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    Por qué los protocolos contra el acoso pueden no funcionar | Compañía

    Heberto Corrales DomínquezBy Heberto Corrales Domínquezdiciembre 28, 2025No hay comentarios9 Mins Read
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    «No fueron los primeros ni serán los últimos». Esta sentencia la pronunció hace unos días una socialista -y firmada por media docena más- sobre los casos de acoso sexual que han salido a la luz en su partido el mes pasado: desde las denuncias internas contra el líder Francisco Salazar en el propio Palacio de la Moncloa, hasta el expediente informativo de oficio presentado al miembro del Consejo Ejecutivo Federal Javier Izquierdo tras su dimisión por «motivos personales y familiares», el concejal de Torremolinos, que ha recurrido a la Fiscalía acusaciones contra el presidente de la Diputación Provincial de Lugo, José Tomé, y cómo los trató su partido en Galicia. Y aunque fue el PSOE el que ocupó la mayor parte de los titulares sobre este tema en diciembre, no fue el único. En el PP, la crisis reside entre los alcaldes: José Ignacio Landaluce, de Algeciras; el de Jericá (Castellón), Jorge Peiró, y el de Navalmoral de la Mata (Cáceres), Enrique Hueso. Y en Vox el foco estuvo puesto en su responsable de redes sociales, Javier Esteban Bejarano.

    ¿Sorpresa por el goteo incesante conocido en diciembre? En general, no. Ni en partidos políticos ni en ningún otro ámbito. La última macroencuesta del Ministerio de Igualdad estima que el 36,2% de las mujeres en España de 16 y más años ha sufrido acoso sexual en algún momento de su vida, es decir, más de 7,7 millones. “El acoso sexual está muy extendido: tanto en las organizaciones políticas como en la administración, la sociedad civil, las ONG, todo tipo de organizaciones y por supuesto las empresas”, afirma la abogada Amparo Díaz, especializada en violencia de género. Para ellos, como para otros expertos contactados por este periódico, la clave no está en lo que todos saben, sino en la reacción de las estructuras. Y todos coinciden: nadie está dispuesto a dar esa respuesta.

    “Aunque existe una ideología de igualdad, en la práctica hay un machismo internalizado y normalizado que, en las estructuras de poder, hace muy difícil una respuesta cuidadosa para investigar y defender a las víctimas”, dice Díaz, quien comparte con el resto de especialistas que esto lleva en parte a que las organizaciones en general, sean del tipo que sean, “adopten los protocolos porque así lo exige la ley”, como resume Virginia Gil, directora de la Fundación Aspacia, especializada en violencia sexual.

    En España, y aunque ahora la mayoría habla de acoso y protocolos, existen desde hace años diferentes leyes para prevenir y frenar esta forma de violencia contra las mujeres: desde la Ley de Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres de 2007 hasta la Ley de Libertad Sexual de 2022, que prevé específicamente la necesidad de un “Protocolo para prevenir, detectar y combatir la violencia machista” en las organizaciones y partidos sociales. De las formaciones con representación parlamentaria, sólo una no cuenta con este instrumento interno: el PP.

    El resto, desde el PSOE hasta Vox, PNV o Coalición Canaria, lo tienen. Sin embargo, se diferencian tanto en el momento de su actividad como en los procedimientos. Algunos lo activaron hace años, como Podemos (2018), ERC (2019), BNG y Junts (2021) y EH Bildu (2022). Otros han hecho actualizaciones, como los Comunes, que lo modificó en 2023 y prevé una nueva revisión en 2026, o Esquerra, que actualmente se encuentra en ese proceso. Y hay varios más recientes, como el de Izquierda Unida de mayo de 2024; el de Sumar, de enero de este año; la del PSOE, también a partir de mayo de 2025; y el PNV, que lo aprobó el 13 de diciembre y ya contaba con las herramientas recogidas en su código ético.

    Muchas tramitan las denuncias a través de las llamadas comisiones de garantía de sus estructuras, como Junts; otros cuentan con órganos específicos, como el PSOE; Algunas son más detalladas, como la de Izquierda Unida, y otras son más generales o, como las de extrema derecha, hablan de “la violencia sexual como un riesgo laboral más”. Algunos son fáciles de encontrar en las páginas web de los propios partidos, otros son imposibles de encontrar, como la Unión del Pueblo Navarro. Algunos admiten que han recibido casos, como Podemos o EH Bildu (aunque nadie da cifras), y otros aseguran que nunca han tenido que activar el protocolo, como el BNG.

    Sea como fuere, dicen los especialistas, hay diversos problemas en los que estos protocolos fallan, ya sea en empresas, organizaciones o instituciones, y para ellos son vulnerabilidades importantes por lo que nunca podrán ser plenamente efectivos. El primer problema, fundamental, ya señalado, es que se hacen por obligación y, por tanto, «muchas veces son un copia y pega de un protocolo básico que no ha sido personalizado», afirma Gil, de la Fundación Aspacia. Es decir, la elaboración de los protocolos no siempre la llevan a cabo profesionales en la materia, lo que en ocasiones provoca que “la institución en cuestión no suele saber que el protocolo ni siquiera se adapta a su propia realidad hasta que se enfrenta al primer caso de acoso”, explica Gil.

    Elena Saura y Cynthia Bartolomé, dos expertas de la consultora de políticas públicas Red2Red, están relacionadas con la implementación de estos protocolos, que “no siempre se difunden internamente con la precisión y amplitud necesarias cuando deben ser no sólo completamente públicos sino también accesibles” y a los que, además, “había que sumar una mínima formación básica sobre con quién contactar, qué precauciones tomar o cuál será el procedimiento”. ser así”. Dicen que a menudo no hay presupuesto asignado para desarrollar, implementar y gestionar estos protocolos: «Y eso significa cero participación real».

    El obstáculo más común: el miedo.

    Y pese a todas las carencias técnicas o logísticas que pueden presentar estos protocolos, Gil recuerda cómo se supera el mayor obstáculo para cualquier tipo de violencia machista: «El miedo generalizado de todas las mujeres a que no les crean cuando expresan violencia sexual». En los casos en los que se produce en el ámbito profesional, «de esta redacción puede depender el puesto de trabajo o la carrera profesional, y eso supone poner en riesgo la propia viabilidad económica o la de tu familia», añade Gil, centrándose en lo que ocurre cuando se ha decidido denunciar y no se ha encontrado apoyo: «A veces las víctimas denuncian que el acosador sigue en la organización en cuestión y fueron ellas las que tuvieron que irse».

    Y aunque esto, que constituye una represalia contra las víctimas de acoso, está prohibido en todos los protocolos de los partidos, por ejemplo, sigue sucediendo o se teme que pueda suceder. Una de las mujeres que presentó una denuncia interna contra Paco Salazar a través del canal facilitado por Ferraz lo hizo pidiendo prestado un ordenador y desplazándose a otra comunidad autónoma, por lo que el lugar que se pudo determinar no era su lugar habitual. Los expertos se preguntan cuál podría ser el motivo de esta extrema precaución si no fuera por el miedo a lo que podría derivarse de esta denuncia.

    Este es el caso, dicen Saura y Bartolomé, de las grandes organizaciones, «donde la confidencialidad puede ser más fácil, pero ¿qué pasa con las más pequeñas? Allí, el miedo a las represalias es brutal, no sólo para las víctimas, sino también para las personas que presenciaron el acoso y también tienen que dar su testimonio». Y Bartolomé añade: “El miedo incluso a que la persona a quien hay que denunciar el hecho sea el agresor, o un amigo del agresor, o que no quede del todo claro si esa persona es cercana al agresor”.

    Se debe garantizar la confidencialidad al 100% para todos. “Desde los canales a través de los cuales se realiza la denuncia hasta las salas de reuniones donde reunirse para discutir el tema o incluso plantearlo fuera de la organización o lugar de trabajo”, explica Saura.

    En las actas del partido ahora se garantiza la confidencialidad, al menos en papel. Y en muchos casos la denuncia se puede hacer de forma totalmente anónima, como es el caso del PSOE, que ya baraja la posibilidad de cambiar esta cuestión tras analizar qué pasó con las denuncias contra Salazar, paralizadas desde hace cinco meses. Explicaron que ese anonimato era parte de la dificultad para investigar lo sucedido, ya que no sabían de dónde vino. En Vox este problema no existe inicialmente. Sus actas establecen que “las quejas deben permanecer secretas pero no anónimas”.

    En cualquier caso, sostienen los expertos, lo más importante es dónde y cómo se crearon estos protocolos. «Cómo prepararlos, desde el compromiso, con toda la información, la consulta desde el primer minuto a todos los niveles y la implementación de este proceso participativo y con canales de comunicación interna muy explícitos. Con personal capacitado para entender esta violencia y atender a las víctimas, y con un equipo de varias personas, que el comité que tiene que recoger las denuncias no esté formado por una sola persona, que eso no parece que suceda, pero en la práctica a veces sucede, sobre todo en estructuras pequeñas, y eso es un error garrafal».

    Para Gil de la Fundación Aspacia, la clave es la exteriorización: “La mejor manera de dar respuesta a las víctimas es crear una estructura externa para que el foco esté en las necesidades de las mujeres y no en las necesidades de las organizaciones. Y que la gente interna no sea la que tenga que decidir si presta o no atención a una cosa u otra, porque la subjetividad siempre va a jugar un papel. Pensamos, ‘no puedo creer que sea así, que este señor que es amigo mío o quién es’. es.’ mi pareja o «Ese es mi ‘No sé qué hizo eso'». Y la respuesta a las víctimas no puede depender de la capacidad de una persona para aceptar que sí, a veces estos señores, amigos o colegas o lo que sea, hicieron esto”.

    Con información de Sonia Vizoso, Miquel Noguer, Mikel Ormazabal y Paula Chouza.

    El teléfono 016 atiende a las víctimas de violencia machista, a sus familias y a su entorno las 24 horas del día, todos los días del año, en 53 idiomas diferentes. El número no quedará registrado en la factura del teléfono, pero la llamada deberá eliminarse del dispositivo. También puedes contactar con nosotros vía email [email protected] y vía WhatsApp al 600 000 016. Los menores pueden contactar con la Fundación ANAR al 900 20 20 10. En caso de emergencias pueden llamar al 112 o a los teléfonos de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062). Y si no puedes llamar, puedes utilizar la aplicación ALERTCOPS, desde la cual se enviará una señal de alarma con geolocalización a la policía.

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