
DAVID MUDARRA-PP (DAVID MUDARRA-PP)
El PP ha elaborado un documento marco para la negociación de pactos «únicos, vinculantes y para toda España» para abordar las conversaciones con Vox en las Comunidades Autónomas. El texto de diez puntos al que tuvo acceso EL PAÍS afirma que los representantes del pueblo exigirán a los diputados de Santiago Abascal que se comprometan a aprobar cuatro presupuestos de sus gobiernos autonómicos, es decir, los de toda la legislatura. «Los acuerdos deben garantizar la estabilidad institucional, porque ningún gobierno puede ser útil a unos ciudadanos en un estado de incertidumbre permanente. La buena voluntad debe expresarse tanto en el compromiso de aprobar cuatro presupuestos como en el establecimiento de un método de seguimiento que asegure el cumplimiento del pacto», dice el texto del PP.
El documento elaborado por Génova pretende marcar pautas para la negociación con Vox. El PP y la ultraderecha han acordado reiniciar estas conversaciones tras una llamada telefónica de una hora entre Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal este domingo. En esta conversación «larga, fructífera, reveladora» con el jefe de Vox, según desveló el jefe del PP en Onda Cero, «parece que se podría abrir un escenario en el que el pacto podría ser posible». Abascal también trasladó a Feijóo la «nueva postura» de Vox, según el líder del PP, que era que Vox había «retirado oficialmente el compromiso de incorporarse al Gobierno de Extremadura».
La dirección nacional del PP ha anunciado este lunes que realiza un traspaso de mando y participará directamente en las conversaciones con los de Santiago Abascal sobre las tomas de posesión de María Guardiola (Extremadura) y Jorge Azcón (Aragón), así como las que podrían tener lugar posteriormente en Castilla y León y Andalucía. El liderazgo ha definido un conjunto de principios para estos acuerdos. Se trata de un marco «vinculante», subraya el PP, que es aplicable en toda España y, por tanto, se aplicará por igual en todas las comunidades autónomas.
El preámbulo del texto subraya que los acuerdos deben respetar «la separación de poderes», después de que algunos gobiernos, como el de Aragón, se quejaran de que Vox les exigía acordar medidas que no eran competencia autonómica, como la limpieza de cauces de ríos. Cualquier pacto, añade el PP, debe basarse en el «principio de coherencia programática», de modo que los partidos populares puedan «ampliar» las ofertas con las que se presentaron en las elecciones, pero no «contradecirlas». «El Partido Popular tiene identidad política propia», subraya Génova, y por tanto «un acuerdo no significa que al final sea el mismo o pretenda ser el mismo». El PP destaca que el reparto de poderes tanto en el ámbito legislativo como en el ejecutivo debe «respetar la proporcionalidad que los ciudadanos establecen en las elecciones» y ambos partidos deben respetar que «los gobiernos respondan conjunta y colegiadamente a las decisiones y a su aplicación presupuestaria».
Según Vox, el texto define una serie de áreas prioritarias y contiene varias alusiones a las de Abascal. Ninguno de los puntos contradice a priori los postulados de la extrema derecha, aunque el problema está en los detalles. Estas áreas preferidas para el acuerdo son la reducción de impuestos y la burocracia, la defensa de agricultores y ganaderos, la oposición a la política climática, la vivienda y las ocupaciones ilegales, la política de inmigración, las tasas de natalidad, la educación, la oposición a la violencia, la juventud, la educación y la salud.
El PP hace gestos a Vox para facilitar acuerdos para reiniciar las negociaciones estancadas en Extremadura. El reloj corre a toda velocidad para la toma de posesión de María Guardiola, cuya primera sesión tendrá lugar el próximo 3 de marzo.
Los partidos populares anuncian así su “rechazo a una política climática que destruye empleo, encarece la energía y expulsa a la industria”, después de que Vox pidiera al PP que abandonara el Pacto Verde Europeo, reclamación plenamente aceptada por el PP. presidente de la Generalitat Valenciana, Juanfran Pérez Llorca.
El documento del PP también tiene similitudes con Vox en lo que a política migratoria se refiere. «La inmigración irregular ha alcanzado niveles intolerables y el gobierno está respondiendo con regularizaciones masivas que convierten la irregularidad en un derecho», afirma el PP, que aboga por que el gobierno «controle las fronteras, realice deportaciones y cuente con las comunidades autónomas antes de tomar decisiones cuyas consecuencias no asume».
El texto no aborda precisamente el principal punto de conflicto con Vox en este ámbito, a saber, la acogida de menores extranjeros no acompañados, que precisamente supuso la ruptura entre los gobiernos regionales y el PP. Algunos barones del PP, como el presidente de Aragón, Jorge Azcón, se comprometieron en la campaña a respetar la ley y, por tanto, dar la bienvenida a los inmigrantes menores de edad. Sin embargo, se trata de un elemento de desacuerdo con Vox, que en la fallida negociación presupuestaria exigió al Gobierno de Azcón que se negara a recibirlos. El documento marco del PP pide al Ejecutivo central que cuente con las Comunidades Autónomas y deja en el limbo la política de acogida de menores.
El apartado que más tensión podría provocar con Vox es el que proclama «la condena de toda forma de violencia» y estipula que «cualquier acuerdo rechaza expresamente la violencia política, terrorista, machista, doméstica o de cualquier tipo». El PP se refiere explícitamente a la violencia «machista», mientras que los de Abascal niegan la existencia de violencia de género y, de hecho, intentaron obligar al PP, en la primera generación de acuerdos, a hacer referencia a la violencia «doméstica» o «intrafamiliar» en los textos para invisibilizar la violencia contra las mujeres. El acuerdo entre PP y Vox en la Comunidad Valenciana en la toma de posesión de Carlos Mazón fue uno de esos ejemplos en los que Vox introdujo el término “violencia doméstica”.
En este apartado, el PP subraya que combatirá esta violencia con todos los recursos e intensidad posibles, pero añade una salvedad que podría servir de pista de aterrizaje a otra de las exigencias de Vox. El PP se muestra abierto a «abandonar todos los elementos que hayan resultado inútiles o contradictorios con este objetivo». Los ultras han exigido a los gobiernos regionales del PP que recorten las subvenciones que reciben «las asociaciones ideológicas de violencia machista».
En cuanto a la política hacia las mujeres, el documento del PP vuelve a hacer referencia a Vox y proclama que el partido «rechaza aquellas tradiciones o creencias que justifican prácticas que oprimen a las mujeres». Por ello, se dice, el PP seguirá promoviendo “la prohibición del burka y el niqab como una negación simbólica y práctica de su libertad”. Los populares acaban de pactar con Vox en el Congreso y aprobaron una iniciativa de los ultras para prohibir estas prendas islámicas.
En materia de construcción de viviendas, el PP, al igual que Vox, concede gran importancia a la lucha contra las okupaciones ilegales. “Desalojo rápido, no empadronamiento en las viviendas ocupadas y plena seguridad jurídica para propietarios e inquilinos”, subrayan los populares. El PP también aboga por “no intervenir en el mercado inmobiliario” y optar por un “shock de oferta”, con más suelo, menos burocracia urbana, plazos más cortos y la movilización del suelo público disponible, además de ventajas fiscales para facilitar la compra a los jóvenes.
El Partido Popular también anuncia en el documento marco que sus acuerdos con Vox deben respetar la dignidad de todos los ciudadanos y promover la solidaridad activa con los más vulnerables. Y añade, con una tonada que también sonará bien a los de Abascal: «Se trata de distinguir entre gente necesitada y gente que se aprovecha. No mantendremos un sistema de subvenciones en el que la gente apoye a quien ha demostrado que no quiere».
