La muerte de seis jóvenes al desplomarse este martes una pasarela de madera entre acantilados en la zona norte de Santander ha sacado a la luz el polémico proyecto del sendero litoral de 10 kilómetros desde el faro de Cabo Mayor hasta Virgen del Mar, que acabó en el limbo sin que ninguna administración se responsabilice del siniestro. La Demarcación Costera comenzó la construcción del sendero en 2014, pero la fuerte oposición de los vecinos llevó a que el trabajo se detuviera ese mismo año. El ayuntamiento había prometido continuar las obras una vez terminadas, pero afirma que nadie le informó de su finalización. En los restos de la estructura de la que cayeron los adolescentes se pueden ver manchas rojas de óxido alrededor de los lugares donde se fijan los tornillos o anclajes. El juez que investiga el caso ha pedido a las dos administraciones que faciliten toda la información sobre este proyecto.
En la capital de Cantabria hay un notable debate cívico sobre el abandono generalizado de infraestructuras y equipamientos municipales y el descuido del patrimonio urbano, especialmente los del litoral, como los bajos del restaurante Rin en el Sardinero, la duna de Zaera junto al puerto deportivo de Gamazo o los galeones del marinero Vital Alsar en la península de la Magdalena. Quizás por ello, anunció este viernes la alcaldesa Gema Igual (PP), en la misma comparecencia en la que informó a los agentes de la policía local, que no habían atendido una llamada de emergencia al 112 recibida 28 horas antes de la tragedia sobre la peligrosidad de la pasarela mortal, de la apertura de un expediente para que crearan «un mapa» para explicar a los ciudadanos de qué administración depende cada infraestructura. “Los 34 kilómetros de terreno de Santander no son responsabilidad de todo el ayuntamiento”, afirmó.
La alcaldesa admitió que su policía local no había logrado sellar el puente de madera de El Bocal derrumbado, pero insistió en que su administración no era responsable. «No necesito convencer a nadie de que no se ha completado. En 2024, Costas actuó en las rutas este y oeste de El Bocal. Es responsabilidad de Costas».

La Demarcación de Costas, dependiente del Ministerio de Transición Ecológica (PSOE), se negó a dar explicaciones. El departamento fija el inicio del proyecto en un acuerdo de 2003 entre el ayuntamiento y la administración general del estado. Fuentes del ministerio aseguraron el viernes que «diversas declaraciones» del ayuntamiento «no se corresponden con la realidad» y que «habrá oportunidad de aclaración» con «toda la información disponible».
Mientras se realizaba un amplio operativo para buscar a Elena SP, la joven de 20 años que desapareció tras caer a la grieta, el ministro de Medio Ambiente, Hugo Morán, pidió dejar el trabajo a los investigadores. “Las causas no se conocen. [del desplome]»Y sin ellos, es difícil encontrar a los responsables», dijo el miércoles. Ante la presión de los periodistas, el funcionario gubernamental dijo: “La responsabilidad de la seguridad de todos los ciudadanos recae en los tres gobiernos”.
“Si el camino nos hubiera llevado a todos con un nivel importante de madurez, las cosas se habrían hecho de otra manera”, se queja Santiago Sierra, expresidente de la asociación de vecinos de Cueto y una de las personas que encabezó la asamblea en defensa del camino litoral, un movimiento ciudadano que luchó contra el proyecto porque no respetaba las especificidades de la zona y no parecía seguro. “La obra parecía buscar lugares simbólicos, muchas veces intransitables y donde el mar era muy violento”, afirma Sierra. Entre las medidas más criticadas estuvo la instalación de barandillas de madera adosadas a la costa, que trastocaban la estética del paisaje y animaban a acercarse a lugares imposibles o pasarelas como la de El Bocal. El grupo liderado por Sierra pidió la retirada de la acera, que resultó mortal esta semana. Es uno de los puntos más peligrosos, junto con un mirador costero y dos aceras en el mismo camino que el ayuntamiento mandó sellar esta semana, señala Sierra. De hecho, la demarcación costera llevó a cabo un proyecto en 2016 que preveía la eliminación de la pasarela de El Bocal, pero nunca se ejecutó.

Hasta que surgió la idea de este proyecto en 2003, con Gonzalo Piñeiro (PP) como alcalde y José María Aznar en el gobierno, el viento y el salvajismo del mar en el norte de Santander habían conservado las características de pueblos como Monte y Cueto, por donde pasa esta carretera. Esta parte desconocida de Santander, en su mayor parte rodeada de acantilados, tiene un aspecto irlandés. Las rocas dan paso a granjas cubiertas de hierba delimitadas por muros de piedra seca. Todavía se cría ganado, existe la tradición de cultivar viñedos y secar al aire libre la caloca, alga utilizada para productos cosméticos, en los puestos de los vecinos.
Lo que antes era “la parte trasera de la ciudad” empezaba a ponerse interesante, señalan sus vecinos. Durante la pandemia recibieron más visitas de caminantes y también llegaron nuevos residentes. La zona impulsada por la Región Turística de Santander también forma parte de la Costa Quebrada, un geoparque que abarca 20 kilómetros de costa entre Santander y Miengo y que fue reconocido oficialmente en abril de 2025 por sus singulares acantilados, dunas y formas geológicas. El Geoparque se basa en una estructura local y autonómica, liderada por el Gobierno de Cantabria y apoyada por un comité gestor.
«Santander está en un momento en el que quieren exprimir todos los recursos posibles de la ciudad. Si hay que poner un McDonald’s en un mercado histórico, que lo diga», afirma el periodista Óscar Allende del diario digital elfaradio. «Ante la imposibilidad de parar por cuestiones urbanísticas, a pesar de los deseos e intentos que han tenido en el pasado, lo han dejado parado sin quejarse jamás. Es decir, el ayuntamiento ha discutido con el Estado a lo largo de los años sobre muchas otras infraestructuras, pero ésta no», añade.
El problema es que aunque se lanzan proyectos para utilizar fondos, no se llevan a cabo verdaderos procesos de participación ciudadana, concluyen tres personas vinculadas a los movimientos cívicos de la ciudad, que piden el anonimato. Apuntan a infraestructuras como la construcción de espigones en la playa de la Magdalena o el soterramiento de vías férreas, en las que también están implicadas varias administraciones. No hay voluntad de reconsiderar los proyectos y cada aportación o crítica se presenta como “todo o nada”, subrayan.
