Durante la campaña electoral, Irene de Miguel, candidata de Unidas por Extremadura, pidió que las urnas se «llenen de dignidad» en este país «cansado de la tutela de Madrid». Hay que votar al partido «sin patrones en Madrid», reiteró el líder de Chunta, Jorge Pueyo, antes de las elecciones. Hay muchas diferencias entre los dos candidatos. El más importante es obvio. La extremeña es fruto de una coalición entre formaciones estatales lideradas por el líder regional del partido Podemos, fundado en 2014. La aragonesa abandona una fuerza nacionalista que está a punto de cumplir 40 años. Pero tienen dos elementos en común. La primera es que, en contraste con la reacción que perjudicó al resto de los votantes de izquierda, estos obtuvieron mejores resultados en sus respectivas elecciones. En segundo lugar, en el contexto de la creciente importancia de la identidad en la política, ambos han puesto énfasis en la defensa de una identidad a nosotros no sólo ideológicamente sino también territorialmente, y han presentado su arraigo como una gran ventaja.
La consultora política Imma Águilar, directora de la Agencia Amazonas, observa cómo este “auge de opciones de izquierdas con fuerte arraigo territorial”, especialmente pronunciado en comunidades históricas con doble identidad nacional, empieza a empezar también en otras regiones como Extremadura y Aragón y está determinando ya la oferta política en el resto. ¿Porque? «No se trata de un voto identitario clásico, sino de una combinación de tres vectores: territorialidad, utilidad y diferenciación frente al ruido estatal. El marco no es tanto ‘izquierda-derecha’ sino ‘quién defiende mejor lo nuestro en un sistema considerado centralizado'», explica. En el contexto de la “competencia por los recursos” entre comunidades y la “percepción de misión territorial” en la periferia, los proyectos percibidos como dependientes de los aparatos estatales “empiezan en desventaja”, añade.
«Hay una tendencia a votar localmente. Cada vez son más los izquierdistas que votan por opciones soberanistas o con arraigo e identidad territorial», afirma el líder de un partido alternativo de izquierda, en una reflexión que se aplica no sólo al BNG, Bildu o Chunta, sino también a Unidas por Extremadura y su líder Irene De Miguel, que se ha consolidado como referente de una alianza extremenista falsificado a pesar de los desacuerdos entre los dirigentes estatales de sus partidos. “El prestigio de De Miguel viene de que no se la ve en la lógica de los partidos, esa no es su el de podemossino un ingeniero agrónomo que trabaja en Extremadura y no sólo en la campaña electoral y que se comunica bien con la gente del campo. Ese es su fuerte, no tiene que fingir apego”, afirma Beatriz Muñoz, catedrática de Sociología de la Universidad de Extremadura.

«Desde hace un tiempo, tanto el PSOE como nosotros somos castigados por elegir proyectos considerados vinculados a Madrid. El que se salvó es él». [Salvador] “Illa, esto es el PSC y de nosotros los únicos que destacan son los candidatos que están anclados en cada lugar, que parecen estar un poco solos”, añade otro dirigente de una formación de Sumar, que vaticina que esta tendencia se agravará en 2024. Este año, Podemos y Sumar se quedaron en cero en Galicia, mientras que el BNG se disparó, casi triplicando los escaños del PSOE. En Euskadi, Bildu se consolidó como alternativa al PNV por más de 100. A su izquierda, Podemos desapareció y Sumar ganó la jornada con la Cámara baja por primera vez este año, perdiendo sólo dos escaños de ocho con un proyecto catalán, a diferencia de los presentados en Galicia y Euskadi.


Las partes lo reconocen. Contrariamente a la tendencia de la izquierda a presentarse como innovadora, la candidatura de IU-Sumar presumió durante la campaña electoral aragonesa de la «reconocibilidad» del proyecto vinculado a un «hilo rojo», un discurso que no impidió que Chunta fuera el partido que tomó la delantera en este ámbito y duplicó su representación, con un mensaje aún más centrado en la conexión y la continuidad. Tras los resultados del domingo, la portavoz de Más Madrid, Mónica García, explicó que Aragón demuestra que el «factor fundamental» para un buen resultado es el «arraigo territorial», algo que, dijo, Chunta, Más Madrid, Comunes, Compromís e IU tienen en Andalucía, y que considera fundamental tener en cuenta a la hora de configurar el proceso de reconfiguración de la izquierda.
A la espera de que se articule el espacio en Castilla y León, en Andalucía las formaciones de izquierda alternativa ya aliadas están diluyendo sus siglas en una marca común: “Por Andalucía”, a la manera de “Unidos por Extremadura”. Incluso está perdiendo importancia la marca IU, que tiene una fuerte presencia andaluza -62 municipios- y en cuya gestión confían para capitalizar este momento de arraigo gratificante. No son los únicos. Adelante Andalucía, el partido nacionalista fundado por la exlíder de Podemos Teresa Rodríguez, también quiere subirse a la ola. Mientras IU enfatiza el arraigo territorial de su organización, Adelante alardea de su autonomía respecto de Madrid. Estos son los dos valores que se encuentran en tendencia alcista. En cuanto a Podemos, dado el revés en Aragón con su marca y logotipo estatales, queda por ver si corregirá su rumbo y se unirá a Por Andalucía, donde muchos creen que pagará caro si el partido de Ione Belarra queda fuera.
Contra el “ruido” de Madrid
Lo que se ve es el resultado del «agotamiento del ciclo del 15M», una fase caracterizada por «grandes diagnósticos generales» y por la «pérdida de peso» de las organizaciones en detrimento de la conexión directa de los líderes con sus bases, con Podemos como primera expresión y la plataforma Sumar como continuación, afirma Javier Lorente, catedrático de ciencias políticas de la Universidad Rey Juan Carlos. “Ahora, sin embargo, vivimos en un momento de importancia identitaria que recompensa a los partidos que se perciben como más interesados en lo que viene después”, dice Lorente, que estudia la ideología juvenil y el comportamiento electoral.
Los barómetros preelectorales del CIS en Extremadura y Aragón muestran que los votantes progresistas dan más importancia a las cuestiones regionales a la hora de tomar sus decisiones electorales que los votantes de derechas. Son datos que se ajustan al análisis de Lorente. «Desde fuera», subraya, «Madrid se percibe cada vez más como una entidad en la que la política espectáculo atrae toda la atención. Muchos candidatos se adaptan a estas desganas que vemos en el ámbito cultural en palabras como fodebug“, término despectivo para los veraneantes madrileños.


Lorente subraya que el debilitamiento del PSOE en detrimento de fuerzas nacionalistas que presumen de su retirada de Madrid o que hacen del arraigo local su bandera no marca un camino de no retorno. «En tiempos de baja competitividad del PSOE en las elecciones autonómicas, una parte de la izquierda vota de forma menos estratégica. Pero es una voz que podría volver al PSOE en las generales», subraya. Independientemente de si regresa o no, la asesora Imma Águilar tiene claro que la decisión del PSOE de apostar por candidatos autonómicos del Consejo de Ministros como Pilar Alegría en Aragón o María Jesús Montero en Andalucía, con la llegada del “voto terroir”, tiene todos los síntomas de un mal acuerdo político.
Raíces y alianzas
El politólogo Eli Gallardo, autor de El año que elegimos peligrosamente (Rapitbook, 2024), que ha analizado los cambios introducidos en los partidos por la llamada «nueva política», ve culminar un paso de la fase de «plataformatización» con epicentro en Madrid representada por Podemos y Sumar, a otra en la que tanto las organizaciones de izquierdas como los electores «reaccionan contra la nacionalización de la agenda política, que, a su juicio, nada tiene que ver con los problemas de cada territorio». Es una tendencia que se acentúa más «donde hay fuerzas nacionalistas poderosas», pero que también se produce «donde no las hay», subraya Gallardo, cuyos beneficiarios no tienen por qué ser partidos autónomos, pero es necesario que «sepan presentarse como desvinculados».

En esta necesidad, Gallardo inscribe las tensiones entre las fuerzas autonómicas de Sumar y el grupo parlamentario, con Chunta marcando distancias antes de las elecciones, Compromís partiéndose por la mitad y un diputado saliendo del grupo mixto, y Més per Mallorca debatiendo la continuidad de su único diputado en el conglomerado plurinacional. «El objetivo es la pureza de los proyectos. En la medida en que Més sea percibido, por ejemplo, como parte de algo estatal, sus resultados en las elecciones en Baleares empeorarán», vaticina Gallardo, director de la consultora Neula.
Aunque cautelosas, las fuerzas autónomas de izquierda afirman sentir el viento de cola. «Ante el ascenso de la extrema derecha, los proyectos de izquierda vinculados al territorio» están pasando por un buen momento, afirma un portavoz de Adelante Andalucía, que explica que el objetivo del partido, que ya cuenta con dos diputados, es ser «el referente de la izquierda» en la comunidad. “Es un camino a medio y largo plazo, pero creemos que hay agua en esta cuenca”, añade.
«En un mundo muy polarizado y globalizado, la gente ve un refugio de seguridad en lo que identifican como su propiedad», añade el líder de Compromís, Alberto Ibáñez, para quien, como subraya, la fuerza de partidos como el suyo no reside tanto en su capacidad para crear una conexión de identidad -el 67% de sus votantes se sienten «tan valencianos como españoles», según una encuesta realizada por su partido-, sino en su credibilidad en la denuncia social del problema del «kilómetro cero» en adelante.
«No se trata de decir que la salud pública no funciona bien, sino de ir al centro de salud local que no funciona, o de decir que la movilidad no es sostenible, sino de ir al cruce donde falta un carril bici», lo que es más fácil para fuerzas alejadas «de la política mediática de la M-30», añade el parlamentario, que considera que el ascenso de los partidos regionales es compatible con alianzas que impliquen a fuerzas estatales cuando no tienen la intención de imponer condiciones «homogéneas». El líder de Més per Mallorca, Ferran Rosa, también cree que estas alianzas son posibles, aunque desconfía de las que se presentan como “a”. equipo de ensueño Caras famosas”. Y está convencido de que es historia la época en la que los estrategas del partido en su espacio político teorizaban “simplemente salir a La Sexta” para llegar a la gente. “Hay que conocer el territorio”, afirma. Escuchas esta frase a menudo.
