
Yo, Isabel Díaz Ayuso, quisiera conceder la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid a los Estados Unidos de Donald Trump, porque la libertad y la vida son los dos bienes más preciados de la humanidad. la libertad de expresión, tal como la practica Elon Musk al enterrar las voces críticas en el algoritmo; libertad de movimiento, como la de los hispanos en Estados Unidos, que cada día tienen que moverse más para escapar entre redadas; La libertad de elegir tu proyecto de vida, ya sea que quieras que te metan en jaulas, te deporten con grilletes o te envíen a Cecot.
La vida es también un gran valor hispano que Estados Unidos ha defendido con varios golpes e intervenciones militares, desde Nicaragua hasta Honduras y otras guerras bananeras, que entendemos porque a nosotros también nos gusta la fruta. Porque la historia de España y Estados Unidos no sería comprensible la una sin la otra, especialmente sin comprender cómo la civilización hispánica fue saboteada y saqueada por el Imperio angloamericano.
Todavía hay un legado en Estados Unidos, que se refleja en nombres como Florida, Nuevo México, Texas, Arizona, Colorado y otros países robados para bases militares, experimentos eugenésicos y pruebas nucleares. Nombres que, por cierto, causan burla entre los yanquis cuando algunos latinohablantes los pronuncian correctamente Florida, niu mecsicou cualquiera Colorado. Compartimos el uso del español como idioma, aunque en algunos lugares de Estados Unidos hay que tener cuidado antes de decirlo en voz alta. Es el lenguaje que Donald Trump quitó del lado de la Casa Blanca en su primer mandato y que sólo insultó en el segundo, declarando que nadie entiende una palabra que habla el conejito malo puertorriqueño, como cuando los antiguos imperios decían que los bárbaros hablaban ladrando.
El Nuevo Orden Mundial que Bush anunció en su momento necesita de nuestra forma de ser y de ser, especialmente de la fuga de cerebros y la mano de obra barata, así como del sometimiento y la alienación. El Madrid siempre ha visto a Estados Unidos con admiración, la misma que sentimos por otros ganadores anteriores. Admiramos la capacidad de Milei para juzgar a los argentinos mayores. De Israel, la maestría con la que destruyen hospitales, ante la que palidece Madrid, incluso en sus mejores esfuerzos por abandonar viviendas o comprometer la salud pública.
Miramos a Estados Unidos con admiración, porque no hay otra manera de mirar su complicidad en el genocidio o en las redes pedófilas de Epstein. Los admiramos como modelos a seguir del mundo libre, especialmente ahora que Trump se lleva mejor que nunca con los autócratas de todo el mundo mientras amenaza al resto de Occidente, desde Groenlandia hasta Canadá, con aranceles y anexiones. Es el faro del mundo libre contra las narcodictaduras de ultraizquierda a las que ha traído prosperidad y libertad mediante bloqueos y sanciones, construyendo Guantánamo en Cuba o reemplazando a Maduro por Delcy.
Por eso queremos que Estados Unidos sea país invitado a las celebraciones de la Hispanidad 2026 en Madrid, tal como se invitó a invadir la Hispanidad en Panamá, Guatemala o República Dominicana. De esta manera queremos celebrar con los americanos el 250 aniversario de su independencia, que España apoyó y que nos han devuelto arrebatándonos a Cuba, Puerto Rico o Filipinas e incluso apoyando la Marcha Verde de Marruecos en el Sáhara Español. Pese a todo, estamos en el mismo barco: el del imperialismo gringo decadente, que se hunde junto con los cipayos que eligen hundirse con él.
