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La reacción del PP de Madrid ante el episodio de acoso denunciado por un concejal de este partido en Móstoles refleja el empobrecimiento moral de una forma de hacer política que durante demasiado tiempo se ha basado en discursos corrosivos, malicia destructiva y engaños viles. La estrategia es bien conocida: convertir a la víctima en sospechosa, casi en verdugo; Difundir noticias falsas e insinuaciones difamatorias sobre ellos y, finalmente, hacer desagradables amenazas para intimidarlos. Al más puro estilo de un tirano. La fingida exageración para denigrarlos tiene un problema: este numero tres La líder del partido, Ana Millán, admitió ante la ex concejala en una reunión que había sufrido un «bullying de libro de texto». Estas cuatro palabras, que Millán no ha desmentido, refutan la teoría conspirativa de que se trata de un caso fabricado y de que el PP madrileño quiere volver a imponer un relato distorsionado a la realidad.
Es cierto que no sorprende la reacción de los líderes autonómicos del PP, aunque tampoco sorprende la rapidez con la que Alberto Núñez Feijóo ha desatado un episodio que guarda numerosas similitudes con el PP. Caso Nevenka. Desde los tiempos de Esperanza Aguirre, el PP de Madrid se ha convertido en un poder independiente dentro de la estructura nacional, con planes e intereses propios, muchas veces ajenos a los del resto de la organización. Su innegable éxito electoral y un gigantesco presupuesto regional que le permite reforzar la voluntad de proteger a su presidente convierten al PP madrileño en una máquina implacable y sin contrapeso interno. Desde su bastión regional, Isabel Díaz Ayuso marca claramente el rumbo de Feijóo en los debates políticos nacionales, al tiempo que marca el terreno de todo lo que sucede en Madrid. Es tu reserva privada. Sólo Pablo Casado se atrevió a plantar cara a la turbiedad de la política madrileña y de su presidente. Y su defenestración como líder del PP fue, en todos sus aspectos, tan devastadora como inexplicable.
En este “acoso vejatorio”, el PP madrileño instó primero al ayuntamiento a no acudir a los tribunales para denunciar al alcalde de Móstoles y tapar así el escándalo. Luego el PP nacional tramitó negligentemente el expediente y lo archivó sin escuchar la versión de la víctima.
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Aunque la gestión interna de la denuncia fue lamentable, la reacción tras la publicación del caso por EL PAÍS es mucho peor. El carácter vil de los ataques de los más cercanos a Ayuso a su excompañero de partido pretende convencer a Feijóo de unir fuerzas, lo que volverá a poner en un aprieto a la líder popular, que desde que asumió el cargo en 2022 no ha podido tomar medidas contra el destructor político en que se ha convertido el PP madrileño.
Feijóo dejó claro que el socialista Francisco Salazar era una «zorra» a la que La Moncloa estaba protegiendo con las informaciones publicadas en los medios. Sin embargo, no se sabrá si el alcalde de Móstoles es también alcalde sin realizar un mínimo nivel de investigación, aunque eso suponga exponerse a la ira de Ayuso. Reabrir la investigación interna para aclarar el asunto sería una respuesta digna que merecen sus electores y miembros. Por lo demás, evitaría que Móstoles, donde varios concejales del PP conocen la verdad, se convierta en su Ponferrada del Caso Nevenka.
