
Hay amores imposibles, los hay posibles, y hay relaciones que aprenden a funcionar a partir de un territorio compartido, aunque no haya violines sonando de fondo ni velas encendidas en la cena. Como es San Valentín, hablemos por un momento de amor y soñemos con una historia concreta, si no de pasión, sí de conexión, para acabar con el odio, el enfrentamiento y la incapacidad de vivir juntos. Los novios no nos lo pondrán fácil, eso está claro, pero está por decirlo.
Algunos imaginamos un país donde el PSOE pueda abstenerse en Extremadura, permitiendo que el PP gobierne sin Vox. En este país, por supuesto, el PP cierra la puerta a la extrema derecha, a la xenofobia, a la homofobia y a otras tantas fobias que se han convertido en las más populares. Como prueba, promete no volver a prohibir a Buzz Lightyear.
En este país, por supuesto, un ministro del PSOE (López) no culpa a un presidente fallecido (Lambán) por el desastre electoral de su compañero candidato (Alegría). Ni siquiera el PP apoya a un alcalde acusado de acoso sexual, sino a la víctima. Tampoco otorga medallas al país de Trump. Sé que esto parece una carta a los Reyes Magos en el momento equivocado, una nueva versión de este señor Scrooge que ante la desgracia que se le viene encima decide cambiar, pero no me equivoco, o no del todo: en el Parlamento andaluz hemos estado pensando esta semana en la mano tendida entre un PP respetuoso y un PSOE. Lo llamamos el Milagro de San Valentín.
Si alguien pudiera enseñarnos el futuro, como este espíritu le enseñó al señor Scrooge, PSOE y PP se apuntarían hoy a este sueño. De hecho, ni siquiera necesitamos que nos lo muestren, porque el futuro ya está aquí en los Estados Unidos y podemos verlo claramente. Allí asesinan a manifestantes, encarcelan a niños, arrestan a trabajadores hispanos en las calles, censuran libros, insultan y torturan redacciones, y hasta Gallup deja de medir el índice de aprobación del presidente, como lo hizo durante 88 años, en medio de la caída de popularidad de Trump. Vemos el comienzo del fascismo.
Lamentablemente, los poderes de Valentín no llegarán muy lejos: el santo sabe que se enfrenta a una época en la que los que más odian seguirán avanzando, pero también sabe que crece el cansancio, el aburrimiento ante un mundo cada vez más enojado. Bad Bunny nos decía estos días: “Lo único más fuerte que el odio es el amor”. Pues: Viva el milagro de San Valentín. Entiéndeme. Y entendernos.
