
Medio siglo después de la muerte de Franco, las huellas de la dictadura siguen ahí. Algunos son visibles, como los monumentos (el más espectacular es el Valle de los Caídos, rebautizado). por Cuelgamuros) y las placas colocadas en innumerables propiedades de toda España. Otros, invisibles, se reflejan en la falta de arraigo en prácticas y costumbres comunes en las democracias con mayor tradición. Y también hay aquellas que pasan desapercibidas, como las normas del franquismo, que se entrelazan con la legislación democrática hasta el punto de confundirse con ella. La Constitución ordenaba derogar “cualquier disposición que la contradiga”, pero eso no impide que más de 150 leyes o decretos de la dictadura, muchas de ellas firmadas por Franco, sigan vigentes, total o parcialmente, según el registro del BOE, al no haber sido derogadas expresamente por otra norma ni anuladas por los tribunales. Las órdenes o resoluciones vigentes se cuentan por centenares.
Estos son algunos de los más importantes:
Secretos para siempre. Desde la muerte de Franco, se ha intentado sin éxito media docena de veces reformar la ley de secretos oficiales. La norma actual fue adoptada en 1968 y revisada en 1978 antes de que se adoptara la constitución. Además de asignar autoridad a un organismo extinto, el Estado Mayor Conjunto, carece de un mecanismo de divulgación automática que haga públicos los documentos clasificados después de un cierto período de tiempo, como es el caso en la mayoría de los países occidentales. Esto significa que una vez clasificados quedan encerrados para siempre, lo que supone un agujero negro para los historiadores que estudian la historia reciente de España. Luis Manuel Miranda, abogado de las Cortes y autor del estudio Secretos de Estado y transparencia. La difícil convivencia entre poder y derecho, La reforma legal se considera “urgente” porque, además de los motivos mencionados, también es necesario uniformar las categorías de clasificación a las de la UE y la OTAN y limitar las cuestiones clasificables al estricto ámbito de la seguridad nacional. El pasado mes de julio, el Consejo de Ministros envió a las Cortes el proyecto de ley sobre información clasificada, derogando el anterior. Sin embargo, no está claro si tiene mayoría en el Congreso para aprobarlo.
La ley de prensa de Fraga. La Ley de Prensa e Imprenta de 1966 sigue vigente, aunque drásticamente reducida. El texto contiene referencias a la Fuero de los españolesuna de las leyes básicas del franquismo, o las “expresiones secretas”. Aunque esto teóricamente abolía la censura que había prevalecido anteriormente, el reglamento estipulaba que diez ejemplares de cada periódico debían depositarse diariamente antes de su distribución en el registro del Ministerio de Información y Turismo, encabezado por Manuel Fraga, quien se convertiría en el fundador de AP, antecesor del Partido Popular, tras la muerte de Franco. Esta disposición fue declarada inconstitucional en 1983. La ley también establece que los directores de medios deben ser españoles, tener el título de periodista y estar inscritos en un registro oficial que ya no existe. Fraga es también el padre del Estatuto de la Profesión Periodística de 1967, revisado en 1976, según el cual son periodistas aquellos que son licenciados en periodismo, están inscritos en el citado registro y son miembros de la profesión que deben acreditarse con una tarjeta oficial. «En el desempeño de su misión, el periodista debe observar las normas de la moral cristiana y permanecer fiel a los principios del movimiento nacional y a las leyes fundamentales del Estado», dice el apéndice «Principios generales de la profesión periodística».
Medallas para policías corruptos y torturadores. La concesión de medallas a los miembros de la Policía Nacional sigue estando regulada por una ley de 1964, la Ley de Honores Policiales. Además del uso de términos anacrónicos como “Ministerio del Interior” o “Policía del Gobierno”, la norma tiene un grave vacío: no prevé un procedimiento para retirar los premios otorgados en caso de sanción o condena de los ganadores. Esto ha llevado, por ejemplo, a que los agentes de los llamados Brigada Patriótica, involucrado en el maleta de cocina Por espiar al ex tesorero del PP, Luis Bárcenas, para evitar que difundiera información comprometedora para el partido, siguen disfrutando de sus medallas y de la pensión vitalicia y acumulable asociada: un total de unos 16.000 euros al año. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, tuvo que recurrir a la aplicación directa de la Ley de Memoria Democrática para retirar póstumamente las medallas concedidas al policía franquista Antonio González Pacheco, alias billy el niñouno de los miembros más destacados de la policía política de la dictadura, acusado de utilizar sistemáticamente la tortura contra opositores encarcelados.
Tribunales honoríficos para diplomáticos. La carrera diplomática sigue regida por un decreto que data de 1955, ya que el decreto adoptado en 2014 fue anulado por el Tribunal Supremo porque en su preparación no se siguió el procedimiento de consulta obligatoria a los sindicatos. El texto actual rezuma ideología y anacronismo franquista: menciona el movimiento nacional y los «territorios españoles en el Golfo de Guinea y las posesiones españolas en África» y dedica un capítulo entero a la regulación de los tribunales de honor, expresamente prohibidos por la Constitución, con el objetivo de juzgar a los diplomáticos cuyo comportamiento privado los hace «indignos de desempeñar las tareas que les corresponden». La Asociación de Diplomáticos Españoles (ADE), mayoritaria en la carrera, envió una carta al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el 30 de octubre pidiendo que esta norma sea sustituida urgentemente por un régimen nuevo, moderno y plenamente democrático.
Entre las normas franquistas que siguen vigentes, aunque algunas de ellas han sufrido numerosos cambios, se encuentra la ley de P.ej. la Expropiación Obligatoria de 1954, la Ordenanza sobre Servicios de Autoridades Locales de 1955, la Ley de Funcionarios Civiles del Estado de 1965, la Ley de Minas de 1973, la Ley de Colegios Técnicos de 1974 o la Ley por la que se establece el Cuerpo de Farmacéuticos de Sanidad Nacional de 1975. Todavía en mayo de 1976, casi seis meses después de la muerte del dictador, el BOE seguía publicando algunas normas como instrumentos para la ratificación de convenios internacionales, firmados por «Francisco Franco Bahamonde. Jefe del Estado español. Generalísimo de los Ejércitos Nacionales».
