
Un día de finales de los 80, cuando Andalucía estaba dominada por el PSOE, se produjo una tensa conversación en la delegación del Servicio Andaluz de Salud (SAS). Juan Moreno Conejo, hijo de un jornalero que emigró a Barcelona con 18 años, regresó a su tierra natal, donde al llegar abrió una tienda de alimentación junto a su mujer. Ahora suministraba soda cáustica a la junta, pero la administración no le pagaba desde hacía más de un año. Y ganaron las cartas de la casa. Su hijo adolescente, Juan Manuel Moreno Bonilla, recuerda que un día se levantó a las 4 de la mañana para ir al baño y mientras caminaba por la cocina vio a su padre con las manos agarrando su cabeza sobre unos papeles: la familia estaba al borde de la ruina.
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