal y, por tanto, también de la ley de vivienda de la coalición gobernante. Pero con matices: si la ley estatal de vivienda dividió al tribunal, una sentencia sobre un recurso de la Generalitat sobre viviendas para turistas obtuvo una mayoría de 10 votos contra 2 (dos conservadores votaron en contra).
Incluso en asuntos que a primera vista sugieren una línea divisoria clara, los votos individuales a veces no encajan con lo que era previsible. Ante un fallo que aclaró el derecho a la información del diario conservador abecedario y un ciudadano que apeló por violación de su derecho al honor, una mayoría de siete magistrados apoyó la protección del ciudadano, mientras que otros cinco votaron en contra. Sin embargo, los votos disidentes fueron firmados por tres magistrados progresistas y dos conservadores. Y una conferencia sobre la muy controvertida ley transgénero, cuya presentación coincide con la del juez del bloque progresista Juan Carlos Campo, está en el estante desde hace algún tiempo porque la división de opiniones sobre el tema dentro del mismo bloque hace poco probable que avance.
