Gabriel Rufián y Emilio Delgado entraron como dos artistas a una sala Galileo Galilei abarrotada antes de iniciar un concierto. Ante un público comprometido que repitió sus mensajes y aplaudió de pie, intentaron estar a la altura de las expectativas generadas durante los últimos diez días. El anuncio del coloquio entre el presidente de ERC en el Congreso y el diputado de Más Madrid en la Asamblea – dos forastero en sus partidos- había revolucionado la izquierda. Y la actuación no decepcionó. Rufián, que fue rechazado por la dirección de su organización y bajo la atenta mirada de varios representantes de la coalición Sumar -con la que hay preocupaciones- fue al meollo de la cuestión desde el principio. «¿Qué quiero? Quiero ganar escaños para Vox provincia por provincia. Al mismo tiempo. Y eso no se consigue con malditos discursos. Ciencia, método y orden», sugirió al empezar ante unos 500 simpatizantes, curiosos y caras conocidas.
Entre los participantes estuvieron el concejal de la capital Nacho Murgui, diputados de Sumar en el Congreso (Gerardo Pisarello, Alberto Ibáñez, Lánder Martínez) y representantes de los cuatro partidos de la coalición gobernante de Yolanda Díaz, que presentan su propia alianza para las elecciones parlamentarias del próximo sábado. El vicepresidente segundo del Gobierno, que no acudirá a este acto, celebró la conversación entre ambos políticos con un mensaje en las redes sociales. «Me gustó lo que vi y escuché hoy: voluntad de ganar, energía y entusiasmo. Duplicar nuestras fuerzas y dar esperanza. La gente común, las mujeres, los trabajadores son más poderosos que el dinero de los ricos y el odio de la extrema derecha. Sigan adelante», escribió.
«La clave aquí es a qué renunciamos. ¿Qué sentido tiene que 14 izquierdistas se presenten en el mismo lugar?» Lo dijo Rufián en una conversación moderada por Sarah Santaolalla, periodista y colaboradora de TVE que ha sufrido ataques de la derecha y la extrema derecha. «¡Nadie!» respondieron los participantes. “Ya sé que esto es antiaparato, pero si no, políticamente nos fusilarán por separado”, afirmó. «La pregunta es: ¿quién se presenta en Girona, quién en Sevilla, quién en A Coruña, quién en Valencia? ¿Vale la pena seguir compitiendo entre nosotros para ver quién es más puro, lo hace mejor aquí, hace mejores tuits? El resto son tuits», defendió Rufián en su primer argumento, con un argumento no exento de contradicciones.
El diputado catalán fue más allá y precisó: tres o cuatro puntos programáticos comunes de la izquierda tras el debate ejecutivo; una lista en Valencia con ERC y Compromís; una fórmula en el Congreso para un grupo interparlamentario conjunto y coordinado… “Hay mucho más que nos une que lo que nos divide”, afirmó. «Estoy orgulloso de representar a gente fuera de mi país», ha subrayado en su cargo de portavoz de ERC, pero reconociendo la urgencia de un momento que, según dice, plantea retos para los progresistas en todos los ámbitos.
“No se trata sólo de una coalición de partidos”, enfatizó Delgado. «Necesitamos construir un bloque histórico a la altura de lo que está por venir. Y eso significa que las organizaciones abran una conversación real con los militantes para que se sientan interpelados. Construir un bloque que enfrente a estos criminales que vienen a fomentar el terror». Para la diputada de Más Madrid no se trata de «en términos de esperanza, no es una fiesta de cumpleaños, pero tiene que haber una chispa». «No importa si reunimos a siete partidos. Hay un grave problema de espacio», añadió.
El público mayoritariamente de pie, bebiendo cerveza y con la misma atención que los que presenciaban en la sala un entretenido monólogo, asentía y comentaba cada uno de los discursos de la conferencia titulada Luchar contra el presente para ganar el futuro..
Más de una hora antes de que comenzara el coloquio, un centenar de personas esperaban en la calle a que se abrieran las puertas, incluso sin entradas. Como ocurre con los buenos espectáculos que se han dado en el Galileo desde 1985, los artistas ya presumían días atrás en las redes sociales de haber colgado el cartel de Agotado en cinco minutos.
Al margen del complejo alineamiento con las fuerzas nacionalistas, hay otras dos incógnitas que penden sobre ambos proyectos, el propuesto por Rufián y el de los partidos representados en público este miércoles (IU, Más Madrid, Comunes y Movimiento Sumar): la posición de Podemos y el papel de Díaz, que por el momento evita responder a la pregunta crucial: cuál será su futuro político.
—Podemos fue, es y será una formación política imprescindible. Para mí, Pablo Iglesias es el mejor de nuestra generación. Irene Montero es una fuerza de la naturaleza. Cuando lees el prospecto del ibuprofeno, te emocionas. Ione Belarra es maravillosa… La amo. Quien piense que estas personas son superfluas se equivoca. Ahora, con todo cariño, si algunos de nosotros nos llamamos Malmenoristas, fantasías… – citó Rufián.
“Si es lo único que te llaman”, susurró Delgado con ironía.
– Recuerdo cuando estaban en el gobierno… – finalizó su argumentación el diputado de ERC.
«Esta semana es importante. Hay un evento hoy y otro el sábado. Hago un llamado a los ciudadanos progresistas a participar y movilizarse, hacer propuestas y mirar hacia 2023, huyendo del hiperliderazgo.
«Si tuviéramos más fuerza, haríamos un PSOE mejor», defendió Rufián en otro momento rocambolesco del suceso. “Quiero presionar, no tengo la pretensión de gobernar este país, sino de que se gobierne bien”, dejó claro inmediatamente en un discurso que ofreció espacio al debate sobre la prohibición del burka, el ultraagitador Vito Quiles o las referencias a la lucha feminista de la moderadora.
«Quiero centrar el debate. Ojalá hablemos de cómo. Ni de qué ni de quién. Todos compartimos un diagnóstico. Cómo ganamos escaños. El resto en realidad es filosofar», enfatizó Rufián en su última intervención. «¿Cuánto pesa esto?» preguntó a la audiencia, sosteniendo una botella de agua. «La respuesta es, depende. Depende de cuánto tiempo lo sostengo. Si lo sostengo solo una hora o tres, no hay problema. Si lo sostengo un día entero, empieza a doler. En el lado izquierdo es lo mismo, nos vamos solos al infierno», concluyó.
