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La repentina muerte de José Tudela Aranda el pasado sábado causó profunda consternación en el mundo del derecho constitucional y la ciencia política; en España y fuera de ella, única en Latinoamérica, donde impulsó importantes iniciativas.
Pepe Tudela, como le llamaban, nació en Madrid hace 63 años. Doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas, aceptó la plaza de abogado en las Cortes de Aragón y se trasladó a Zaragoza, donde, junto a su querida Pilar, construyó el proyecto de su vida y desde donde desarrolló una actividad profesional extraordinariamente fructífera.
En las Cortes de Aragón, donde ejerció como abogado senior (1995-2003), desarrolló una profunda relación profesional y personal con quien determinaría su futuro: Manuel Giménez Abad. El asesinato del abogado y político aragonés a manos de la banda terrorista ETA en 2001 impulsó a las Cortes a crear la fundación que lleva su nombre. Ya entonces, Pepe Tudela fue nombrado secretario general, cargo que ocupó ininterrumpidamente hasta su muerte. Su gran acierto estratégico fue fijar unos objetivos para la Fundación que, en el contexto de las inquietudes de Giménez Abad, fueron decisivos para promover una continua renovación de su memoria en cada una de las actividades organizadas.
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Impulsado por su vitalidad y su constante deseo de crear espacios de diálogo y reflexión plural, la labor desarrollada por Pepe al frente de la Fundación ha otorgado a Zaragoza la condición de centro de referencia indiscutible de nuestro derecho constitucional. Sin sus iniciativas, sus ideas y sus ideales, la fundación es difícil de entender.
Pepe combinó su inagotable capacidad emprendedora con una condición humana que le permitió aglutinar sin exclusiones a personas de un espectro muy amplio, escapar del sectarismo y unir fuerzas. Así lo demuestran las diversas colaboraciones que la empresa ha establecido desde su fundación.
Muy destacable fue su labor encaminada a promover la presencia de académicos españoles en foros internacionales donde estaba en juego la credibilidad de nuestro país como sistema democrático, superando en ocasiones la incomprensión de quienes más deberían ser conscientes de su importancia.
Su colaboración con el Foro de Federaciones ha llevado el análisis de la realidad autonómica española a un nivel internacional, al igual que los encuentros con la Fundación Friedrich Ebert. Porque Pepe Tudela fue un firme defensor de la descentralización política y una persona que contribuyó activamente a su investigación y debate. Otra de sus principales preocupaciones fue el Estado de derecho y los desafíos que enfrenta actualmente. Su compromiso activo con la democracia constitucional se puede ver en su lamentablemente último trabajo: En defensa del Estado de Derecho. Los seminarios organizados junto con la Fundación Konrad Adenauer sobre un tema tan complejo, que tuvieron lugar primero en Altea (Alicante), luego en el Monasterio de Piedra y en 2025 en Calatayud (Zaragoza), han supuesto una importante contribución a la tarea, aún poco desarrollada en España, de promover el diálogo entre el mundo académico, el político y el mediático.
Una expresión directa de su compromiso activo con la universidad pública y su relevo generacional es la iniciativa “Nuevos Horizontes”, que, bajo el liderazgo de Pepe Tudela, ha creado un espacio fértil para encuentros y debates entre jóvenes investigadores de derecho constitucional que finalizan sus tesis doctorales y académicos consagrados.
Pero Pepe tenía otras aficiones que iban mucho más allá de lo académico. Su pasión eran los viajes más inverosímiles. Cada año él y Pilar nos sorprenden con nuevas aventuras. Viajes donde dio rienda suelta a su pasión por la fotografía y la literatura. Buena prueba de ello es su sugerente libro. Viaje a Irán. Los azulejos negros del desierto.
Dicen que nadie es importante. Así será. Pero la ausencia de Pepe Tudela nos trae, especialmente a quienes trabajamos en derecho constitucional y ciencia política, un futuro con un enorme vacío humano e intelectual. Y como canta un viejo sevillano: «Algo muere en el alma cuando un amigo se va. Y deja una huella que no se puede borrar».
