
El Estado de bienestar en España ahora está en manos de los padres. Los bajos salarios y los crecientes precios inmobiliarios hacen que los jóvenes de hoy sean extremadamente dependientes de la familia para alcanzar un nivel mínimo de dignidad en la vida cotidiana. Sin embargo, existe interés en silenciar a quienes denuncian esta situación y acusarlos de querer promover una supuesta guerra generacional. La realidad es que estamos siendo testigos de una tragedia silenciosa que nos sobrevendrá políticamente más temprano que tarde, por mucho que intentemos ignorarla.
Los datos llevan tiempo apuntando a esto: las generaciones que crecen viviendo de la buena voluntad de sus padres, y a medida que envejecen, probablemente del Estado, están siendo juzgadas. Tanto en 2024 como en 2025, nuestro país batió récords de donaciones monetarias Baby boomers a sus hijos para darles acceso a una vivienda. En 2023, más de un tercio de los padres dijeron haberles ayudado en el último mes, ya sea con la compra o con el pago de la luz o el agua; e incluso más de la mitad admitieron que no recibieron mucha ayuda de sus padres en ese momento. Según Eurostat, en 2024, alrededor de seis millones de jóvenes de entre 18 y 34 años dependían de sus padres o no podían salir de casa. Nunca ha habido una decisión sin consecuencias en política. Cada joven que depende de su familia no es una anécdota, sino un pilar más en la consolidación de una democracia basada en una creciente desigualdad de clases: habrá padres ricos que podrán ayudar y otros, más modestos, que no. Cada niño que no sale de su habitación representa un deterioro decisivo para nuestro estado de bienestar: las familias no se fundan y se pierden oportunidades económicas.
Sin embargo, no esperen contenedores quemados ni protestas masivas en las calles de España. Todo sistema político se basa en una ficción narrativa que pretende garantizar la paz social –y su continuidad– en el largo plazo. Si nuestros jóvenes de hoy no se enojan, no es sólo porque alguien los esté protegiendo. También porque les vendieron un ideal escapista que sirve para adormecer la conciencia, pero que es tan ofensivo como erróneo. Les dijeron a estos jóvenes que algún día heredarían el legado familiar, así como la incertidumbre de hoy es sólo la penitencia terrenal que les espera antes de ascender al paraíso de mañana a los 50 años.
Sin embargo, esta llamada “gran transferencia” es muy cuestionable, según la cual los millennials y centenarios recibirán alrededor de cuatro billones de euros de riqueza neta. Según el Banco de España, esta cifra representa el 45% de la riqueza total en manos de los hogares Baby boomers. Dado el ritmo al que se está desarrollando nuestro país, el aumento de la esperanza de vida y la creciente presión sobre servicios esenciales como la salud pública, es muy probable que muchos de estos padres necesiten legítimamente gastar sus activos en el cuidado de personas mayores. No en vano se ha generalizado la venta de nudas propiedades, en la que una persona mayor conserva el usufructo de su apartamento de por vida y así recibe dinero para mejorar su pensión.
Incluso si esta “gran transferencia” se produjera en el verdadero sentido de la palabra, vale la pena señalar que laboomersComo institución que corrige la precariedad, no durará para siempre. Nadie quiere preguntarse cómo será el mañana, pero probablemente sea mucho más sombrío de lo que pensamos cuando observamos el ritmo económico de las últimas dos décadas. Entre 2002 y 2022, solo los mayores de 65 años pudieron aumentar sus ingresos o mantener niveles de ingresos comparables a los de antes de la crisis de austeridad de 2010. Por otro lado, los grupos más jóvenes (menores de 35 años y entre 35 y 44 años) continuaron cayendo en la misma clasificación, perdiendo el 75% de su riqueza frente a los mayores de 30 años, según el estudio. un estudio de Ignacio Conde-Ruiz y Francisco García-Rodríguez. De este debate se pueden extraer conclusiones sobre la política española actual. Un sistema de bienestar basado únicamente en la idea de solidaridad intergeneracional, entendida desde los hijos hasta los padres, tenía sentido cuando la pobreza era propia de los abuelos, como era el caso de los padres de los padres.Baby boomers. Hoy, sin embargo, es difícil entender por qué las prioridades de los jóvenes no ocupan un lugar central en la agenda legislativa cuando la pobreza tiende a centrarse en ellos. Sólo el interés electoral por la mayoría de votos de los mayores de 65 años parece explicar lo que está sucediendo. Para jóvenes, cultura y bonos Interrail; para sus padres, un coste para sus pensiones que podría pasar del 13% actual al 16% o 17% del PIB en 2050. Mientras tanto, España sigue siendo uno de los peores países de Europa en materia de vivienda tutelada.
En resumen: la privatización del Estado de bienestar en la familia y la celebración de que las pensiones se han convertido en una parte estructural del colchón familiar no es ni el truco que los políticos quieren vendernos, ni el gesto de amor paternal y filial con el que se supone que deben endulzar el evento. Si el Estado de bienestar ya son los abuelos o los padres, significa que el sistema ya no crea oportunidades. Eso significa que ha estallado o está a punto de estallar.
