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    Portada » El debate | ¿Es viable una candidatura conjunta de la izquierda en toda España? | Opinión
    Comunidad Valenciana

    El debate | ¿Es viable una candidatura conjunta de la izquierda en toda España? | Opinión

    Heberto Corrales DomínquezBy Heberto Corrales Domínquezfebrero 18, 2026No hay comentarios8 Mins Read
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    Con las elecciones parlamentarias aún sin fecha y Vox en ascenso, tanto las formaciones de izquierda del Partido Socialista como el Nacionalismo Progresista están considerando cómo afrontar una dispersión de sus votos que puede beneficiar a la derecha.

    profesores universitarios María Eugenia Rodríguez Palop, quienes estuvieron involucrados en la fundación de Sumar, y José Manuel Rua, Los implicados en la creación de Catalunya en Comú (ahora Comuns) comentan las posibilidades con las que parten estas iniciativas.


    Una izquierda con lecciones aprendidas

    María Eugenia Rodríguez Palop.

    A veces basta con dar la señal de partida, pero no es fácil encontrar la fórmula. En política hay que activar emociones e identificaciones que no se pueden programar y muchas veces no se pueden explicar. Requieren más arte e imaginación que filosofía y se vuelven muy singulares.

    Gabriel Rufián captó la sensación de angustia generalizada y dio la alarma en el momento adecuado. Por supuesto que no fue el único ni el primero en hacerlo, pero lo hizo con audacia, coraje y Personalidad. Nos guste más o menos, hay claves de su liderazgo que se adaptan bien a los tiempos que corren. Actuar solo, al margen o a contrapelo de los partidos políticos no es creíble, viable ni sostenible, pero precisamente por eso llama la atención y genera cierta admiración. Hoy, los guerreros solitarios con actitud virtuosa, reivindicaciones heroicas, agresividad más o menos reservada, gramática masculina, narcisismo descarado y músculos en las redes se encuentran en una posición incómoda. Rufián también afirma que lucha social, arraigo, orígenes e identidad territorial son una combinación ganadora. Sin embargo, se sabe que no liderará nada. Su propuesta política está destinada a explotar como una supernova, aunque su desempeño ya ha tenido un impacto. Por conveniencia o convicción, está claro que existe una necesidad urgente de afinar la combinación de partidos y organizaciones de izquierda, unir este espacio, redefinir la estrategia, cambiar de marca y renovar el liderazgo.

    El sistema electoral español es en la práctica mayoritario y la división sale cara. El Senado y las provincias, que distribuyen menos de cuatro escaños, son generalmente de derecha. Por eso, hay quienes proponen “candidaturas instrumentales” en circunscripciones pequeñas donde actualmente no hay representación; una papeleta con un nombre formalmente independiente que todos puedan apoyar. Estas propuestas demuestran que la arquitectura electoral requiere imaginación y que, visto lo visto, hay que recurrir a las nuevas tecnologías.

    Sumar tiene que garantizar una base sólida. Normas claras y vinculantes. Hacer compatible la diversidad con la lealtad. Impedir la fuga oportunista de quienes cambian de paraguas según cálculos matemáticos. Distinguir la conversación del ruido mediático y del minuto en redes. Renovar votos y juramentos. No me parece menor. Es importante comprometerse seriamente con un proyecto y una estrategia, especialmente cuando las cosas van mal. De hecho, aunque sigue siendo inadecuado, es un requisito contrafáctico esencial si queremos competir.

    La política es el resultado del discurso, las decisiones y las acciones, por lo que todos esperan consecuencias constantes y rotundas de este nuevo compromiso. Ya sea dentro o fuera, la relación con los partidos onanistas que anteponen la propia marca debe cambiar, ya sea en la idea de repartir territorios y aumentar fronteras, ya sea en la idea de hacer cumplir supuestas rachas, éxitos (mal digeridos) o muescas en el cuchillo. Los vetos deben ser rechazados y vetistas. Tanto las heridas fundamentales como las heridas en el camino deben ser autotratadas, sin convertir el resentimiento y el espíritu de venganza en una táctica de guerra interna. No puede haber lugar para “cuanto peor, mejor”. La coincidencia debe ser no sólo programática, sino también táctica y estratégica. Se trata de gobernar, no de acobardarse en el rincón de la resta y la división. Liderazgo articulado naturalmente, compatible con el carácter orgánico, capaz de recibir apoyo popular y ser bien recibido en la opinión pública; De fácil comprensión en toda España, con una estructura territorial y ligada a luchas tan variadas como concretas. Personas amables y tranquilas, resilientes, capaces de utilizar el puño de hierro y el guante de seda.

    Ciertamente, Sumar ahora está tratando de definir hacia dónde quiere ir, no hacia dónde quiere ir. Y eso, con o sin cruzar el desierto, es un esfuerzo de autocrítica y regeneración que al final dará sus frutos. La confianza en el aprendizaje y en el futuro es la única manera de detener las distopías delirantes y las profecías autocumplidas. No hay nada escrito. La historia no es lineal, pero avanza por una razón.

    María Eugenia Rodríguez Palop. Es Catedrática de Filosofía del Derecho en la Universidad Carlos III de Madrid.


    El que puede obligarlo a hacerlo…pero bueno

    José Manuel Rúa

    Con esta frase de noviembre de 2023, “Quién le puede obligar”, el expresidente del Gobierno José María Aznar llamó a movilizar a toda la derecha política, mediática, económica y jurídica para su objetivo de acabar con el actual Gobierno de coalición de izquierdas. Todos lo entendieron y se ha hecho mucho desde entonces. Hace unos días, el coordinador general de IU, Antonio Maíllo, recuperó la frase con un nuevo significado: “Que se haga a favor de un proyecto de unidad de la izquierda”.

    Y aquí nos encontramos con que uno de los políticos de izquierda mejor valorados, Gabriel Rufián, está haciendo mucho para formular una propuesta unificada de la izquierda y evitar que los ministros de Vox estén representados en el próximo gobierno español. Nadie negará la gravedad del peligro que supone para la democracia española el regreso de la extrema derecha al gobierno más de 50 años después de la muerte de Franco. En este contexto histórico, las democracias occidentales están amenazadas tal como lo estuvieron en la década de 1930, de una manera diferente a la amenaza del fascismo nazi, pero igualmente real para el sistema de libertades que todos conocemos. Tampoco nadie aquí cuestionará la sinceridad de los motivos que motivaron a Rufián a participar en este proyecto. Pero una cosa es “ir bien” y otra, completamente distinta, “ir bien”.

    En primer lugar, hay que decir que resulta difícil analizar críticamente una propuesta tan ambigua que se mueve con espíritu movilizador entre la coalición electoral y el debate. También es difícil echar un jarro de agua fría a un debate que ha generado entusiasmo en un espacio político que necesita desesperadamente propuestas interesantes. Pero las ideas no viven sin organización, como decía Antonio Gramsci, y cuando se trata de organizar esa idea, las contradicciones se vuelven evidentes.

    A estas alturas, está claro para todos que no hay tiempo para construir un proyecto a largo plazo. Aunque el tiempo tampoco garantiza nada: el “proceso de escucha” de Sumar duró una eternidad y al final no sirvió para escuchar todas las voces ni para construir nada sólido. En cualquier caso, lo que tenemos que hacer ahora es presentar los candidatos más competitivos posibles en los 52 distritos electorales. El objetivo es no perder ni una sola voz democrática y progresista. Y aquí se complica el acuerdo con la propuesta de Rufián.

    Por un lado, los partidos nacionalistas de izquierda (ERC, Bildu y BNG) ya se han distanciado de cualquier proyecto de Estado. Y por otro lado, es evidente que ningún proyecto dirigido a toda España puede tener como principal referente a un político independentista catalán. Rufián tiene derecho a sumarse a un proyecto para evitar que la extrema derecha gobierne este país, y eso no significa que tenga que dejar de ser independiente. Pero el electorado también tiene derecho a no dejarse engañar.

    Lo más sensato (aunque tampoco será fácil) sería volver a reunir todas las siglas que antaño formaron la circunscripción Podemos-Sumar, entre ellas Comuns, Compromís y la Chunta. Sería una coalición instrumental liderada en cada ámbito por la izquierda verdaderamente existente, sin olvidar que IU sigue existiendo. Si la iniciativa de Gabriel Rufián sirve para lanzar un manifiesto o un programa mínimo que oriente la actuación de la izquierda en este sentido, es bienvenida. Pero es igualmente importante aceptar, en este contexto histórico, un debate excepcional pero necesario: la posibilidad de no presentar candidaturas en circunscripciones de menos de cinco diputados y de acordar con el PSOE la inclusión en sus listas de algunos candidatos pactados con las fuerzas políticas de su izquierda. Todo esto para volver a una idea básica: la unidad debe estar al servicio de la eficiencia. No se puede perder ni un solo voto progresista en ninguna de las 52 circunscripciones. En otras palabras, la mentalidad puede ser popular, pero la aplicación debe ser quirúrgica. Y en este sentido: Todo lo bueno que Gabriel Rufián pueda hacer, que lo haga.

    José Manuel Rúa Es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Barcelona.

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    Heberto Corrales Domínquez

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