
Feliz año nuevo electoral, querido lector. Aunque en realidad ya ha empezado en Extremadura, a partir de ahora todo será un recorrido hasta llegar al destino final de la clasificación general. Lo malo de este proceso electoral en cadena es que al final pierde esa cierta magia que siempre tiene el ejercicio del derecho al voto. Me refiero a la cercanía que de repente tienen los políticos con los ciudadanos y que ahora se centran en dejarles claro que realmente se preocupan por ellos, con esta continua subasta de servicios y prestaciones públicas, con historias en las que prima el impulso competitivo por ver quién ofrece más o incluso es más digno de representarnos. Pero el peligro de estos prolongados procesos electorales es que lleguemos al final del viaje exhaustos, hartos e incrédulos ante tanto ruido. Estamos cansados de repetir las mismas consignas y estamos saturados de tanta carga afectiva como requiere la polarización en la que nos encontramos.
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