
A las 10 de la mañana, los disparos contra la casa colmaron la paciencia y el miedo de la familia de Zenayda Serrano, acostumbrada a meses de acoso por parte de pistoleros en la puerta de su casa y en la escuela de su hija menor en el El Salvador de Nayib Bukele. Las llamadas a la policía ya no sirvieron de nada, nadie acudió a defender a los dos abogados medioambientales que lucharon contra la minería de oro y metales y lograron que se aprobara una prohibición a nivel nacional. Recogieron sus pertenencias y aterrizaron en el Valle de Arratia, en Vizcaya, con el apoyo de organizaciones de refugiados. Allí viven desde hace nueve meses en una familia de acogida con sus dos hijas y les ayudan con la comida. Con su trámite de asilo aún en curso y ella a punto de solicitar una prórroga, llega la legalización que ahora ofrece el gobierno a medio millón de migrantes, una lotería para muchos extranjeros que presenta un dilema para la familia de Zenayda: continuar con la solicitud de protección internacional o intentar legalizar su vida de otra manera. “Es un gran dilema, sí, estamos muy contentos por todos los que ahora tienen la puerta abierta para recibir sus derechos y un salario justo, pero necesitamos el reconocimiento de que huimos de un país que no respeta los derechos humanos y tenemos documentos sólidos para demostrarlo”, dice Zenayda por teléfono desde el País Vasco.
España recibió el año pasado 144.396 solicitudes de protección internacional, y aunque este y otros años se respondieron más de 160.000 solicitudes, sólo unas 17.900 fueron evaluadas positivamente. Según el Ministerio del Interior, quedan 230.000 por examinar, un importante retraso tras años de picos consecutivos de solicitudes. La cubana Marta María Ramírez, nieta de republicanos españoles que desembarcó en la isla buscando lo mismo que busca ahora: protección internacional, lleva más de tres años esperando el estatus de refugiada. La simple solicitud de asilo permite la residencia regular en el país con ciertos derechos, como un permiso de trabajo, y como el proceso lleva años, algunos inmigrantes utilizan esta vía para formalizar sus papeles. Un “tamiz”, han criticado algunos. Pero miles también llegaron huyendo de guerras y persecuciones, por lo que el sistema experimentó un colapso que dejó a muchas personas vulnerables sin la protección que merecían.
La regularización que ahora se ha anunciado les tiene agrupados a todos si quieren utilizar esta vía, pero Marta María se resiste. «Aún no lo he decidido, pero no quiero renunciar a mi derecho de asilo. Llevo tres años solicitando asilo y no me han dado cita con mi hija de siete años.
«Si renuncio al asilo, el peligro para mí sigue siendo porque me siguen intimidando con amenazas en las redes sociales, el Estado cubano tiene tentáculos por todas partes. ¿Cómo lograremos algún día reconstruir Cuba si no hay memoria ni constancia de que fuimos perseguidos?», lamenta. Cree que el Estado español debe asumir este compromiso: “No quiero vivir al margen de los derechos internacionales y eso es sólo una cuestión de voluntad política”, afirma. Afirma que la legalización la ha puesto en una situación difícil y por las voces que pasan por su cabeza no sabe si importarle la de una extranjera necesitada de estabilidad o la de una activista perseguida que busca el reconocimiento de sus derechos: «No quiero aguarles la fiesta a los que ahora consiguen regular su situación, creo que estas 700.000 firmas». [de la iniciativa legislativa popular que dio origen a esta regularización] Son una gran victoria para la sociedad civil, pero nos obligan a los refugiados una vez más a llegar al límite”, añade.
Y piensa en los que están a punto de entrar en España como ella entró un día, dejando atrás la policía apostada en su puerta, los interrogatorios, las amenazas de llevarse a su hija y tantas cosas más. «¿Cómo defenderemos la democracia en nuestros países si hemos renunciado a nuestros derechos? Estaríamos sentando un pésimo precedente, pero en España, con Cuba, miramos para otro lado», critica.
“La presentación de la solicitud constituye la interrupción y suspensión de todos los plazos pendientes para otras solicitudes de protección internacional.” […]»Se trata de dos procesos incompatibles, como denuncia la abogada especializada en protección internacional Adilia de las Mercedes, que exige que el nuevo decreto de regularización «haga referencia explícita a la compatibilidad con la ley de asilo, ya que esta omisión podría suponer retrocesos para las personas perseguidas en sus países de origen y reduciría la protección efectiva que el Estado español les ofrece». de conformidad con sus obligaciones internacionales”.
De las Mercedes, cofundadora de DEMOS, Estudio Jurídico de Derechos Humanos, cree que «la falta de compromiso del Gobierno de coalición con la protección de los refugiados se refleja en el hecho de que desde 2018 ha sido prácticamente imposible conseguir citas para las solicitudes de asilo, mientras que ahora ofrece tramitar entre 500.000 y casi un millón de solicitudes de extranjeros en sólo tres meses», compara. Sin embargo, la abogada se muestra satisfecha con el “enorme avance” que supone la regularización anunciada para “el reconocimiento de los derechos de los migrantes”, pero en el caso de los refugiados, afirma, “cualquier vía distinta al estatus de asilo significa, entre otras cosas, que no se reconozcan graves violaciones de derechos humanos y que los Estados que persiguen a defensores y activistas queden impunes”. “El permiso de residencia que propone la regularización extraordinaria sólo tiene una validez de un año, frente a la residencia permanente que reciben los refugiados cuando se reconoce su protección internacional”, explica.
España es el tercer país de la Unión Europea con más solicitudes de asilo tras Alemania y Francia, alcanzando un récord de 167.366 solicitudes en 2024, que cayó ligeramente hasta las 144.396 el año pasado. Venezuela y Mali son ahora los países que utilizan con mayor frecuencia este procedimiento, al igual que Colombia, Perú y Senegal. Y nunca faltan personas que huyen de dictaduras como la cubana o la nicaragüense o de las condiciones represivas en El Salvador. Zenayda y Marta María siguen esperando que España aclare un procedimiento que, como explicó la ministra de Migraciones, Elma Saiz, a menudo era necesario para los españoles que tuvieron la mala suerte de vivir una guerra o un exilio forzado.
