
Organizaciones agrarias y patronales rurales se han felicitado por la extraordinaria legalización anunciada por el Gobierno de casi 500.000 extranjeros que ya se encuentran en España. Creen que el sector primario es el que más puede beneficiarse de este proceso. CC OO estima que la medida puede beneficiar a casi 200.000 inmigrantes que ahora trabajan en situación irregular, mientras que UGT cree que la medida permitirá la aparición de una economía sumergida, que ayudará, por ejemplo, a incrementar las pensiones sociales.
El sector venía alertando desde hacía tiempo sobre la escasez de trabajadores para la cosecha, en particular la dificultad de encontrar trabajadores cualificados para la maquinaria agrícola y trabajadores cualificados. “Es un problema estructural, era urgente la legalización de los trabajadores extranjeros que llevan mucho tiempo con nosotros y no pueden ser contratados”, dice a este periódico María Morales, presidenta de Asaja en Sevilla. Esta organización cree que la regularización acortará de dos años a cinco meses el tiempo necesario para instalarse en el país antes de obtener un permiso de trabajo y residencia. Aunque solo aplica para quienes llegaron antes del 31 de diciembre, el plazo se ha fijado para esta fecha.
La Unión de Pequeños Agricultores (UPA) también saluda la medida porque el país “necesita trabajadores para traer la cosecha y cuidar a los animales” y porque “las ciudades necesitan migrantes con todos sus derechos y responsabilidades que les permitan acceder a un contrato digno”.
En los últimos meses, la escasez de mano de obra rural se ha agravado en zonas de la llanura sevillana del Guadalquivir por la coincidencia de la recolección de cítricos, aceituna de mesa y elaboración de aceite. Sólo la recolección de la aceituna y la campaña del aceite generarán este año alrededor de 32 millones de salarios, casi 19 de ellos en Andalucía. Sin embargo, muchos empresarios alertaron de las dificultades para recoger sus cultivos por la falta de personal, y en Extremadura la falta de mano de obra está obligando a cambios en la producción agrícola, provocando incluso el abandono de las campañas frutícolas en favor de cultivos más mecanizados como los cereales.
Al cierre de 2025, el Sistema Especial Agrario (SEA) contaba con un promedio de 248.217 afiliados extranjeros, un 2,8% más que en el mismo mes de 2024, lo que eleva la participación de este grupo al 36,91% del total de personas que integran este régimen. En cuanto a nacionalidad, la mayoría de filiales extranjeras en el SEA proceden de Marruecos (105.415 personas), Rumanía (37.364) y Senegal (20.400); Las regiones con más sucursales en el extranjero son Andalucía (107.919 sucursales, de las cuales 41.580 en Almería), la Región de Murcia (47.518) y la Comunidad Valenciana (31.885).
Sin embargo, a pesar de que la última EPA cifraba el desempleo en la agricultura en 133.000 personas (la población activa es de 747.000), cada vez se eliminan más puestos de trabajo rurales, en parte debido a la mecanización del sector, pero también porque muchos jornaleros no pueden trabajar porque es incompatible con la recaudación de subvenciones o de ingresos agrícolas.
El almeriense Andrés Góngora, miembro de la junta directiva de COAG, sabe perfectamente la importancia que tienen los trabajadores extranjeros en la agricultura. «Esta es una petición de nuestra organización agrícola desde hace mucho tiempo, especialmente teniendo en cuenta la escasez de mano de obra que a veces experimentamos en el campo». Góngora exige más información sobre el proceso de regulación migratoria y pide una mesa de diálogo agrario en el Ministerio de Trabajo para que “esta nueva fuerza laboral encaje en la actividad principal”.
Más allá del proceso de regularización de inmigrantes, hay organizaciones que proponen otras medidas para abordar la falta de activos en la agricultura. Este es el caso de Asaja, que, como alternativa para atraer trabajadores al campo, propone aumentar las 30 horas de trabajo que ahora se requieren para generar ingresos agrícolas y también permitir que los trabajadores mayores de 52 años trabajen y reciban los subsidios al mismo tiempo, lo que les permitiría una mayor cotización y por tanto mejores pensiones.
“No hay relevo generacional porque los mayores no salen del país porque sus pensiones son ridículas, lo que les obliga a seguir trabajando después de los 65 años”, afirmó Ignacio Rojas, un agricultor de Jaén. En esta provincia, los 50.000 salarios obtenidos en el marco del plan especial de empleo se computan para los subsidios agrícolas.
