Lágrimas, gritos y cajas llenas de Clinex. La entrega de medallas con motivo del Día de Andalucía, el 28 de febrero, una gala televisada en la que se canta más que se habla, estuvo marcada por dos graves hechos ocurridos en apenas un mes en Andalucía: el accidente del tren de Adamuz (46 muertos, 126 personas atendidas, siete de ellas aún hospitalizadas) y una serie de tormentas que causaron cuantiosos daños y obligaron a evacuar la ciudad de Grazalema.
Lloró como siempre una de las ganadoras, la modelo Eva González, quien en años anteriores presidió las ceremonias y se emocionó por momentos; y el presidente del Consejo de Administración, Juan Manuel Moreno, candidato a la reelección en las próximas elecciones de junio, lloró como nunca al recordar la primera noche en el lugar del accidente de Adamuz. Apenas pudo controlarse mientras el público lo aplaudía y la televisión enfocaba durante unos segundos a su igualmente angustiada esposa.
Moreno hizo escribir el discurso. No improvisó nada. Dijo lo que quería decir, pero su voz no le convenía y las lágrimas corrían por su rostro como las de un niño pequeño. Se rompió varias veces.
Desde hace un tiempo, el consejero delegado aprovecha al máximo su perfil emotivo y estrecho, una imagen que se ha roto debido a la crisis sanitaria provocada por los cribados de cáncer de mama con los que no expresó públicamente esa empatía -perdió algunas décimas en el rating-. Moreno, que hoy sonreía en las encuestas, puede perder o no la mayoría absoluta; el PSOE se desploma; y la euforia de Vox: ni siquiera ha pronunciado todavía un discurso de protesta.
No hay sistema de financiación que supere el poder de un líder lloroso que aseguró: «Muchos se sorprendieron por el comportamiento de los andaluces. Me lo mandaron y me parece sorprendente porque los andaluces simplemente hicieron lo que es normal…» Ni siquiera dijo a los 1.800 presentes en el teatro sevillano por qué estaban allí: para conmemorar el referéndum del 28 de febrero de 1980, con el que Andalucía adquirió su autonomía de la misma manera que estaba previsto para el histórico comunidades.

Moreno pidió la prohibición de “el malaje” y “malafollá”, dos expresiones que significan lo mismo pero que se dicen de una manera en Sevilla y de otra en Granada. Pidió una “revolución de la alegría” y dictó una receta nueva y vital: “Ser buena gente da calidad de vida”.
También lloró, apenas capaz de recuperarse, el cantor Manuel Carrasco, hijo predilecto de la comunidad, mientras hablaba de su familia: “Las manos de mi padre, de pescador, las manos de mi madre, recogiendo fresas, las manos de mi abuela, en la olla…”. Carrasco fue el encargado de cantar el himno andaluz, una versión sobria y sentida que interpretó con una guitarra. “Al andaluz le duele que no lo tenga porque no lo tuvo”, afirmó el onubense.
Antes de que se acabara la caja de pañuelos, la actriz Paz Vega también se dirigió emocionada a recibir su premio a Hija Favorita. Las emociones también afloraron cuando el alcalde de Grazalema, Carlos García (PSOE), y la alcaldesa de Ronda, Mari Paz Fernández (PP), fueron reconocidos por su colaboración «sin ideología», aunque no recibieron premio.
La Maestranza permaneció parada durante cinco minutos mientras la entrega de medallas llegaba a la localidad de Adamuz. Subieron al escenario el alcalde, Rafael Moreno, algunos vecinos que participaron activamente en el rescate, así como un representante de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, bomberos, sanitarios y servicios de emergencia. Más pañuelos.

La Junta de Andalucía reconoció como hijos predilectos al cantaor onubense Manuel Carrasco y a la actriz sevillana Paz Vega (ambos ya tenían la medalla); el Museo de la Autonomía de Andalucía (dependiente de la Junta); la periodista gaditana Sandra Golpe; el ingeniero y director de ciberseguridad de Google, el malagueño Bernardo Quintero; el grupo sevillano Cantores de Híspalis; el torero Morante de la Puebla; la cantante y actriz malagueña Ana Mena; la futbolista sevillana Olga Carmona; la karateca María Torres García de Málaga; la presidenta ejecutiva y consejera delegada de Randstad España, Ana Requena; el fundador y director general de Secuoya Content Group, el granadino Raúl Berdonés; la investigadora Rosa María Rodríguez Domínguez; Unidades de cuidados paliativos pediátricos; la modelo y presentadora de televisión sevillana Eva González; el director general de Grupo Ingka (Ikea), el gaditano Juvencio Maeztu; y el empresario sevillano Luis Bolaños Figueredo.
Antes de la gala, el presidente del Parlamento, Jesús Aguirre, presidió un pleno extraordinario en el que pronunció una conferencia electiva el 28 de febrero y elogió la “estabilidad” de la Comunidad Autónoma. En las comisuras de la boca de la gente, estabilidad es sinónimo de mayoría absoluta y su antónimo, como dijo Moreno, “el desorden”. Aguirre se metió en dificultades extrainstitucionales cuando reclamó «la urgente mejora de la financiación de Andalucía, con un modelo justo para todos, alejado de principios de cotidianidad y propuestas no consensuadas» para «dejar de lado los agravios de unas zonas frente a otras».
En la zona de invitados de la Cámara fue escuchado por la vicepresidenta primera del Gobierno, candidata socialista a la presidencia y artífice de la reforma del sistema de financiación, María Jesús Montero, que no acudió a la entrega de medallas en el Teatro de la Maestranza porque consideró que el acto se había convertido en una «gala de autoengrandecimiento» de la presidenta andaluza.
Como en ediciones anteriores, Aguirre llenó su discurso de matices pseudopoéticos: “Andalucía es el arrastre del ancla para los que se van y siempre anhelan volver”; Recordó el accidente del tren de Adamuz y las inundaciones en la comunidad; y como “defensor de las tradiciones” destacó la instalación de un belén en el balance de su presidencia. Aguirre tampoco dijo una palabra sobre por qué los andaluces celebran el 28 de febrero. Los grupos de la oposición le acusaron de no dedicar una palabra de recuerdo a las mujeres afectadas por la crisis del cribado del cáncer de mama, como destacó la portavoz de Por Andalucía, Inma Nieto. La portavoz y vicesecretaria general del PSOE de Andalucía, María Márquez, calificó el discurso de Aguirre de «bochornoso y bochornoso».
