
Se ha puesto de moda negar la existencia de la clase media en España. Algunos dirán que todo es clase trabajadora; Algunos porque son ciudadanos dependientes de su trabajo y otros porque no tienen los medios de producción. El sistema tiende a negar a la gente lo que ya no puede ofrecerles. La realidad es que si la Constitución de 1978 está siendo cuestionada hoy por el ascenso de la extrema derecha, es –probablemente– debido a los ideales Clase media Solían existir en nuestro país de manera más realista que hoy.
En última instancia, la clase media era un requisito previo necesario para que la democracia se afianzara en Occidente. Es la existencia de una clase de individuos, ni muy ricos ni muy pobres, lo que genera impulsos moderados y la legitimación del sistema. Cuando las personas sienten que pueden lograr su proyecto de vida, quieren que el modelo dure. Para ello es fundamental ese componente aspiracional: el sentimiento de que hay incentivos para progresar gracias a los instrumentos del Estado de bienestar, que permite a la clase trabajadora ir más allá de su punto de partida. Por el contrario, cuando la gente siente que ya no puede llevar una vida decente, surgen preguntas: hoy sabemos que el 26% de nuestros hombres jóvenes -una generación con viviendas y salarios precarios-, en algunos casos, no verían ningún problema en probar opciones autoritarias. La democracia no sólo está legitimada por sus ventajas políticas; también por sus resultados. La evidencia de que este paradigma de clase media se arraigó a partir de los años 1980 es la generación de auge del nacimientoDe hecho, es el que más le importa a la democracia.
El hecho es que el ascenso de la extrema derecha nos muestra que los jóvenes de hoy sienten una sensación de traición generacional. Si en 2011 los indignados del 15-M llenaban las plazas creyendo que nunca podrían convertirse en propietarios, hoy el drama es no poder pagar ni una habitación de alquiler en un piso ajeno. Si entonces el desafío al sistema venía de Podemos y había esperanza, hoy Vox es el principal beneficiario del nihilismo, dado su auge entre la juventud. El apartidismo, que no es más que un modelo de dos partidos de izquierda y derecha inclinados hacia el centro y el constitucionalismo, goza hoy como entonces de un fuerte apoyo.
El problema es que durante la última década nos hemos quedado atónitos al darnos cuenta de que, si bien el sistema político parecía haber cambiado (más partidos, más espectáculo), las cifras muestran un lado diferente. Según el INE, hubo una pérdida de poder adquisitivo de tres puntos en España entre 2008 y 2023. Según la OCDE, los salarios reales aumentaron sólo un 2,76% entre 1994 y 2024, frente a la media del 30% en los países de la OCDE. Según Eurostat, la renta real disponible en España creció sólo un 3,94% entre 2008 y 2024, mientras que la media de la UE fue del 14,29%.
El drama es que la izquierda ha cambiado su discurso para adaptarse a esta nueva normalidad, en lugar de intentar restaurar los ideales. Clase media. Podemos popularizó el componente asistencial que hoy reproduce triunfalmente el PSOE, pero sin un horizonte más amplio que el de sus socios. Si bien el gobierno aboga por aumentar el salario mínimo para dar dignidad a muchos trabajadores, la tragedia es que esto ocurre casi con mayor frecuencia. Esto sugiere que nuestra sociedad se ha deslizado económicamente hacia el abismo, pero ningún partido de izquierda está liderando un discurso sobre revivir los anhelos de la clase media de antaño. Si la socialdemocracia quería liberar a los individuos de sus circunstancias, ahora sabemos que el ascensor social está roto.
Por tanto, no sorprende que estén surgiendo discursos liberales. El sueño de salir adelante por cuenta propia gracias a los servicios públicos no es un cuento inventado por una de estas personas. Serpentina Huyó a Andorra. Estamos hablando de la mayor promesa de la socialdemocracia: la creación de individuos autónomos que, gracias a las posibilidades de lo público, vayan más allá de sus orígenes familiares. Poco de esto sucede hoy: los padres garantizan el bienestar de sus hijos como prueba de cuán desigual y desigual es el sistema emergente y de la escasa justicia social que lo adorna. La gente tenderá a buscar sus ideales donde todavía se les prometen, incluso si están en la forma Cripto hermanos u otros derivados.
En última instancia, negar el cambio de paradigma sólo puede normalizar lo que está sucediendo. Si entre 1985 y 2005 el PIB per cápita creció un 69% en España y un 11% entre 2005 y 2024, según el Banco Mundial. Todo esto lleva a una conclusión desesperada: dado que la clase media fue el mayor antídoto contra los proyectos totalitarios en la Europa de la posguerra -y no una invención de fachada-, se supone que algo está sucediendo ante ciertos cambios ideológicos en nuestro país o en el continente. Dado que los deseos de la clase media fueron la fuerza impulsora de la prosperidad y la democracia, su debilitamiento no sugiere impulsos moderados, sino todo lo contrario. Las etiquetas pueden definirse a sí mismas incluso cuando las implicaciones son sorprendentemente reales.
