
Dónde se juega el juego. No debería ser un comienzo pretencioso ni provocativo. Si se lee el contexto políticamente, es obvio que la entrada de Vox en el gobierno estatal y, por tanto, la consolidación de una tendencia hacia la derecha radical sólo podrá frenarse si se utiliza inteligentemente en los ámbitos de izquierda y triangulación plurinacional más allá del PSOE. Y eso tiene que ver con formular proyectos, programas y liderazgos sólidos y creíbles, pero también con una buena estrategia electoral.
Esto no libera a los socialistas de su trabajo. Toni Domènech da una pista. en el tuyo El eclipse de la hermandad Escribe que Azaña tenía razón acerca de la alianza republicano-socialista de 1931: era la única posible en el contexto de importantes desafíos históricos. Se necesitaban avances emancipadores radicales que llegaran a la raíz de los problemas, tanto desde una perspectiva normativa (gobernar para lograr cambios) como instrumental (para proteger el apoyo de los ciudadanos al nuevo proyecto). Algo similar está sucediendo hoy.
Antes de entrar en materia, una pregunta preliminar. Es lógico que para algunos actores sea importante debatir políticamente (no moralmente, para no confundirse) cuando la batalla ya está perdida. Sin este punto de partida, las propuestas que circulan en público tendrían poco sentido. Es recomendable empezar por el principio y pensar más allá de las redes sociales, los medios y los eventos públicos para diagnosticar la situación actual. De este diagnóstico se derivan procesos y concreciones.
Desde nuestra perspectiva periférica, la actual depresión del área progresista de Madrid crea un microcosmos que promueve opiniones extremadamente pesimistas. Y no es nada nuevo. Ya en 2022 y durante diversas visitas a la ciudad, notamos entre analistas, dirigentes de partidos y profesores de diferentes sensibilidades de izquierda un ambiente de negatividad que se alejaba de una realidad política mucho más compleja y que podía contener elementos de esperanza.
El momento es serio. El avance de la derecha radical y los esfuerzos de desdemocratización en el mundo son una realidad. Los estados nacionales desempeñan un papel relativo, pero aún lo desempeñan. Dada la voluntad explícita de cambiar las reglas del juego, el consenso básico, no es poca cosa negar la existencia de gobiernos cuya lógica funciona bien con los actores políticos y sociales y que se erigen como estandartes de la democracia, los derechos humanos, el Estado de bienestar, la protección del clima o el derecho internacional. No podemos evitar intentarlo: también se crean ventanas de oportunidad.
La respuesta neokeynesiana de Europa a la crisis del Covid-19 es un claro ejemplo. Y España, con un gobierno de coalición de los socialistas y Podemos, jugó un papel importante a la hora de determinar la dirección de la región. Un mayor gasto público (estatal y comunitario) fue la respuesta a la crisis y ofreció un horizonte para el futuro. En las elecciones, que se desarrollarán a lo largo del período 2020-22, la reacción retrocede, castigada por su egoísmo y su negación. Esto cambia con los tambores de guerra, un entusiasmo militarista que contó con destacados oradores en la opinión publicada.
No es baladí quién está en qué momento y en qué lugar. No se trata de personas, se trata de agendas. ¿Se habría profundizado el cambio social sin Pablo Iglesias en el gobierno en 2020? Nunca lo sabremos, pero invita a la reflexión. Quienes escribimos este artículo no somos parte del juego de partidos, pero entendemos que sería de gran interés armar un programa político que facilite puntos de encuentro, producción e imaginación más allá de los actores específicos. Identificar y crear agendas compartidas entre formaciones.
Es la triangulación de izquierda y plurinacional la que hace posibles gobiernos y coaliciones progresistas a partir de 2018. Pero a todos los sectores, excepto al PSOE, les resultó difícil impulsar la dinámica de cooperación. Se jugó pequeño. Tejer horizontes de esperanza en un contexto de complicidad y confianza es un desafío primordial, porque el conflicto y la contención son inherentes a la vida política, pero permanecer en ellos por mucho tiempo genera insatisfacción. Al igual que las tácticas excesivas o la obsesión por la comunicación instantánea.
Estas agendas comunes sólo pueden ser efectivas si dan un buen posicionamiento al evento electoral. ¿Cómo funciona? No hay una fórmula mágica, sino dos ideas básicas. El primero son las complicidades y confianzas que hemos señalado. No jugamos individualmente por un puesto arriba o abajo, sino sobre todo por un resultado común. El segundo es saber exactamente cómo funciona el sistema electoral: de los 52 distritos electorales, sólo unos pocos son proporcionales, lo que invita a la cooperación. Actuar con bisturí, como lo hizo Zohran Mamdani en su carrera por la alcaldía de Nueva York. Generosidad y buen análisis.
Finalmente, resaltar la peculiaridad del caso español: la salvaguardia contra la tendencia hacia la derecha radical era la plurinacionalidad. Siguiendo una lógica similar al Pacto de San Sebastián, la derecha nacionalista periférica ha preferido asegurarse una opción de esperanza antes que de reacción. La izquierda soberanista se consolida como sólidos proyectos de transformación en varios territorios. Los proyectos políticos con arraigo mantienen la confianza de los votantes. Probablemente la iniciativa de 2027 tendrá que hilar desde la plurinacionalidad, la imaginación y la dinámica de la hermandad.
