
Casi nadie quiere pelear directamente con Donald Trump en Santa Marta, Colombia, a 3.000 kilómetros de la costa de Estados Unidos y muy cerca de la frontera con Venezuela, el país donde el líder del ejército más poderoso del mundo amenaza con intervenir militarmente para derrocar al régimen de Nicolás Maduro. Nadie habla claramente de él, y la ruidosa ausencia latinoamericana y europea en la cumbre UE-CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) es también una forma de evitar la confrontación con él.
Pero en realidad, Trump está presente en todos los debates, y sus ataques a barcos venezolanos, el asesinato de tripulantes con el pretexto de que transportaban drogas y el traslado de un portaaviones a las costas de Venezuela juegan un papel importante en el ambiente de la cumbre. Y en este contexto, el presidente español, Pedro Sánchez, uno de los protagonistas de la cumbre con el brasileño Lula, se ha presentado en Colombia como un líder anti-Trump, defendiendo un mundo multilateral de cooperación y acuerdos completamente diferente al de la extrema derecha estadounidense.
Sánchez y Lula, apoyados por otros presidentes progresistas latinoamericanos como el chileno Gabriel Boric o el uruguayo Yamandú Orsi y un poco menos por el propio colombiano Gustavo Petro, que atraviesa tiempos difíciles, intentan encontrar alianzas tanto en América como en Europa contra Trump y su visión imperial de un mundo dominado por las relaciones bilaterales entre él y algunos presidentes y la imposición de sus decisiones a través del poder de su economía o de su ejército, ambos los más poderosos del mundo. Así, Sánchez llenó su discurso en la cumbre de referencias al mundo multilateral basado en reglas, en contraposición al mundo en el que Trump las impuso. “Ninguna nación puede afrontar los desafíos globales por sí sola”, afirmó Sánchez.
El líder del PSOE afirma que hace dos años, bajo la presidencia española de la UE, logró reactivar este foro con una reunión en Bruselas a la que asistieron prácticamente todos los presidentes latinoamericanos y europeos relevantes. Mientras tanto, el Petro de Colombia ha tenido significativamente menos éxito con sus demandas, pero Sánchez cree que hay que mantener este tipo de estructura multilateral precisamente para mantener un mundo alternativo al de Trump.
Sánchez ha tratado de que la cumbre no fracase y él mismo hizo grandes esfuerzos para llegar a Santa Marta de Belém -tuvo que utilizar dos aviones distintos porque el avión grande no podía aterrizar en el aeropuerto de esta ciudad caribeña- y hasta allí volaron otros altos dirigentes españoles, como la vicepresidenta de la Comisión, Teresa Ribera -no estuvo presente la presidenta Ursula von der Leyen- y la presidenta del BEI y exministra de Economía Nadia Calviño.
Sánchez está tratando de mantener fuerte la conexión entre la UE y América Latina mientras Trump intenta recuperar influencia en ese continente expulsando a los europeos y chinos, particularmente a través de los nuevos líderes de la extrema derecha latinoamericana.
«Si la cumbre UE-CELAC era una prioridad política hace dos años, hoy es un imperativo geoestratégico. Porque los desafíos que afrontamos -la violación del derecho internacional en Gaza o Ucrania, los ataques al libre comercio, el debilitamiento de la gobernanza global- nos afectan a todos», explicó Sánchez.
«El mundo ha cambiado mucho desde nuestra última cumbre en Bruselas. Y en un mundo tan cambiante, esta alianza ofrece algo esencial: confianza. Una relación basada en principios, respeto mutuo y una visión compartida. Europa y América Latina pueden y deben ser un faro de estabilidad, prosperidad y apertura en este momento incierto y lleno de riesgos», subrayó el presidente español.
Sánchez fue aplaudido cuando sugirió que el próximo secretario general de la ONU debería ser una mujer y latinoamericano. Entre las más populares se encuentran Rebeca Grynspan, exsecretaria general del Secretario General Iberoamericano, pero también Michelle Bachelet, expresidenta de Chile, o Susana Malcorra, excanciller de Argentina durante la presidencia de Mauricio Macri.
El presidente español también ha aprovechado el foro para presionar en la ratificación definitiva del acuerdo UE-Mercosur, que España espera lograr antes de final de año, en torno al 20 de diciembre, cuando tendrá lugar la próxima cumbre de este grupo de países en el sur del continente americano.
Francia sigue resistiendo y Emmanuel Macron no estuvo en la cumbre UE-CELAC, un claro gesto de distanciamiento, pero sí en México, donde intentó estrechar las relaciones bilaterales. La UE también está trabajando para reforzar sus vínculos con México, como alternativa al mundo Trump, del que Sánchez es abanderado. Pese a la oposición de Francia, Sánchez está convencido de que la ratificación se producirá a finales de año, según fuentes de La Moncloa.
«Europa sigue siendo el primer inversor en América Latina, especialmente España», afirmó Sánchez, ante este empuje de EE.UU. y China en el continente. «Mi país es también uno de los mayores donantes de la Agenda Global Gateway. De los 9.400 millones de euros que nos comprometimos a aportar hace dos años hasta 2027, ya hemos movilizado 5.300 para operaciones en la región y proyectos de conectividad, transición verde y digital, salud e infraestructuras sostenibles. Desde los satélites de Hispasat en Centroamérica hasta la conexión eléctrica entre Chile y Perú, esta colaboración está creando un futuro compartido», enfatizó.
Sánchez también aprovechó para hacer un nuevo reclamo de un discurso positivo sobre inmigración, especialmente en Colombia, donde el tema es muy sensible por las deportaciones que está llevando a cabo Trump y donde se está enfrentando a Petro de manera muy agresiva. «La Unión Europea y América Latina somos mucho más que socios: somos familias entrelazadas. Millones de latinoamericanos y caribeños contribuyen hoy al progreso de España, así como América Latina acogió a miles de europeos en busca de esperanza en el siglo XX. Nuestra historia compartida es un puente que sigue creciendo sobre los mejores pilares posibles: nuestra gente», concluyó Sánchez.
El presidente español consolida así su línea de discurso anti-Trump, pero evita enfrentamientos directos con él y nunca lo menciona. Para Sánchez, como destacó en la entrevista en EL PAÍS de este domingo, la gran batalla política de los próximos años es ésta: entre los comprometidos con el multilateralismo y la ciencia y por tanto con la lucha contra el cambio climático, contra Trump y sus aliados que abandonan los foros multilaterales y se comprometen a librar la lucha solos y según la ley del más fuerte.
