
La Fiscalía Provincial de Málaga ha solicitado una investigación contra el alcalde de Málaga Estepona (Málaga, 79.621 habitantes), José María García Urbano (PP) por los posibles delitos de subterfugio y tráfico de influencias. Esto se produjo tras una investigación de la Policía Nacional que comenzó a principios de 2025 y está relacionada con un concurso público para el uso de un espacio de restaurante en el edificio Mirador del Carmen, que quedó en manos de la pareja del hijo del concejal. Y ello a pesar de que su empresa carecía de “solvencia económica y profesional” y, por tanto, su adjudicación era “inexplicable desde el punto de vista jurídico”, según el fiscal, quien afirmó que esto se debía “sólo a la voluntad unilateral de la adjudicación”. Fuentes del Ayuntamiento aseguran que en el proceso no hay “ilegalidad ni criminalidad”. García Urbano ya tiene otro cargo pendiente por malversación de fondos por supuestamente contratar a una amiga cercana como consejera comunitaria sin que la mujer hiciera ningún trabajo..
El Mirador del Carmen es una polémica torre de 32 metros de altura en la playaInaugurada en 2023 por el propio alcalde acompañado del presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla. Es el edificio más emblemático que ha impulsado el Ayuntamiento de Estepona en los últimos años y tiene diferentes usos. Incluye también la restauración, para cuya explotación se convocó un concurso público en las plantas 10, 11 y 12. La denuncia presentada por la Fiscalía de Málaga, a la que tuvo acceso EL PAÍS, afirma que se trata de blanqueo de capitales por parte del Grupo I de la Brigada Provincial de Investigación Criminal UDEF-UDEV quien inició la investigación del procedimiento administrativo el 10 de enero de este año, “a raíz de la preocupación social suscitada por las sospechas de que fue adjudicado a personas vinculadas al alcalde”. Las operaciones policiales han revelado evidencias de posibles delitos de malversación de fondos y tráfico de influencias, dice el documento.
El concurso público se inició en enero de 2023 con el objetivo de adjudicar en concesión estos tres pisos, los más altos, para una “operación de restauración” equivalente a un “proyecto turístico de calidad”. Sólo participaron dos candidatos. Por un lado, el Grupo Century Boni, liderado por un empresario de “amplia y reconocida experiencia en el sector”, que presentó su propuesta el pasado 30 de marzo. Por otro, la empresa Inversiones del Mar, que confirmó su candidatura en el último momento a las dos de la tarde del último día, 3 de abril, y que había sido fundada apenas dos meses antes por el socio del hijo del alcalde como único accionista y único gestor. la denuncia informa que ni la socia ni su empresa tenían “experiencia previa en negocios jurídicos mercantiles y mucho menos en el ámbito de la restauración, actividad que no formaba parte del objeto social”, aunque el inicio se produjo en mayo de 2023 después de presentada la oferta.
Las especificaciones para el premio incluían “criterios automáticamente cuantificables” basados en puntos de referencia establecidos por el ayuntamiento; pero también “criterios subjetivos” que, según las investigaciones, tenían que ver con explicar la actividad gastronómica a realizar. La investigación muestra que, si bien ambas propuestas coincidieron en los criterios económicos, Inversiones del Mar obtuvo tres puntos más que su competidor en base a estos “criterios puramente subjetivos”. Y recibió la licencia a pesar de que, según el atestado policial, “carecía en absoluto de solvencia económica y profesional”. La investigación demuestra que cuando se fundó la empresa, el socio del hijo del alcalde tenía los únicos ingresos por desempleo y que el dinero para cumplir con las garantías exigidas por el Ayuntamiento de Estepona procedía de su socio, al que su padre, García Urbano, había donado 20.000 euros apenas unos días antes de realizar el depósito. La mujer también vendió todas sus acciones a un empresario y a su hija, a pesar de que el título de concesión prohibía traspasarlas a terceros sin la aprobación municipal.
Por lo tanto, el escrito de demanda del fiscal afirma que los incidentes denunciados presentaban “indicios razonables” de que se trataba de “posibles delitos de subterfugio e influencia”. Se basa en que la adjudicación de la concesión no reúne las condiciones esenciales para un contrato con la administración, al carecer de solvencia económica y profesional, y que ello supone «una contradicción con la ley inexplicable desde el punto de vista jurídico» y que, según los investigadores, «sólo se debe a la voluntad unilateral del órgano concedente de adjudicarla». Por ello, la fiscalía solicita al juzgado que ordene al Ayuntamiento de Estepona el envío de los expedientes completos del contrato y que cite como testigos al alcalde junto a otros cinco vocales que estaban en la mesa de contratos, al empresario que presentó la otra propuesta y a los que finalmente compraron Inversiones del Mar.
“Paz absoluta”
Fuentes municipales aseguran que “no existe ilegalidad ni criminalidad por parte del alcalde” ni de los demás integrantes del partido. «Fueron funcionarios, no políticos, quienes intervinieron y velaron en todo momento por la legalidad de todo el procedimiento», subrayan, subrayando la «calma absoluta» por parte del ayuntamiento, la administración municipal y los funcionarios. “La licitación y la posterior adjudicación por parte de los técnicos municipales se realizó con total transparencia y publicidad y cumpliendo todos los trámites exigidos por la ley”, insisten las mismas fuentes, recordando que la otra empresa que participó en el concurso no impugnó el procedimiento.
Este es el tercer juicio relacionado con García Urbano en los últimos dos años. La primera fue una denuncia por acoso sexual y coacción contra un funcionario municipal y su pareja, presentada ante el juzgado en enero pasado. El segundo caso se trata de un caso de malversación de caudales públicos por la supuesta contratación de una amiga íntima del concejal «sin que ésta tuviera que realizar actividad alguna», según un auto judicial dictado a principios de diciembre, en el que se considera que el concejal aprovechó su cargo para contratar a su amigo como funcionario interino con función asesora durante seis semanas.
