
Es el 26 de marzo de 2019. El dimitido Comisario Enrique García Castaño está sentado en un salón vacío de la Audiencia Nacional. Ante él se encuentran el juez de instrucción Manuel García-Castellón; y a su derecha los fiscales Ignacio Stampa y Miguel Serrano. “Me gustaría ampliar más cosas”, afirmó el agente retirado de la Policía Nacional, al que todos en el Cuerpo conocían por su apodo el hombre gordo. Un personaje extraño (espontáneo, mudo, sugerente…) que apenas unas semanas antes había admitido haber montado la Operación Kitchen y que, ahora que el lazo a su alrededor se estrecha por las tramas de espionaje contra el extesorero popular Luis Bárcenas, se dispone a apretar aún más la manta. No caerá solo.
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