
Al parecer Alberto Núñez Feijóo quiere estar justo en el medio en materia de financiación autonómica. Si, por un lado, se alía con sus barones territoriales contra la propuesta pactada por PSOE y ERC, que se ha convertido ya en el principal caballo de batalla contra el Gobierno progresista de España en la agitada primavera electoral que se avecina, asegura, por otro, que no está contra los catalanes sino a favor de ellos, porque son Sánchez y Junqueras quienes les han explotado y mentido. Un clásico: con una mano agita el discurso sobre los agravios territoriales y con la otra intenta disfrazar el anticatalanismo que tantos votos le aporta fuera de Cataluña, porque sabe que en este territorio, paradójicamente, está en juego gran parte de su futuro electoral.
Plantilla Nihil Novum. Feijóo no es el primer dios Jano del Partido Popular. Manuel Fraga también mostró su doble cara hacia Cataluña, que solía calificarla de “región industrial”, pero amenazaba con ocuparla siguiendo el ejemplo de Felipe V o Franco y recurría de nuevo a las armas si era necesario. Antes de hablar catalán en privado, José María Aznar se dedicó a incitar enérgicamente al anticatalanismo, declarando incluso que el acuerdo de financiación de 1993 entre Felipe González y Jordi Pujol pretendía “quitar varios miles de millones de pesetas a los pensionistas y desempleados españoles” y dárselos a Cataluña. Eran los tiempos en los que todavía se gritaba desde debajo del balcón en Génova “Pujol, enano, habla español”, que luego se cambió por “Pujol, guapo, habla lo que quieras”, en un momento en que los votos de CiU eran cruciales para la gobernabilidad de la derecha. Mariano Rajoy, que también elogiaba la idiosincrasia temperamental y cliché del catalán («Hacen cosas, exportan, crean empleo… la gente hace su trabajo. A mí me gusta Cataluña»), incluso rompió su proverbial berrinche y moderación, llegando incluso a crear una policía patriótica arruinar la vida de los políticos catalanes e impuso las medidas coercitivas más severas contra la Generalitat desde 1934.
En definitiva, hasta dónde está el llamado Pacto Majestuoso (1996), donde, a cambio del apoyo de CiU a la investidura de Aznar, aceptaba, entre otras cosas, un nuevo modelo de financiación que incluía la gestión del 30% del IRPF y del 100% del patrimonio, herencias y juegos de azar. O esta otra propuesta de Alicia Sánchez-Camacho para contrarrestar el llamado pacto fiscal propuesto por Artur Mas, bautizado nada más y nada menos como “financiación singular” (2012), que preveía la limitación de la solidaridad catalana y la creación de una potestad fiscal compartida con el Estado, aunque los barones territoriales del PP, entre ellos Feijóo, el entonces presidente gallego, estaban dispuestos a rechazarlo. Y en este contexto de sospecha, el PP supone que el nuevo modelo les perjudica simplemente porque proceden de Cataluña, aunque este territorio siempre ha sido impulsor de modelos de financiación y demandas de mayor autonomía financiera, corresponsabilidad fiscal y suficiencia autonómica. Por ejemplo, la transferencia del 15% del Impuesto sobre la Renta pactada en 1993 con el gobierno de Felipe González como concesión a CiU para su toma de posesión, con Jordi Pujol como presidente de la Generalitat, aunque el verdadero avance llegó con el citado acuerdo entre Aznar y Pujol en 1996.
Pero Marx (facción de Groucho) ya decía que hay quienes parten de la nada y llegan a los niveles más altos de miseria. Los municipios gobernados por el PP se ven obligados ahora a rechazar el nuevo modelo de financiación, pese a sus claras ventajas, con el pretexto de que Cataluña está ganando. Nada podría estar más lejos de la verdad. Pese a algunas concesiones como el IVA a las pymes o el fondo climático, sólo hay que señalar que en términos absolutos Andalucía es la comunidad más favorecida, aunque la consejera de Hacienda de esta comunidad, Carolina España, dijo que el modelo es caviar y champagne para los independientes y plato precocinado para el resto. O que Murcia es la más feliz en cuanto a incrementar recursos respecto al modelo actual, aunque su presidente Fernando López Miras, sin abandonar la comparativa nutricional, aseguró que no piensa comerse este guiso extranjero. Y finalmente, si nos centramos en el comportamiento en términos de población ajustada per cápita, el principal receptor es Cantabria, cuya presidenta, María José Sáenz de Buruaga, incluso reiteró que su Gobierno no podrá prestar los mismos servicios que antes.
No debería ser fácil aceptar estos datos basados en simples cálculos partidistas y confusión electoral. Ni siquiera por resentimiento y falsa expropiación territorial. El socialista Emiliano García-Page, a quien la ministra de Hacienda María Jesús Montero le hizo un traje verdaderamente a medida, ha rechazado el modelo, calificando de chantaje la opción de elegir entre el nuevo modelo o seguir con el actual, aunque, como advirtió la propia ministra, la disposición transitoria tercera de la LOFCA ya lo prevé desde 2009, lo cual es destacable. (21.000 millones, el 1,3% del PIB, de los cuales el 75% acaba en manos de ayuntamientos gobernados por el PP). El modelo propuesto corrige finalmente el desequilibrio vertical entre el Estado y los municipios en términos de necesidades de gasto y de su capacidad fiscal, ya que, como decíamos hace un tiempo en las mismas páginas, los ingresos regionales han crecido mucho menos que los del Estado.
Esta circunstancia contrasta también con la incapacidad del PP para formular una propuesta común. Ver la vaguedad del Declaración de Zaragoza, de tal manera que la nueva fórmula es “un disparate que hay que revertir”. O la propuesta de crear un “fondo de transición” como fondo de compensación complementario, sin explicar cómo se financiará. Porque, por supuesto, no hace falta ser Einstein para darse cuenta de que al PP le resulta más difícil que al PSOE conciliar los distintos intereses de sus baronías, controladas por el Dumping y las bajadas de impuestos de Isabel Díaz Ayuso para las necesidades de Aragón por su despoblación o Galicia y su dispersión geográfica.
En realidad lo es Declaración de Zaragoza Apenas oculta el hecho de que el modelo se desvía del cumplimiento de la ordinalidad, al menos con respecto a la población ajustada, aunque se cumpla este requisito. de facto para Cataluña, porque pasa del noveno al tercer puesto que se merece (en términos de población real, la mejora es más modesta, ya que pasa del décimo al noveno). Además, se habla de una “cuota separatista”, aunque es evidente que el modelo propuesto no se desvía del régimen común, aunque está sufriendo importantes cambios debido al aumento de los recursos financieros para corregir la infrafinanciación estructural de algunas áreas y reducir a la mitad la brecha entre los municipios mejor y peor financiados. Por lo demás, la solidaridad sigue preservada y transparente: pasamos de un sistema opaco de subvenciones cruzadas a la creación de un fondo de compensación horizontal con el 75% de la cesta tributaria y a un mecanismo de compensación vertical con una aportación adicional del Estado de 19.000 millones. En definitiva, no hay peor ciego que el que no quiere ver.
