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Desde hace algún tiempo, el debate público en España apenas trata temas teóricamente explosivos como los altos precios inmobiliarios, los servicios públicos o las relaciones internacionales. Lo que domina cada día las disputas partidistas o las reuniones políticas son las decisiones judiciales, las acusaciones, los veredictos y el comportamiento de tal o cual juez. Es como si el centro de la conversación política se hubiera trasladado de las sedes del Parlamento a los escaños de los tribunales.
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