Con aplausos unidos tras la entrada de los Reyes en el Palacio de Deportes Carolina Marín de Huelva, tuvo lugar el funeral diocesano por las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz en el que fallecieron 45 personas, 28 de ellas, más de la mitad, de la provincia de Huelva. La serenidad de sus familiares y supervivientes, así como de los aproximadamente 4.000 vecinos que quisieron acompañarles, fue el centro de una ceremonia que estuvo precedida de cierta polémica por la ausencia del presidente regional tras la cancelación del funeral de Estado previsto para este sábado.
Esta contención sólo se rompió tras finalizar la misa, cuando Liliana Sáenz, hija de Natividad de la Torre, una de las personas fallecidas en el accidente, subió al presbiterio para conmemorar a las 45 víctimas. «Lo que perdimos no fue solo un número, fueron vagones llenos de esperanza. No son solo los 45 en el tren, fueron nuestros padres, madres, hermanos, hijos o nietos, fueron la alegría de nuestro despertar y el refugio de nuestras penas», dijo con la voz entrecortada por la emoción.
Y también se refirió al esfuerzo de los familiares: «Somos las 45 familias que lucharemos por saber la verdad. Sólo la verdad nos ayudará a sanar esta herida que nunca cerrará. Conoceremos la verdad, lucharemos para que nunca haya otro tren, pero lo haremos por serenidad, por alivio».











La joven, al igual que el obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, que presidió el acto, también se refirió a la solidaridad de los vecinos de Adamuz, que socorrieron a los pasajeros de los trenes siniestrados, y al resto de equipos de emergencia, sanitarios, fuerzas de seguridad y voluntarios que asistieron a los heridos y apoyaron a las familias a la espera de noticias de sus seres queridos desaparecidos. Tras su intervención, acompañada de su hermano Fidel, según la Diócesis de Huelva, las 4.350 personas presentes en el auditorio prorrumpieron en un fuerte aplauso, que se repitió mientras los miembros de la realeza se acercaban para hablar con los familiares y supervivientes restantes.
Gómez Sierra celebró el funeral junto al presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Javier Argüello, el obispo emérito de Huelva, José Vilaplana Blasco, y el obispo de Córdoba, Jesús Fernández, que estuvieron acompañados por un centenar de sacerdotes, entre ellos el de Adamuz. El morado de sus vestimentas contrastó con el rico negro de las numerosas autoridades que asistieron al acto, entre ellas la vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero, el ministro de Agricultura Luis Planas y el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, en representación del Ejecutivo central; el líder de la oposición Alberto Núñez Feijóo, el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno y siete de sus asesores, los presidentes de las diputaciones provinciales de Huelva y Córdoba o los alcaldes de Adamuz y del resto de municipios onubenses donde vivían 28 de las 45 víctimas de la catástrofe ferroviaria -Huelva, Aljaraque, Punta Umbría, Gibraleón, Lepe, Bollullos, Isla Cristina y La Palma del Condado-.

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Los momentos del funeral de las víctimas de Adamuz
Foto: José Manuel Vidal (EFE) | Video: epv
Los familiares de las víctimas del accidente y los deudos se sentaron en la pista central cubierta de rojo. Estaba previsto que asistieran 336 de ellos, pero en las últimas filas de sillas blancas se veía lo que muchos de ellos habían expresado en los últimos días: sus dudas aún recuperadas sobre si estaban mental o físicamente lo suficientemente fuertes para participar en el evento. De los 126 heridos atendidos en los hospitales andaluces, 18 siguen hospitalizados, cuatro de ellos en cuidados intensivos.
Algunos de los que se acercaron al pabellón todavía llevaban un collarín, otros llegaron con la ayuda de una muleta. Los nietos de Natividad de la Torre, que estaban con ella y sobrevivieron al descarrilamiento, estaban sentados en sillas de ruedas en la primera fila, con los pies en cabestrillo; Luis Carlos, su otro hijo, todavía tiene una venda en la frente. El obispo de Huelva se dirigió a todos en su sermón.
Gómez Sierra intentó consolar a quienes perdieron a sus seres queridos de manera repentina y abrupta hace 15 días; y todavía incomprensible para ellos. «Son las lágrimas de quienes han perdido a sus seres queridos; el sentimiento de muchas comunidades cristianas y de la propia sociedad española, que no encuentra explicaciones fáciles ni respuestas rápidas».
El obispo de Huelva llamó la atención sobre el dolor que aún les aguarda y que seguirá latente «cuando se apaguen las luces o se calle la noticia de este trágico suceso» y pidió «un compromiso con la sociedad y también con quienes tienen responsabilidad pública». Como haría después Liliana, también llamó a la transparencia: “Es necesario esclarecer la verdad sobre lo sucedido y actuar con justicia para que su víctima no sea olvidada y se eviten en la medida de lo posible tragedias similares en el futuro”.

El momento más solemne, cuando el obispo de Huelva enumeró las víctimas del accidente de Huelva, fue también el más polémico porque, como advirtieron algunos familiares presentes, no todos los fallecidos fueron nombrados. Antes de presentar la Eucaristía a las familias, se pidió perdón en el altar.
Pese a la moderación del gobierno de Moreno, esta ceremonia diocesana no ha logrado aislarse del enfrentamiento político. En los últimos días el tono ha aumentado. En primer lugar, fue la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien pidió a la Archidiócesis de Madrid -también ha tenido lugar este jueves por la tarde en la Catedral de La Almudena- que organizara un funeral religioso en la Catedral de la Almudena como acto alternativo y previo al funeral de Estado que el Gobierno y la junta habían declarado para el 31 de enero.
Posteriormente, cuando este honor de Estado fue cancelado por la imposibilidad de transportar a muchas víctimas, fue Juan Bravo, vicesecretario nacional del PP y andaluz, quien pidió expresamente que ningún miembro del Gobierno asistiera al funeral al verlo como “una provocación a las víctimas”.
El alcalde de Punta Umbría, José Carlos Hernández (PP), municipio muy golpeado por la tragedia, ha defendido que la fórmula del homenaje era «la adecuada» y que «en su humilde opinión» echó de menos la presencia del jefe de Gobierno, que tiene previsto asistir al funeral de Estado, igual que ocurrió con las víctimas de la Dana. Al inicio de su intervención, Liliana dijo sobre el carácter religioso del honor: «El único entierro que queremos en nuestras vidas es el de la cercanía a Dios. Huelva es tierra mariana, Andalucía es una ciudad creyente».
Mientras los reyes se detenían tras la misa fúnebre para hablar y consolar a los familiares, la alcaldesa de Huelva, Pilar Miranda, y Moreno se acercaron para hablar con algunos de los familiares de las víctimas. Montero también lo aceptó.
