
A tres días de la votación de los cambios en todo el proyecto presupuestario catalán, aún no se ha alcanzado el “camino viable” para el traspaso de la administración del IRPF a la Generalitat, que la Izquierda Republicana exige como condición para aumentar su propio IRPF. PSC y ERC siguen sentados a la mesa intentando buscar una salida y el Gobierno central prefirió ayer no intervenir en el asunto, aunque de ello depende únicamente el gesto que exigen los republicanos como condición para la negociación del proyecto de ley. ERC o el Gobierno tienen hasta la votación del viernes para retirar la enmienda o el proyecto, pero ambos niegan estos escenarios.
«Somos el gobierno de la palabra dada», subrayó ayer la portavoz del ejecutivo catalán, la consellera de Territorio Sílvia Paneque, siguiendo el guión con el que quieren convencer a ERC. El mensaje es que en otro momento de la legislatura se abordará la obligación de la Agencia Tributaria catalana de gestionar todos los impuestos, empezando por el de la Renta, un punto recogido no sólo en el Pacto de Investidura que trajo a Salvador Illa a Palau, sino también en el reciente acuerdo de la Comisión Bilateral del Gobierno de la Generalitat.
Sin embargo, el Ejecutivo central no quiere intervenir (al menos no públicamente) en las negociaciones del PSC con Esquerra, aunque la última palabra sobre la transferencia fiscal debería recaer en el Ministerio de Hacienda. Después de que varias voces del Govern hubieran negado durante semanas que hubiera margen para que ERC se conformara, ayer fue la portavoz de la ministra, Elma Saiz, la que, sin querer entrar en muchos detalles -se refirió a las declaraciones de la consellera de Economía, Alícia Romero-, indicó que no habría ningún gesto. “Están trabajando para superar plenamente el cambio y seguir adelante desde allí. [para] “Llegar a un acuerdo”, aseguró.
Mientras ambos ponentes celebraban sus respectivas ruedas de prensa semanales, altos cargos del PSC y ERC se reunieron en el Palau de la Generalitat tras las reuniones de sus ejecutivos. Las partes nunca se han levantado de la mesa y las reuniones, que aceptan a pesar del secretismo, se han intensificado en los últimos días. Sin embargo, las posiciones son idénticas a las de hace unos días. El Gobierno ha aumentado su presión sobre los republicanos, citando, por ejemplo, la necesidad de responder a las consecuencias económicas de la guerra en Irán o la inminente falta de liquidez en las arcas de la Generalitat si no llegan más fondos.
Por su parte, ERC ve cómo se están desaprovechando oportunidades para alcanzar el “camino transitable” que exigen. Para que Cataluña -o la CC AA, que así lo quiera- asuma más responsabilidad en la recaudación, es necesario cambiar tres leyes (la financiación de las Comunidades Autónomas (LOFCA), el modelo de financiación actual). Y la norma 16/2010, que determina los impuestos transferidos a la Generalitat). Hace semanas, en las filas de ERC, la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF) se veía como el lugar ideal para aclarar cómo y cuándo se harían esos ajustes. No es posible convocar antes del viernes ya que el reglamento del consejo establece que se debe convocar con 72 horas de antelación.
El viernes hay cuatro tramos abiertos. La primera es que ERC retire la enmienda, lo que daría un mes de duración a las negociaciones del IRPF. Este es el tiempo de procesamiento hasta la votación final. Es un camino que permitiría a los republicanos mostrar su voluntad de negociar, pero las opciones son limitadas porque se niegan a confiar en la palabra de los republicanos. presidente Salvador Illa como única garantía de que el aumento de la soberanía fiscal se implementará.
La otra es que el gobierno retire el proyecto y lo vuelva a presentar más tarde, con ERC ayudando a aprobar la concesión de crédito. Romero, al igual que Paneque, negó ayer esa posibilidad. «Ya hemos negociado y llevamos 18 meses negociando con ERC (…). Me cuesta creer que necesitemos más tiempo. ¿Cree que el presupuesto cambiaría mucho en dos semanas?» dijo el jefe económico en una entrevista La2. Pese al durísimo revés que esto supondría para el ejecutivo de Salvador Illa, está sobre la mesa el panorama general de la necesidad de proyectos de ley para completar el mandato, no sólo para el año en curso.
El enroque final de ambas posiciones daría como resultado las dos últimas opciones. Que Illa decida pulsar el botón «preelectoral» ya que no es posible llegar a un acuerdo de momento, o arriesgarse al final de una legislatura en la que necesita los votos de ERC y de los ayuntamientos para aprobarlo todo. Y con la prórroga de los proyectos de ley hasta 2023. Aunque el socialista podría repetir victoria, seguramente sería más difícil ser investido y no se puede descartar que un independentismo aún más desunido que nunca recupere una mayoría envenenada por el peso de la xenófoba Alianza Catalana.
