
A las ocho de la mañana, antes de empezar a trabajar, su jefe le había repetido hasta la saciedad: “No te acerques al mar”. Eran órdenes estrictas. la tormenta cristina Este miércoles el país se vio afectado y Ceuta estaba en alerta. Lorena Becerra, empleada de la empresa municipal de limpieza Servilimpce, tuvo que caminar desde el paseo marítimo hasta la playa del Tarajal, la más cercana a la frontera con Marruecos. Fue un viaje familiar, repetido muchas veces desde que inició su trabajo el pasado mes de septiembre. Justo cuando llegaba a la playa, aún en la camioneta, divisó una cabeza exhausta y unos brazos que apenas se mantenían a flote entre las olas. Era un migrante menor que había cruzado la frontera nadando y estaba débil. Becerra corrió hacia el mar para salvar su vida.
“La cabecita cayó, así que sin pensar abrí la puerta del auto y corrí hacia allí con dos compañeros”, relata Becerra, quien aún se muestra muy preocupado por la salud del menor. «¡Ayuda! ¡Ayuda! No puedo salir», gritó el niño desesperado. “Abrázame”, repitió Becerra, pero estaba exhausto y no pudo aguantar otro golpe. Luego, la trabajadora se metió en el agua hasta la altura del pecho y formó una cadena humana con sus compañeros para no ser arrastrada por la corriente. Logró tomar la mano del niño y arrastrarlo hacia el banco.
Salió del agua inerte y tembloroso. Estaba lloviendo y sólo llevaba un traje de neopreno corto, unos calcetines y unas chanclas, por lo que le regalaron una de las chaquetas que llevaban para que se protegiera del frío. “Cuando salimos del agua lo abracé y eso lo calmó. No paraba de repetir: ‘Gracias señora’”, cuenta Becerra, quien llora al relatarlo. Ella le dijo: «Todo está bien, cariño. Cálmate».
Aunque el niño había cruzado la frontera nadando y desembarcado en medio de la tormenta, estaba preocupado por su compañero. Miró al mar y repitió: “Hay otro compañero”. «Hubo un momento de tensión, mis compañeros estaban arriba y tuvimos que salir para seguir trabajando. Él caminaba por la playa buscando a su amigo», cuenta Becerra. La empleada municipal pasó 24 horas sin volver a saber de él ni saber dónde estaba, si podía encontrar a su pareja y si se encontraba bien. La preocupación la invadió y no pudo mantener la calma hasta que Cruz Roja de Ceuta confirmó que estaban atendiendo al menor, que ahora se encuentra en uno de los centros de la ciudad.
Fuentes de la Consejería de Servicios Sociales de la ciudad autónoma aseguran que más de 30 menores han llegado a Ceuta nadando desde el pasado viernes. “Cuando la mar está mala las patrulleras marroquíes no suelen salir, por lo que los menores se lanzan al agua para intentar llegar a la costa de Ceuta”, indican las mismas fuentes. La ciudad se encontraba este miércoles en alerta por el oleaje.
El menor, que se encuentra resguardado en uno de los centros para niños inmigrantes habilitados por el Ayuntamiento de Ceuta, será sometido a diversas pruebas médicas que determinarán su edad. Este proceso puede tardar semanas. La ciudad autónoma tiene un sistema de cuidado infantil tenso. Actualmente se atiende a más de 400 personas, aunque hay plazas para 132 personas que pueden ser atendidas dignamente.
