La revelación el pasado martes de una trama de corrupción que supuestamente afectó a la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) y otras instituciones públicas arroja una nueva sombra de sospecha sobre el exsecretario de organización del PSOE Santos Cerdán, aunque actualmente no se encuentra entre los investigados. Los tres presuntos cabecillas de la trama detenidos -el empresario vasco Joseba Antxon Alonso, la ex activista socialista Leire Díez y el expresidente de la SEPI Vicente Fernández Garrido- tienen alguna conexión con el exlíder del PSOE. Además, la investigación vuelve a centrarse en la sociedad Servinabar 2000, en la que Cerdán supuestamente posee el 45% de las acciones y que ya estaba en el centro de la causa que investiga el Tribunal Supremo y en la que, además del político navarro, también está acusado el exministro socialista José Luis Ábalos. Los agentes volvieron a allanar este jueves la sede de esta empresa en Pamplona, como ya habían hecho en junio en el caso del Tribunal Supremo.
Fuentes familiarizadas con la investigación indican que la conspiración ahora desenredada y la conspiración que surgió durante el tiempo que Ábalos estuvo encarcelado en el Ministerio de Transporte eran diferentes pero superpuestas. Según las mismas fuentes, la conspiración supuestamente liderada por Alonso, Díez y Fernández Garrido comenzó poco después de la llegada al poder del PSOE, a mediados de 2018. Hasta el momento, además de las tres detenciones, la operación se ha saldado con 19 registros o solicitudes de información en diferentes provincias, que han supuesto la aparición de agentes de la UCO -además de Servinabar, despacho de abogados de Sevilla y en la sede de Forestalia, empresa vinculada a las energías renovables en Madrid y Zaragoza- en las oficinas de la SEPI y de tres empresas públicas en las que tiene participación: Mercasa, ENUSA Industrias Avanzadas y la empresa estatal de Promoción Industrial y Desarrollo Empresarial (Sepides). Los tres detenidos deberán comparecer ante el tribunal el próximo sábado y serán imputados por presuntos delitos como estafa, malversación, tráfico de influencias y asociación delictuosa.

La principal conexión de Cerdán con la nueva trama es Antxon Alonso. Como admitió el propio exlíder socialista en su testimonio ante el Tribunal Supremo, ambos se conocieron en Pamplona en 2012 o 2013 y, pese a las diferencias ideológicas -aseguró que el empresario era «simpatizante del PNV»- desarrollaron una fuerte amistad. Sin embargo, la investigación de la Guardia Civil sugiere que la cosa no se quedó ahí y que la relación se extendió también al ámbito económico. De hecho, la UCO encontró en casa del empresario un contrato privado en el que traspasaba a Cerdán el 45% de las acciones de su empresa Servinabar. Cuando el juez les preguntó a ambos sobre el documento, se escudaron en que se trataba de un «borrador» redactado cuando el exlíder socialista se planteaba dejar la política tras el mal resultado de su partido en Navarra en las elecciones generales de 2015.
El juez Leopoldo Puente, que investiga el caso de la Corte Suprema, no le creyó y de hecho envió a Cerdán a prisión por cinco meses. Además, la investigación reveló un flujo de dinero de Servinabar al exsecretario de organización del PSOE en forma de alquiler de pisos en Madrid, contratación de familiares, compra de muebles o uso de tarjeta de crédito para viajes y comidas familiares. En la nueva investigación han surgido vínculos entre Servinabar y otra empresa investigada, Forestalia. Alonso asesoró a esta empresa en un proyecto de línea de alta tensión que atravesaba Navarra y también participó con otra de sus empresas en parques fotovoltaicos en los que participaba esta empresa.

La segunda pieza que conecta a Cerdán con la nueva trama es Díez. La ex militante y ex concejal socialista está en el ojo del huracán desde que se difundiera el pasado mes de mayo un vídeo en el que se la escuchaba tratar a un empresario acusado de un fraude multimillonario en hidrocarburos para que supuestamente le facilitara los trapos sucios de la Guardia Civil a cambio de favores de la fiscalía. Estas imágenes, a las que posteriormente se añadieron grabaciones de audio de fiscales a los que supuestamente también intentó sobornar, acabaron con su imputación en un juzgado de Madrid por la presunta comisión de un delito de cohecho y otro de tráfico de influencias. En este caso, los fiscales le atribuyen «dirigir» un «plan criminal» destinado a «descrédito» de la dirección de la UCO y de la Fiscalía Anticorrupción, con el objetivo de «cancelar» casos que «afectan a políticos y empresarios». El 3 de junio, Díez, que ya estaba en contacto con Cerdán, acudió a la sede del PSOE para prestarle declaración memoria USB con la información que afirmó haber recopilado como parte de su investigación supuestamente periodística.
La investigación que llevó a la detención de la ex activista socialista el pasado miércoles no tiene nada que ver con este asunto, sino con su paso por una de las empresas ahora bajo sospecha, ENUSA Industrias Avanzadas, donde se encarga de asegurar el suministro de uranio enriquecido a las eléctricas propietarias de las cinco centrales nucleares activas en España. Díez fue nombrado secretario de prensa de esta empresa propiedad de la SEPI en 2018, tras la llegada de Pedro Sánchez al Palacio de la Moncloa, y permaneció en él hasta 2021. Otro sospechoso identificado en el caso (aunque no fue detenido) es José Vicente Berlanga, que fue presidente de ENUSA durante el mismo periodo, aunque en este caso no se le ve como cercano a Cerdán, sino como Ábalos, con quien inició la militancia en la organización compartida PSOE. en valencia. La UCO también registró un piso en la calle Diego de León de Madrid donde Díez mantenía reuniones con empresarios.

El tercer vínculo es Fernández Guerrero, un alto cargo que fue interventor general de la Junta de Andalucía y que, en 2018, tras la llegada de Sánchez al frente del Gobierno, acabó convirtiéndose en presidente de la SEPI, empresa sobre la que Cerdán tenía amplia influencia, según fuentes políticas. Fernández Guerrero permaneció en este cargo durante un año y cinco meses. Años más tarde, solicitó a la Oficina de Conflictos de Intereses permiso para trabajar como consultor externo de Servinabar, la empresa supuestamente propiedad del político navarro. En la investigación del Tribunal Supremo hay documentos que demuestran que esta empresa pagó a Fernández Guerrero un sueldo bruto de 68.632,48 euros en 2021 y otro de 33.251 euros en 2023. Además, el Ministerio de Hacienda de Navarra aportó información de que la constructora retuvo 40.800 euros en impuestos en 2022, aunque en los documentos no se indica lo que percibió este año, lo que justificaría esta elevada retención en origen.

La investigación contra el expresidente de la SEPI va más allá de su paso por esa empresa pública o de sus conexiones con Servinabar. Otra línea de investigación se dirige hacia Sevilla y en concreto contra un negocio de hostelería en una zona industrial de la isla de La Cartuja, el bar y restaurante La Bola. Este establecimiento pertenece a La Bola Innovación SL, empresa fundada a finales de 2014 por el socio de Fernández Guerrero. En junio de 2023 se convirtió en director general único de la empresa. En el año de toma de posesión del expresidente de la SEPI, el colegio alcanzó una facturación récord de 386.997 euros, casi un 30% más que en el periodo anterior. La UCO está investigando si el local pudo haber sido utilizado para blanquear dinero presuntamente obtenido ilegalmente mediante la conspiración.
La Guardia Civil también ha puesto el foco en el patrimonio de Fernández Guerrero, especialmente en el que ha acumulado desde su llegada a la SEPI. Según la investigación, tiene un piso de más de 300 metros cuadrados registrado a su nombre en una promoción de lujo en Puerta de Hierro, Madrid; dos chalets en exclusiva urbanización en El Aljarafe (Sevilla); tres propiedades en Marbella en primera y segunda línea de playa; Garajes y trasteros. Los investigadores cifran el valor de todo esto en más de cuatro millones de euros.
