Isabel Díaz Ayuso aterrizó en México con mucha ilusión y abandonó el país casi una semana después de forma abrupta y rodeada de polémica. El resultado de su viaje a Estados Unidos no sorprende a nadie. La presidenta de Madrid llegó a un país cuyo gobierno la había calificado de narcoestado y cuya presidenta, Claudia Sheinbaum, era una dictadora de extrema izquierda. No fue la mejor carta de recomendación. Durante la visita defendió el legado de Hernán Cortés y se dirigió a políticos de derecha y empresarios millonarios que se oponen a Morena, el partido gobernante. La izquierda vio sus declaraciones como una forma de provocación. Sheinbaum y círculos centristas más moderados pidieron más respeto por su país y lo instaron a dejar de avivar la guerra cultural en torno a la conquista, que es casi inexistente en México. Al final, como era de esperar, las cosas acabaron mal.
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