
La izquierda ha acelerado su ritmo en las últimas semanas. Con Yolanda Díaz ya fuera de la ecuación tras su expulsión y la creación de la alianza entre IU, Más Madrid, Comunes y Movimiento Sumar, los partidos se ponen manos a la obra para definir el proyecto, los métodos de creación de listas, el liderazgo y la marca con la que competirán en las elecciones generales. Nadie quiere poner un nombre sobre la mesa públicamente, pero hace tiempo que se habla de todo de forma más o menos formal, como reconocen varias voces. «La sustitución de un candidato como Díaz es un acto muy importante y se producirá más adelante. El capital político y humano en este ámbito es inmenso y encontraremos a los mejores», concluyó este viernes el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, en una entrevista en La Sexta.
Es la respuesta oficial de todos los líderes de izquierda, cuyas intervenciones aumentan estos días en todas las cadenas de radio y televisión, impulsadas también por el debate sobre la unidad abierto la semana pasada por el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, en un acto emprendido por los partidos para intentar revertir lo que inicialmente podría verse como un desafío para las organizaciones. «Mientras estáis en las quinielas, nosotros estamos trabajando en un proyecto colectivo», respondió la responsable de Sanidad, Mónica García, apenas 48 horas después de que la vicepresidenta anunciara que ya no se presentaría como candidata a las elecciones previstas para 2027, una decisión que había tomado hacía tiempo y que impulsó con su ausencia en la presentación de la nueva coalición entre los partidos de Sumar en el Gobierno el pasado sábado.
Sin rostro ni nombre de la confluencia elegida, el trabajo de las cuatro fuerzas ofrece, por ahora, sólo dos novedades poco atractivas para el gran público: que el proyecto se lleve a cabo en tiempo y sin las prisas de la convocatoria electoral; y con un nivel de cohesión interna muy diferente al que ha mostrado la izquierda en el pasado.
“Lo más importante en este momento no es sólo el candidato, sino llegar a un acuerdo que maximice los resultados en las circunscripciones e ignore los problemas menores de la lógica partidista para perseguir lo que interesa a los votantes: derrotar a la derecha y a la extrema derecha”, dice Sergio Pascual, exdiputado y exsecretario de organización de Podemos. el autor de Un cadáver en el Congreso Cree que la izquierda debe abordar el debate abierto por Gabriel Rufián y Emilio Delgado, el diputado autonómico de Más Madrid, «con mayor o menos torpeza» y «por qué no», dice, «construir una lógica de frente amplio que entusiasme al elector». Su posición difiere de la de otros analistas que han expresado que esa unidad no necesita traducirse en un total exacto ya que los vetos cruzados serían efectivos. Para Pascual, la «virtud» de liberar al electorado de la participación electoral pasará, en este momento, «no por tener un candidato que caiga del cielo como Pablo Iglesias o, ya puestos, Yolanda Díaz. Se podría conseguir mediante la unidad de todos», afirma.
El liderazgo es la cuestión fundamental a resolver en los próximos meses y la presión en torno al ministro Pablo Bustinduy ha aumentado desde el miércoles y su gestión al frente de Derechos Sociales y Consumo tiene muchos partidarios en la sala. Recientemente, el equipo del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, entrevistó a Bustinduy para indagar sobre las políticas que impulsa el ministerio, pero este reiteró que no quiere postularse y aunque aparece como uno de los ministros más valorados del gobierno, sólo el 30,2% de los ciudadanos lo conoce, según el CIS. Además, altas fuentes expresan cierta frustración cuando confirman que cuanto más se centra en su figura, más difícil es implementar una iniciativa ministerial en las Cortes. Este jueves, la derecha, incluida Junts, derogó sin más acciones el decreto que impedía subidas abusivas por parte de las empresas en situaciones de emergencia como los incendios del verano pasado o la tragedia de Adamuz.
En las quinielas a las que se refiere García aparecen el líder de Más Madrid, Urtasun, la exalcaldesa de Barcelona Ada Colau (que quiso intervenir ante los medios en el acto del sábado) y el coordinador federal de IU, Antonio Maíllo, que está excluido y, de momento, tiene una primera prueba en las elecciones andaluzas del próximo junio.
La inclusión de otras fuerzas.
La propuesta de los partidos de Sumar ha abierto una nueva brecha en Compromís, cuyos dos diputados en el Congreso se dividen entre el grupo de la vicepresidenta Díaz y el Mixto. Iniciativa, el partido al que pertenece la exvicepresidenta de la Comunidad Valenciana Mónica Oltra y del que también forma parte el vicepresidente de Sumar, Alberto Ibáñez, aboga por sumarse al proyecto lo antes posible para poder opinar en determinadas decisiones. Més Compromís, el ala que también incluye al portavoz de Corts, Joan Baldoví, aún no ha tomado una decisión, pero defiende no ir más allá de un acuerdo electoral como el de 2023.
Ni la Chunta Aragonesista, que ahora se concentra en la constitución de su parlamento autonómico, ni el Més balear han tomado una decisión. El partido representado en el Congreso por Vicenç Vidal sigue esperando la propuesta, pero también baraja un «acuerdo electoral si se cumplen las condiciones». «Lo más importante es entrar en una fase en la que la colaboración entre las izquierdas populares del estado sea horizontal, con el objetivo de avanzar en clave democrática y plurinacional», aseguran fuentes de la formación.
La principal duda vuelve a estar en Podemos. Un sector de la izquierda acogió con satisfacción esta semana un cambio en las declaraciones de la ex ministra de Igualdad, Irene Montero, nominada como líder de la lista de su partido para las elecciones parlamentarias. Después de hablar con mucha dureza la semana anterior al anuncio de Díaz, aseguró el jueves que era necesario retomar el guante del debate para «responder a las demandas de una izquierda fuerte».
Este viernes desde Segovia y junto a Miguel Ángel Llamas, candidato a la presidencia de la Junta de Castilla y León, la dirigente volvió a poner el foco en las diferencias con Sumar y, en alusión a las acusaciones de Rufián contra su partido, expresó su enfado por haber sido advertido durante un debate en el Congreso de que son tiempos de «menos pureza y más cabeza». Un mensaje que parece estar generando poco consenso de momento.
